14.7.06

20 TEXTOS MALDITOS O 20 MALDITOS TEXTOS

ADVERTENCIA


¿De qué otra cosa puede hablar un hombre envanecido a fuerza de padecer sucesivamente la derrota si no es de sí mismo? Un hombre por naturaleza puede narrar esto y aquello sin que le haya ocurrido ni remotamente nada parecido; acaso el genio literario no sea otra cosa que una sublimación de una de las tantas aristas de la mentira; acaso yo nunca llegue a ser un literato genial por un exceso de sinceridad. La pluma que se atiene a lo real, carece de vuelo, está condenada a la crónica de un aburrido y chato devenir muy propio de la era sin utopías ni proezas que nos toca vivir. En lo que a mí concierne no he leído aun, y cada vez me convenzo más de que jamás lo haré, una crónica cuya pluma haya sido tocada por las musas. Somos el último hombre del que ya Nietzsche hablaba. Soy el último hombre y tengo ante mí lo que otrora en manos más idóneas que las mías fue la más peligrosa máquina de guerra; una máquina de escribir, papel en blanco y dedos inquietos que desahogan su furia con el repiqueteo de las teclas. Lo que sigue no es ni más ni menos que el relato de un derrotado. En vano buscarán aquí entretenimiento, originalidad, frases geniales o conocimientos con los cuales ampliar sus horizontes intelectuales. Lo más que puede aportarles mi libro es un objeto con el cual llenar el vacío de sus sobacos ilustrados.





























UNAS PALABRAS SOBRE EL AUTOR

No es mucho lo que se puede decir acerca de alguien como yo: nací en Bs. As., en una familia humilde, bla bla bla. Estudié algo de filosofía por mi cuenta y luego ingresé a la universidad. El fracaso fue total. Abandoné y me dediqué a estafas menores y a estupros encubiertos. Me casé con mi mecenas y le prometí un libro por año y al menos un hijo. No cumplí con lo de los libros pero ella se encargó de cobrarse lo del hijo. A la edad de 21 años me calenté con una pendeja de 10. La susodicha era la hija de la pareja de mi mamá. Escribí muchas páginas acerca de aquella relación prohibida, pero el temor al escándalo me impidió convertirlas en una historia publicable. No soy un moralista, pero tampoco un estúpido que se arroja motu propio a la boca del lobo. Las páginas sueltas que se ofrecen a continuación son apenas algunos fragmentos de aquellos centenares de páginas que he decidido salvar del olvido.




































NOTAS AUTOBIOGRÁGICAS

Escribir notas autobiográficas para una publicación casi inmediata es una tarea enojosa, sino imposible, para quién todavía guarda algún escrúpulo como yo. Se pueden cambiar algunos nombres (o todos), y las circunstancias (algunas) pero quien las lee, si es amigo o conocido tuyo no es boludo, y al punto se reconoce como personaje involuntario de una trama que acaso él, o ella, no consentiría en integrar.
“Las cosas no fueron así”, te dicen con indisimulada molestia; “tu interpretación de los hechos no es correcta” bla, bla, bla. Alguno se molesta porque lo describiste un poco más gordo de lo que era, o más pelotudo de lo que se piensa. No se puede ser sincero ni tampoco no serlo, porque ¿ quién te creería , aunque fuera cierto, que lo que escribiste sobre él en realidad no lo pensás, en realidad es una ficción y nada más? ¿Por qué me elegiste a mí para poner una mentira en mi vida? Sería la pregunta obvia. Y la respuesta, que no sería otra que la reafirmación de la misma ya mencionada, aunque sincera no sería creíble. No hay peor enemigo del escritor que la autocensura, y esto es solo producto de algún resto rancio de escrúpulos.
En fin, escribiré las malditas notas biográficas. Y dejaré para más adelante aquellas que pudieren ofender a quienes no deseo ofender. La mía será una suerte de autobiografía no autorizada. Y en ello será recurrente la ficcionalización de los hechos narrados – y tómese esto como una advertencia al lector – no porque cuente mentiras, sino más bien porque cuento, como no puede ser de otra manera, desde mi perspectiva y toda perspectiva lleva ínsita recortes, opiniones, e intereses personales.
Por lo pronto diré en mi descargo que trabajar en estas notas, que hace ya demasiado tiempo intento empezar, no responde ni al placer en el arduo oficio de la escritura, placer del que carezco por completo ya que me reconozco y me declaro lector, ni a un reclamo editorial. Considero, y este es el motivo de estas imprudentes e insolentes notas, que todo hombre debe dejar testimonio de lo que hace y piensa aunque éste no le interese a nadie.
Tal vez el lector de estas notas, si es que estas notas tiene alguno, advierta a poco de andar que los comentarios sobre lecturas y cosas dichas en la radio o la TV superan a los hechos. Esto no debería ser causa de asombro si se tiene en cuenta que quién suscribe es una persona de recursos limitados a quién el único placer o vicio que no han podido arrebatarle los sucesivos gobiernos corruptos votados por una plebe estúpida, desquiciada y otaria, es el de la lectura. En el decurso de la fiesta menemista y en lo que duró la del Imbecil acumulé algunos cientos de libros cuidadosamente seleccionados. Hoy, con la devaluación de por medio, los libros que quisiera leer salen más caros que una puta; si a eso se le agrega que la vida toda se ha encarecido, que vivo junto a mi mujer de su salario de docente, y que a ese salario devaluado encima lo eximieron de algún plus, no hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que no tengo ni para libros ni para putas. En lo que al sexo respecta diré que a mi mujer le dejaron de dar en el ginecólogo los anticonceptivos, comprarlos salen muy caro y los forros aumentaron demasiado. Coger es un presupuesto. La cajita de Tulipán se fue a $2 el de 3 unidades; con 2 cajitas (6 unidades) se coje 6 de los 7 días de la semana y el séptimo día Dios se masturbó. Seis polvos semanales suman $4, en la quincena se va a $8 y en el mes a $16. $18 fue lo que tuve que recortar de los gastos fijos del mes porque no había forma de cubrirlos. Terminamos por prescindir de un servicio de emergencia médica, que la verdad que nunca estuve muy seguro de por qué lo pagaba. Lo cierto es que desasociarme me valió la pérdida de mi odontóloga, una hembrita bárbara, capaz de hacerse masturbar al cadáver mismo de Perón, y el libro que le presté (Boquitas pintadas). En fin, por más que queramos cojer no se puede; es una de las tantas cosas que debimos dejar de hacer con la devaluación y los recortes salariales. No obstante con mi mujer vemos las peliculitas eróticas de the films zone y nos tocamos un poco. Por el momento tenemos cable. Ella se resiste a cortarlo, pese a que ha aumentado casi el doble y dan todo repetido. Es que ver mujeres gozando alivia su fiebre vaginal. Ellas no tienen problemas con el presupuesto, y si lo tienen, al menos no pueden dejar de cojer, sino que cojen más para aumentar sus ingresos
Ahora mismo mi mujer esta viendo una de esas “películas para adultos”; mientras yo escribo estas notas. Ya se había puesto a tono con “Plata quemada”, una película de mierda en la que dos putos se la pasan tocándose y haciéndose los mimosos. En una escena uno de los putos se coje a una puta. Están los dos completamente desnudos y bombean y gritan y gozan. Sí, gozan. A mi no me cagan, esos dos estaban cojiendo de en serio. No son tan buenos actuando como para hacerme creer que lo hacen mientras no lo hacen. Lo hacen y sanseacabó. ¿Cómo sino no se le empalma al tipo? Mi mujer dice que bombea en el vacío. Sí, en el vacío de un agujero. La picha, blanda o dura en algún lado apoya mientras el condenado embiste, y si apoya se yergue y si se yergue en algún sitio busca refugio. Mi mujer, escéptica a todo cuanto salga de mi boca, se obstina en negarlo. Yo le propongo una prueba empírica irrefutable: repetir la escena nosotros. Me mira con una mueca de incredulidad dibujada en su cara. Le digo que cuando termine la película hacemos la prueba; asiente no muy segura de lo que hace. La película terminó a las 24 hs y ya son las 2:45 hs y aún no viene a la cama conmigo. Creo que se tomó muy en serio esto del recorte presupuestario; ¿o será que estoy perdiendo atractivo? ¿o alguien la esta llenando y yo acá jugándola de otario? Como sea la tele gime y gime y la bombacha de mi mujer aprovecha la humedad que yo no puedo aprovechar.
Bajo a orinar y veo a mi mujer que sigue tejiendo y mirando como copulan una minita rubia de senos amplios, siliconados, hermosos con un sujeto de musculatura trabajada.
-¿Subís? -digo.
- Ya voy -musita.
- Mi garcha y yo esperamos ansiosos hacernos una orgía con tu chocho, tus tetas y tu...
-No seas ordinario – protesta
Subo a la habitación. Los escalones de madera rezongan cuando los piso. Siento que la tele se apaga. Mi mujer sube las escaleras rápidamente y me alcanza. Me pellizca las cachas y ríe. Llegamos a la cama y me da un beso furioso que me lastima el labio inferior. Ponemos en práctica la escena del garche simulado. Yo tenía razón: imposible hacerlo sin que el pájaro toque la cotorra. Ufano juego a que soy actor y tengo que hacer una escena de sexo con la Prandi. Bombeo tratando de no embocarla. Los actores hacen que garchan pero no garchan. Me excito. La Prandi (mi mujer) también. No tengo el forro puesto y no puedo meter el pájaro en la jaula sin abrigo. Las semillas salen despedidas y se estrellan en el colchón, en las nalgas de mi mujer, en sus piernas, en mis huevos. La excitación se apaga y comienzan las recriminaciones. Me doy la vuelta y duermo. Mi mujer se queda limpiando la chanchada. Balbucea algún improperio que no alcanzo a entender. Son las 3:15 hs. El lavarropa sigue lavando, y el coño de mi mujer mojando.




































LUNES

Un amigo al que hice leer mis notas autobiográficas, previamente haberlo convencido de que eran 100% ficción, me dijo que ya alguien había escrito sobre la relación erótica de un hombre maduro y una púber. Me dijo el nombre de la novela y que el sujeto era ruso pero no recordaba exactamente el apellido. Algo de Nabo, dijo. Fui a lo de un amigo librero esa misma tarde para consultarle. “Lolita”, de Nabokov, dijo al toque. No tenía un cobre pero me lo fió. Lo leí en un par de días, y quedé muy satisfecho. Lo que le había ocurrido con Dolly a Humbert era bastante similar a lo que a mí me estaba ocurriendo con Natacha, pero no lo mismo. Las nínfulas existen, doy fe de ello y cualquiera que haya pasado por mi situación lo sabe; todos podemos verlas solo que no existen objetivamente como lo pensaba el ruso, más bien me inclino a pensar que son solo el resultado de la imaginación excitada de un adulto seducido por una pendeja.
Las confesiones de Nabokov son fieles a la realidad, si es que esto es meritorio en la literatura, pero Humbert parecía más interesado en describir su belleza que la de Lo, y eso es bien marica. Por otro lado dice que el sexo no le interesa en absoluto, “cualquiera puede imaginar esos elementos de animalidad (sic). Una tarea más importante me reclama: fijar de una vez por todas la peligrosa magia de las nínfulas”. No estoy de acuerdo con este pasaje por lo siguiente: considero que el sexo, y más específicamente el masculino, es la condición sine qua non de la peligrosa magia de las nínfulas. Eso que él desdeñosamente llama elementos de animalidad que cualquiera puede imaginar, son los que hacen posible no solo el poder de las nínfulas, sino a las nínfulas mismas. Estas no existirían de estar el hombre dotado de una fisiología genital distinta. No somos esclavos de ningún tipo de magia, sino más bien de un cuerpo menesteroso de placeres sexuales que se desequilibra con facilidad e inexorablemente ante un joven y gracioso cuerpo femenino.
Natacha era mi nínfula, y no tenía por qué serlo de otro. Podía, claro, calentar a cualquiera, pero el influjo que su flujo ejercía sobre mí era único, y no se trataba de ninguna suerte de magia inherente a ella. Yo por mi parte no era más que su juguete. Aunque me esforzara por impresionarla, simplemente la literatura me había ido quitando aquello que es menester para entretener a una mujer: ignorancia y estupidez. Cuando más leía más aburría al bello sexo. Natacha solo estaba parcialmente cautivada por mi persona en cuanto hermano mayor o figura con autoridad. Su ilusión doncellezca me daba una oportunidad, solo una. Debía dar el zarpazo con precisión felina y lo antes posible, era conciente de eso o su cuerpecito de ninfa se me escurriría cual los fluidos lo hacen de las manos. Mi vida iba en ello; si fallaba, ni toda las conchas del mundo bastarían para acoger el abundante esperma que venía acumulando tras meses de cortejo y trabajo fino.

POR QUÉ ELEGIR NO TENER DEMASIADOS AMIGOS


Hubo tiempos en los que tuve muchos amigos y tiempos en los que tuve muy pocos. No me hizo falta un gran poder de abstracción para darme cuenta de que la cantidad crecía o disminuía según mi éxito (económico, sexual o social). Y así como el que más ventaja lleva más aventaja, el que más éxito tiene más exitoso es y viceversa.
La amistad es para muchos un sucedáneo de la propia responsabilidad y esfuerzo. Cual rémoras se adosan al que puede conducirlos hacia lo que ellos quieren de la vida si es que quieren algo. Y como es natural en torno a estos seres se han erigido vivillos que sacan provecho de este estado de cosas (esta es otra variante de la amistad) y se dedican a generar ilusiones ad hoc para poder explotarlos. Se establecen de este modo contratos tácitos que se rompen y recomponen un sinnúmero de veces conforme avanza el tiempo sin que el vínculo sufra daño alguno, ya que ambos se necesitan. De mi rechazo a entrambas formas de vivir la amistad nace mi voluntario ostracismo. Jamás he necesitado subirme a caballos ajenos para hacerme un lugar en el mundo, y jamás me ha interesado subir a nadie al mío al precio de su explotación. Un fuerte sentimiento de autosuficiencia me ha hecho prescindir del lameculismo y la explotación. Y si bien en principio no me molestaba que se subieran sin permiso a mis ocasionales y efímeros caballos, con el tiempo me sentí fatigado por el exceso de carga y empecé a sacudirme a cuanto pelafustán quería colarse. Y como no todo lo puedo ilustrar en abstracto me sirvo de la historia del Teta para mostrar cómo una persona puede ser el trampolín involuntario de otras y no ganar nada a cambio.


El Teta era un golfo bien aburrido. No tenía proyectos, o los tenía y eran irrealizables por lo estúpidos o vagos. Con el Teta siempre había que estar buscando de qué hablar, porque lo que era él jamás sacaba un tema de conversación. Tan poco tenía para decir de la vida, tan poco había experimentado lo mejor que ésta tiene que mal podía irle buscando de qué hablar. Y lo peor era que carecía de imaginación para mentir. Si te decía que se había fumado un cigarrillo después de un polvo con su novia al punto notabas lo artificial e inverosímil de la historia, ya que el Teta no solo no fumaba, sino que jamás había cojido en su vida otra cosa que no fueran putas. Por eso sus fábulas de cojedor desenfrenado eran apenas refritos de historias más o menos creíbles de otros amigos suyos. El desgaste estando con el Teta era sumo. Uno tenía que hablar por los dos o resignarse a un prolongado silencio improductivo, porque él estaba tan al pedo que para que se fuera había que echarlo y en su presencia no podías hacer nada sin correr el riesgo de ser perjudicado por sus intromisiones.
No es que se deban hacer cosas para tener de qué hablar. Conocí mucha gente que haciendo muy poco en su vida tenía mucho para decir. Sus experiencias no pasaban por lo fáctico sino por lo intelectual. Esta clase de gente podía en unas pocas horas experimentar tantas y tan variadas cosas como un Coucteau o un capitán Cook tan solo con su cabeza. Recuerdo a este respecto a Gustavo, un amigo que murió trágicamente: lo veías a la mañana y te contaba lo que se le había ocurrido la noche anterior, lo veías a la tarde y te contaba lo que había estado pensando en la mañana. No salía de su casa más que para hacer las compras y sin embargo siempre le estaban pasando cosas originales. En cambio el Teta ni siquiera era aficionado a pensar; yo a veces lo azuzaba tirándole alguna punta, y lo comprometía a que lo pensara para el día siguiente. Pero al otro día venía y decía que no se le había ocurrido nada. Si alguien coincidía con él en el gusto por algún tema musical o de algún artículo de revista y le preguntaba por tal o cual punto de ese tema o de ese artículo él ufanamente contestaba que no se había puesto a pensar en ello y luego reía. Cuando lo conocí yo lo creía un genio incomprendido. Pensaba que no quería decir nada no porque no tuviera nada que decir sino por egoísmo, porque no quería compartir su genialidad con los demás. Y como yo por aquellos tiempos andaba ávido de ideas geniales me acerqué a él para que me obsequie alguna genialidad. Pero con el tiempo me di cuenta de que si no decía nada no era por egoísmo sino porque sencillamente no tenía nada que decir. De todos modos seguimos viéndonos en algunos bares a los que habitualmente frecuentábamos.
María, una amiga que le había presentado al Teta con el fin de que llegaran a algo, un día me dijo que al Teta las mujeres no le daban pelota no tanto por su fealdad, que admitía era suma, como por el hecho de que no le pasaba nada en la vida. Y eso qué significa, le había preguntado. Exactamente eso, me respondió, que no le pasa nada. Está acá al pedo; podría no estar y a nadie le interesaría en lo más mínimo. A mí sí me interesaría, le contesté. Porque sos su amigo, se apresuró a decir. ¿Pero vos te pensas que una mina se va a interesar por un tipo que tiene menos onda que una babosa? Las mujeres queremos emociones fuertes y el Teta será un buen tipo, pero es menos emocionante que chupar un clavo, y no me refiero a lo físico únicamente. Además hay algo siniestro en él que no se tolera.
No le di demasiado crédito a esta impresión que me parecía producto más de la repulsión visual que el Teta causaba (aún en los que estábamos acostumbrados a lo horrible) que del sondeo espiritual del que se jactan las mujeres. Y si bien con el tiempo pude darme cuenta de cuanta verdad encerraban las palabras de María, esto no se me hizo gordo sino mucho después y no más que el hecho de descubrir que el Teta era un tipo muy jodido, y siniestro.
Parco y reservado en su interior se agitaba una procesión de resentimientos, envidias y temores que eran el caldo de cultivo para cualquier perversión o acto homicida. El Teta anhelaba matar a alguien, si no lo había hecho era simplemente porque nadie le había dado la ocasión y, en mayor grado, por un exceso de cobardía. Un día me dijo que no aguantaba más las ganas de incendiar la fábrica en la que trabajaba con todos adentro solo para que sintieran la humillación que él sintió en todos estos años. Le dije que mal se podía sentir humillado alguien carbonizado. Me contestó que se refería a los sobrevivientes, que desafortunadamente siempre los hay. (sic).
-¿Y por qué no lo hacés?- Le dije, solo por decir algo.
-Le tengo miedo a la cárcel.
-Claro, a perder la libertad...
-No, de hecho no soy libre ahora. A lo que le tengo pánico es a que me rompan el orto 200 o 300 convictos.
Le dije que se despreocupara ya que era lo suficientemente feo como para que nadie osara mancillar su castidad. La cara que puso fue más fiera que su peludo y casto culo y me di cuenta que me había ganado un lugar de privilegio en su lista de enemigos.
El Teta era un tipo peligroso. Pero solo en potencia. Tenía ideas rarísimas que a dios gracias no había llevado a la práctica aún. El Eróstrato de Sartre era a su lado un nene de pecho. De haber sido otro el contexto, de haber nacido en, por ejemplo, Estados Unidos el Teta habría sido un asesino serial notable y difícil de atrapar. Tenía el don del sigilo y el de pasar desapercibido, siempre que lo feo no lo delataba.
Él sabía que yo sabía, y eso me convertía en su blanco. Pero no lograba infundirme miedo. Yo le era necesario a veces. Él era gregario por naturaleza; necesitaba de la gente y su drama estribaba en que nadie necesitaba de él. Pero como mi manera de ser por aquella época era la de aceptar imparcialmente a cuanta persona se me acercara el Teta encontraba en mí una compañía, acaso la única. Y si bien hubiese deseado envenenarme el café que juntos tomábamos cada mañana, no iba a acabar con la única persona en la vida que se hacía un espacio para estar con él.
Estar con el Teta era denso, pero por suerte cuando este no hallaba nada en uno que a él le conviniera desaparecía por un tiempo. Había épocas en las que yo estaba demasiado alcoholizado como para poder conectar con nadie, y entonces también se alejaba hasta que yo aflojara un poco con el vicio.
Dos cosas lo atraían a mí: una era la cantidad y diversidad de contactos que yo poseía, de lo cual se servía para intentar vincularse con el mundo; otra el consumo esporádico de estupefacientes. Porque creo haber mencionado que cuando pintaba la ocasión y tenía ganas yo probaba esto o aquello y me quedaba allí por algún tiempo. Al Teta esto le interesaba pero era lo suficientemente avaro como para invertir algún dinero en ello. Si andaba colocado podías apostar a que alguien lo había invitado o le había manoteado la bolsita a algún poxi. Yo era generoso y dejaba que se enganchara conmigo en las giras.
El término de nuestra relación fue más o menos extraño. Yo intenté tomar distancia varias veces cuando me di cuenta de la clase de persona que era; pero él no acusaba recibo (o me lo hacía a propósito) y se empeñaba en seguirme e invitarse a cuanto lugar yo fuese. Acaeció un día un hecho confuso. El Teta había rescatado unos mangos de una apuesta que no me termina aún de cerrar. Cosa que nunca, me invitó con una puta a condición de que yo pusiera la habitación que estaba rentando. Yo acepté no sin antes prevenirle sobre mi casera. Esta jamás permitía mujeres de mala fama en su hotel y hasta era reacia a que los inquilinos introdujéramos mujeres de buena fama. Le dije al Teta que si quería traer putas que las disfrazara un poco que yo me inventaría algún rollo para la casera. El Teta aceptó y esa misma noche se apareció con una mujerona escandalosamente adecentada y dos botellas de ginebra en la puerta de mi habitación. Hasta el día de hoy no supe cómo se las ingenió para soslayar la guardia inexorable de la dueña. El hecho es que entraron y se acomodaron. Le pregunté por mi chica y él me dijo que era esa y que su nombre era Clarita. Pensé que Clarita iba a atendernos por turnos separados, pero mucha fue mi sorpresa cuando el Teta dijo que él solo se dedicaría a mirar. La idea no me copó, pero él ponía la plata y la mujerona artificialmente adecentada tenía muy buenas piernas como para dejarla ir. Tomamos unos tragos y Clarita lió un faso que fumó conmigo; al Teta no le iba eso de andar tragando humo.
Fuimos a lo nuestro y el Teta se acomodó en el sillón con una botella en la mano. Nos miraba como si estuviera en un teatro o algo así, y dale que te dale a la ginebra. Cuando la felatio introductoria terminó el Teta ya estaba algo más que picado y se estaba tocando con la mano desocupada. Clarita me tumbó en la cama y se subió encima mío. Sus labios se adaptaron a mi miembro y comenzó la cabalgata. Lo hacía bien. Con profesionalismo. Y yo sentía que las puertas del cielo se abrían para mí.
El Teta seguía tocándose. Ancho, con cara de simio o neardenthal, sin cuello y negro como una morcilla en mal estado.
Fue cuando ya estaba alcanzando el climax que el Teta dejó caer la botella que con un ruido sordo se hizo añicos contra el parqué, se apronpicuó haciendo eses y desenfundando montó a Clarita sin más. Esta pegó un alarido y se safó.
-Qué carajo hacés.-vociferó.
-Tomo lo que es mío.- dijo el Teta con su miembro colgando a media erección.
-Esto no fue lo convenido. Por atrás y los dos a la vez es otro precio.
-Vas a hacer lo que yo te diga grandísima puta.-dijo el Teta transfigurándose tras la pronunciación de cada sílaba.
Clarita lo insultó.
Las voces se fueron elevando y yo intenté calmar los ánimos para que aquello no trascendiera las delgadas paredes del cuarto. Pero estaba demasiado fumado y bebido como para poder obrar según lo ameritaba la ocasión.
Fui por la botella que quedaba en pié y la empiné para lograr alguna lucidez. Fue en ese preciso momento que voló la primera piña y el primer aullido sonó estruendosamente en dos o tres kilómetros a la redonda. El Teta había estrellado sus filosos nudillos en la jeta de nuestra dama haciéndola sentar de culo. Esta se incorporó de súbito, con la trompa ensangrentada y los ojos echando chispas y le reboleó con el despertador, mi despertador, que fue a darme en el parietal derecho haciéndome ver un desfile encantador de lucesitas de colores. Me tambaleé y caí, también de culo. La rosca siguió. Y antes de desvanecerme recuerdo reptar para alcanzar un embutido de chala y ver entrar a un oficial con la casera detrás. El resto fue lo de rutina: me despertaron a manguerasos en la seccional y todo eso.
Cuando pude salir de allí me había quedado sin habitación. La casera la había alquilado al otro día no sin antes quitar mis cosas y limpiar los charcos de sangre, de contendientes e inocentes. Me faltaron un par de boludeces que se las dejó en calidad de pago. No hice ningún reclamo. En cuanto al Teta, permaneció algún tiempo guardado por daños y perjuicios. Clarita había recibido una paliza de consideración y había ido a parar al hospital. También permaneció guardada allí por algún tiempo recomponiéndose de una fractura de cráneo que el Teta le había infligido de un botellazo.

No pasaron muchos meses cuando me enteré de que el Teta había quedado en libertad. Me buscó un tiempo y yo lo esquivé lo más que pude. Pero un día me encontró en una comisaría del conurbano en la que yo había caído por exhibición obscena en la vía pública y él por intentar envenenar a una puta con raticida. Era mi destino y supe que del Teta solo me separaría la muerte.
Así fue. El Teta murió al mes de un puntazo en la barriga en el calabozo, tragando sangre y vómito y acaso viendo su miserable vida en un segundo.






































MIERCOLES

En Constitución me pagué una buena puta. Tenía un buen par de tetas y un culo notable. Le tiré $40 para calentarla un poco y le prometí más si me satisfacía. Se puso en cuatro con el ojete apuntándome. Quiso hacerme la trampita propia de las de su especie de agarrarme la pija so pretexto de guiarlo al divino hoyo para aconcavar la mano y que yo bombeé en ella. Le quité la mano y se la mandé con todo hasta el fondo. Tomá! Dije in soto voce . Casi 19 cm de carne dura y abananada se hundieron en ese higo humedecido con saliva. Pegó un respingo y se quejó: Despacio bruto! bramó. Le tiré un diego y automáticamente, cual si algo se activara en su maquinaria sexual, comenzó a bombear y a gemir hasta que me hizo acabar.
-¿Da para otro?- pregunté a los 2 o 3 minutos.
-Preguntáselo a tu billetera.- contestó
Saqué un Rosas y se lo alcancé. Me limpió el glande con un pedacito de papel higiénico berreta y empezó a mamármela.
Esa tarde abandoné Constitución exhausto y sin un cobre. Naturalmente no hice la compra (motivo por el cual había ido hasta allí)y tuve que darle las consabidas explicaciones a Sofi.




JUEVES

Años de darle por atrás a Sofí le deben haber abierto la horma del ojete porque sus defecaciones son tan o más raudas que sus meos. Hay veces en las que pienso que hacerle el culo a una mujer es un acto de piedad ejemplar. Después de todo, en la era de los alimentos industrializados, cagar se ha vuelto todo un arte, de modo que si uno puede colaborar con alguien abriéndole el ojete a vergazos, qué otra cosa puede esperar que luego de muerto el Papa lo canonice.


















EL CHAT

Me empezó a interesar esto de chatear cuando me di cuenta de que jamás podría aprehender la naturaleza femenina teniendo ante mí físicamente presente a una mujer. Muchos mecanismos de doma afluyen en un hombre cuando tiene ante sí a una mina cogible y ni hablar de las artes de simulación que despliegan las mujeres. Uno se amanza de inmediato y la razón se le nubla impidiéndole discernir la paja del trigo. Entonces pensé en que acaso el chat me permitiría entablar una amistad real con el sexo opuesto. Averigüé como se chateaba y al día siguiente fui a un cyber. Estaba nervioso y sentía que todos me observaban. Abrí una dirección de chat y al punto aparecieron tres fotos de tres minas diferentes: una dominicana, una ecuatoriana y una argentina. Ninguna estaba nada mal, en especial la argentina, una hermosa rubia de 25 años (que dicho sea de paso era la mayor de las tres). Cliqueé sobre su imagen y aparecieron una serie de casilleros en la que se me pedían datos tales como alias, localidad de residencia, código postal, etc. En ocupación puse escritor-taxi boy; en alias, Bob Esponja. Las manos me temblaban y más aún cuando se me pidió corregir datos una y otra vez. Finalmente fui afiliado y me hicieron esperar mi password, cosa que no hice porque salí huyendo del lugar.
Caminé varias cuadras hasta que me sentí seguro de que nadie me seguía. Parece una boludez pero jamás sentí lo que en ese momento: que comunicarse era una actividad clandestina. Desasosegado entré a una confitería y encendí un cigarrillo. el mozo trajo el café y me pidió amablemente que apagara el cigarrillo. es por la nueva legislación, explicó. Pegué una última pitada antes de apagarlo y le tiré el humo en la jeta.
-Nada personal,-expliqué-es por mi desprecio a una legislación tan absurda.
El mozo no dijo nada y se retiró, algo molesto claro.









LA HEMBRA DEL POLI


Me llegó un día un mail de una mujer que decía haber leído OPEN PUSSY y que al parecer se había puesto muy cachonda. El mail decía así:

ASUNTO: ME GUSTÓ LEERTE

HOLA IVAN, es muy bonito tu nombre, si es que ese es tu nombre, si no lo es no dudo que tu verdadero nombre es tan bonito como este. El mío es Sandra, soy una mujer alta, esbelta, con 100 de busto y una pasión desenfrenada por el sexo. No creas por lo que te digo que soy una ninfómana o una puta. Soy muy, pero muy seria y me gusta tener sexo solo con el hombre que amo. Ahora estoy soltera desde hace un tiempo y me siento muy sola. He leído tus relatos y tus poemas y me divirtieron mucho. Me has empezado a interesar. Creo que pese a esa imagen de macho duro que mostrás sos muy tierno. Me encantaría conocerte personalmente. Pero si no te animás podemos hacerlo antes por teléfono o por este mismo medio, ok. Por favor respondeme. Esperaré ansiosa tu contestación.
Tuya Sandy


El texto tenía varias faltas que no he transcripto por una cuestión de pudor literario. Eso mismo fue lo que me hizo caer en la cuenta de que no era una persona muy ilustrada. Me embriagué y no contesté su mail.

Días después volví a tener noticias suyas. Otro mail, un tanto más sugestivo, esperaba ser leído. El mismo decía así:

ASUNTO: ME ESTUVE TOCANDO

HOLA IVAN, REVERENDO HIJO DE PUTA, QUE CARAJO TE HAS CREIDO QUE ERES. TODO EN TI HUELE A MIERDA; VOS MISMO DEBES SER UNA MIERDA; TU PIJO ES UNA MIERDA. ESTUVE MUY CALIENTE POR ESTOS DIAS DEBIDO A TODA ESA BASURA QUE ESCRIBISTE. ME ESTUVE TOCANDO Y TOCANDO, Y NO QUISIERAS SABER COMO APESTAN MIS MANOS. VAS A CONTESTARME O QUE? NO ME HAGAS IR POR VOS PORQUE PODES ARREPENTIRTE. ADEMAS PODES PERDER UNA BUENA LECTORA Y NO CREO QUE LECTORES TE SOBREN. SOS MALISIMO ESCRIBIENDO, SEGURO YA TE LO HAN DICHO, VERDAD.
TUYA, SOLO POR AHORA, LA GORDA SANDRA


Aquello me motivó mucho. La muy puta tenía carácter después de todo, y ese es un atributo que no abunda por estos días en una sociedad servil y obsecuente como la nuestra. Por otra parte lo de que iba a perder una lectora no tenía fundamento, ya que la OPEN PUSSY se distribuía azarosamente y solo por mucha casualidad caía 2 veces en manos de la misma persona. Le escribí un mail invitándola al chat de Yahoo. Puse la hora y el día y le dije que entraría con el nick IVAN BARRIOS.

El día acordado a la hora señalada Sandra me contactó en el chat.
SANDRA: hola ivan
IVAN BARRIOS: HOLA SANDRA, QUE HAY
SANDRA: por que no contestaste mi mail?
IVAN BARRIOS: SI LO HICE, ESTAMOS AQUÍ, NO?
SANDRA: me refería al primer mail
IVAN BARRIOS: ESTUVE MUY ALCOHOLIZADO COMO PARA DARME ESE LUJO
SANDRA: wowow, bebes demasiado?
IVAN BARRIOS: LO SUFICIENTE COMO PARA NO RESPONDER MAILS
SANDRA: jajajaja
IVAN BARRIOS: POR QUE TE INTERESA CONOCERME SI SOY UNA MIERDA?
SANDRA: me gusta la mierda
IVAN BARRIOS: SOS CROPOFILICA ACASO?
SANDRA: que es eso?
IVAN BARRIOS: OLVIDALO
SANDRA: nooo, dimelo
IVAN BARRIOS: SI TE GUSTA COMER MIERDA
SANDRA: wow, no la he probado, es rica?
IVAN BARRIOS: DEPENDE DE QUE HAYA COMIDO EL QUE LA CAGO
SANDRA: de en serio?
IVAN BARRIOS: TU QUE CREES
En ese momento una ventana de conversación privada se habrió ante mí. Una tal Vero DF decía hola. La cerré sin contestar.
SANDRA: tenes msn?
IVAN BARRIOS: SI, USA EL DE MI DIRECCION
SANDRA: AHORA?
IVAN BARRIOS: CUANDO GUSTES
SANDRA: voy a hacerlo ahora
IVAN BARRIOS: OK

Pasaron no más de 2 minutos y la invitación llegó. La acepté y empezamos.

TERESA: BUENO AQUÍ ESTOY
IVAN: QUE PASO CON TU NOMBRE?
TERESA: ESTE ES MI NOMBRE
IVAN: OK
IVAN: DEBO SUPONER QUE TODO LO DEMAS ES TAMBIEN MENTIRA
TERESA: TENES CAM?
IVAN: SI
TERESA: CONECTALA, PLEASE (el please estaba escrito plis)
Conecté la cámara. Y segundos después:
TERESA: OOOOH, ESE SOS VOS?
IVAN: EL MISMO
TERESA: SOS MUY FEO, TE LO DIJERON?
IVAN: CLARO, MUCHISIMAS VECES
TERESA: PERO REALMENTE ERES FEO. PODRIAS MATAR A ALGUEN DEL SUSTO
IVAN: SI, TU CHOCHO PODRIA SECARSE Y NO VOLVER A SER UTILIZABLE
TERESA: NO LO CREO, ESTOY MUY MOJADA
TERESA: Y AHORA QUE TE VEO LO ESTOY MAS AUN
IVAN: ACASO TE CALIENTAN LOS BICHOS?
TERESA: SI, CUANDO MAS FEOS MEJOR LO HACEN
IVAN: SI VOS LO DECIS
IVAN: ME VAS A MOSTRAR TU CARA?
TERESA: AHÍ VA
En unos segundos apareció una enorme carota apenas abarcable por el plano de la cámara.

IVAN: MIERDA
TERESA: ES TODO SEXO, BABY
IVAN: PUES ENTONCES PARA YA DE TRAGAR LECHE, VAS A REVENTAR
TERESA: OYE GUAPO, NO SABES LAS COSAS QUE TE PUEDO HACER
IVAN: APLASTARME, ESPACHURRARME, MATARME CON UNO DE TUS PEDOS...
TERESA: JAJAJAJA
IVAN: Y DICES QUE ES SOLO HUMEDAD LO QUE TIENES AHÍ ABAJO, FIJATE SI NO ES SUDOR
TERESA: OOOH, NO SABES COMO ME EXCITAS
IVAN: ¿?????????
TERESA: SOS UN PUERCO, QUIERO QUE ME COJAS HASTA HACERME GRITAR
IVAN: NO CREO PODER CON TANTA CARNE, CREEME
TERESA: SOLO DEJA QUE YO HAGA EL TRABAJO, PUERQUITO MIO
IVAN: QUE EDAD TENES? DECIME LA VERDAD
TERESA: ADIVINA
IVAN: SOLO DIMELO Y YA
TERESA: 42
IVAN: YO CREO QUE ALGUNOS MAS
TERESA: QUERES VENIR A CASA ESTE FIN DE SEMANA
TERESA: MI MARIDO ESTARA FUERA, TRABAJANDO
IVAN: DE QUE TRABAJA TU MARIDO?
TERESA: ES POLICIA DE LA FEDERAL
IVAN: OYE, Y POR QUE NO LE PIDES QUE TE ATIENDA EL?
TERESA: OOOOH, EL ES MUY ABURRIDO
TERESA: SU CACHIPORRA LO HACE MEJOR QUE EL
IVAN: PEDISELA PRESTADA PARA EL FINDE ENTONCES
TERESA: NO QUERES VENIR A METERMELA VOS?
IVAN: MIRA, ESO NO ES LO MIO
TERESA: BUENO, TAMPOCO SOS EL PAPA
...
TERESA: HEY, SANTURRON
TERESA: HOOOOLAAAA
IVAN: SI
TERESA: POR QUE NO DECIS NADA?
IVAN: ESTOY PERPLEJO, SOLO ESO
TERESA: HABRAS VISTO COSAS PEORES
IVAN: NO TANTO, CREEME
TERESA: POR QUE ESCRIBIS TODAS ESAS COSAS SI SOS TAN MARICA?
IVAN: POR QUE DECIS QUE SOY MARICA?
TERESA: PORQUE TE ESTOY OFRECIENDO UNA BUENA OPORTUNIDAD Y LA REUZAS
IVAN: NO QUIERO COMPLICACIONES CON LA LEY
TERESA: PERO MI MARIDO NO VA A DECIR NADA PORQUE ME COJAS
IVAN: PERO PUEDEN ACUSARME DE ZOOFILIA. LAS VACAS ESTAN PARA ASARLAS NO PARA COPULAR CON ELLAS
TERESA: JAJAJAJA
TERESA: OH, FEUCHO MIO, SOLO DAME UNA OPURTUNIDAD
IVAN: SI ADELGAZARAS UN POCO...
TERESA: QUE CARAJO TENES CONTRA LOS GORDOS
TERESA: PUEDO ACUSARTE POR DISCRIMINACION HIJO DE PUTA
IVAN: NO TE ENOJES
TERESA: ENTONCES NO ME DIGAS TODAS ESAS COSAS
La gorda teresa empezó a secarse las lágrimas con sus enormes manos paquidérmicas.
IVAN: OYE, NO LLORES, POR FAVOR
TERESA: SOLO QUIERO SENTIRME DESEADA
IVAN: TAL VEZ ALGUIEN TE DESEE. QUE HAY DE TU MARIDO?
TERESA: ESE HIJODEPUTA PREFIERE COJERSE A LOS TRAVESTIS ANTES QUE A MI
Tal vez yo haría lo mismo, pensé.
IVAN: OYE, A TU MANERA ERES GUAPA
TERESA: DE EN SERIO ME LO DECIS
IVAN: CLARO
TERESA: VENDRAS EL FIN DE SEMANA?
IVAN: NO LO CREO
TERESA: PUEDO COCINARTE ALGO, QUE TE GUSTARIA COMER?
IVAN: MIRA, SOY MACROBIOTICO, NO PUEDO COMER COMIDAS OCCIDENTALES
TERESA: QUE ES ESO?
IVAN: LO VES? NI SIQUIERA SABES LO QUE ES
TERESA: SOLO DECIMELO, APRENDERE Y TE COCINARE LO QUE ME PIDAS
IVAN: MIRA, YO NO LE DOY MUCHA IMPORTANCIA A LA COMIDA, ENTENDES. LOS FINDES LOS USO BASICAMENTE PARA EMBORRACHARME UN POCO
TERESA: A MI TAMBIEN ME GUSTA BEBER, HAGAMOSLO JUNTOS
IVAN: SOY UN BEBEDOR SOLITARIO, NO TE ENOJES
TERESA: NADA MAS VENI A VERME, CARAJO. NO VOY A COMERTE
IVAN: ESE ES MI PRINCIPAL TEMOR, CREEME
TERESA: JAJAJAJAJA
TERESA: FEUCHITO MIO, YO VOY A CUIDAR DE VOS, NADIE VA A HACERTE DAÑO, TE LO JURO
IVAN: TAL VEZ ALGUN DIA
TERESA: SI NO VENIS ME MATO ACA MISMO, FRENTE A LA CAMARA
IVAN: ESO SERIA MUY NOBLE DE TU PARTE
Teresa me mostró un enorme cuchillo de cocina y se lo puso en la garganta.
IVAN: MIERDA, DEJA ESO POR FAVOR
TERESA: NO ACABAS DE DECIR QUE SERIA LO MEJOR?
IVAN: SOLO ERA BROMA
TERESA: PUES LO MIO NO ES JODA
TERESA: VENIS O NO?
TERESA: ACABARE CON MI HORRIBLE VIDA SI NO LO HACES, LO JURO
TERESA: DELANTE TUYO
TERESA: Y MI MARIDO SABRA TODO E IRA POR VOS, LO JURO
IVAN: DAME LA MALDITA DIRECCION
Teresa escribió la dirección. Era de Rififí. La apunté y a pedido suyo le mostré el papel en el que lo había hecho. Luego nos despedimos.
El sábado fui a su casa. Mierda, era peor personalmente que por internet. Lo que sucedió no lo contaré por ahora. Estoy avergonzado, muy avergonzado, y aun no me repongo de aquel horror lovercraftiano. Acaso algún día lo supere y escriba sobre ello. De momento solo me resta decir, que solo para mantener a salvo mi integridad mental y física, he dejado de escribir para OPEN PUSSY hasta que las condiciones de seguridad estén dadas por quienes deben encargarse de ellas. La culpable de estas medidas me ha exigido, no obstante, que escriba para ella. Así lo hago. Tal vez más adelante, cuando las condiciones sean las adecuadas reescriba las historias que ahora recibe en forma de mails aquel ser perverso y maligno que podría haber matado al mismísimo Bukowski de haber este caído en sus hórridas manos.







































VIERNES... TAL VEZ SABADO



Aburrido por una insensata búsqueda de las esencias suprasensibles, acabé por considerar vana toda contemplación. Me era menester un nuevo despertar a la Siddharta, pero sin el componente gay que le diera Hesse. Algunas líneas escritas de mi puño y letra por aquellos años retratan mi estado de ánimo: Soy insensible a la conducta de todo lo que no soy yo, ya sean estos objetos o sujetos. Tal insensibilidad me ha traido no pocos inconvenientes y recriminaciones bien o mal intencionadas, a las que también fui insensible. El hastío de los años y su subsecuente efecto achatante me han insensibilizado aún más. Mi problema tenía 2 aristas, una visible y otra subyacente que era su causa formal, material y eficiente. De momento solo referiré la visible, que es más simple. Estriba básicamente en la ideología estoica que me había imbuido a mí mismo a fuerza de un temor excesivo al dolor. Ahora puedo decir, me siento autorizado a hacerlo, que un estoico no es otra cosa que un cobarde inmunizado por su cobardía misma. El punto es que temeroso del dolor practiqué con algún éxito el arte de la indiferencia. El todo-me-nefrega se volvió tan constitutivo en mí que terminó por caracterizarme a los ojos de los demás; y de tanto practicar el personaje, este se hizo persona y se encarnó en mi cuerpo. Toda mi fisiología se hizo funcional a un sistema de ideas sin fluidez, estático, chato. En fin, me insensibilicé no solo ante la conducta de los hombres, sino también, y aquí está lo grave, ante la de las cosas. No preví este resultado nefasto. Siquiera preví que lograría alcanzar el estoicismo, al que veía como una mera fábula pintoresca propia de los historiadores de la filosofía. Yo podría haber, tranquilamente, recurrido al psicólogo como cualquier hijo de vecino. Eso me era accesible. Preferí hacerme el Epicteto pensando que era imposible alcanzar lo que él. Apunté a lo imposible para eludir lo posible, que es un acto de cobardía imperdonable. Y así me fue. Cuando nos ideologizamos se anquilosa nuestro pensamiento. Nada es más contrario a lo vital que la ideología. Ningún escritor se encuentra más limitado que el ideólogo. La ideología mantiene cautivos al pensamiento del filósofo tanto como a la imaginación del poeta; también la acción del hombre común. Mi ideología era la estoica, y estaba cautivo en ella, como un preso en su celda o peor. Mi devenir se estancó, y empecé a aburrirme terriblemente.

Releo en una de mis libretas: ¿Qué soy, un nihilista? Tal vez; si nihilista significa: hombre al que la vida no ha logrado atrapar.
Una estúpida jactancia me llevó a escribir esas líneas que hoy modificaría sin vacilar. El nihilista es un hombre que no ha logrado atrapar la vida, y es por ello que la desprecia.


TODOS LOS CHOCHOS MOJAN IGUAL
Otra cama
Otra mujer

Más cortinas
Otro baño
Otra cocina

Otros ojos
Otro pelo
Otros pies
Con otros dedos.

Todos buscando.
La eterna búsqueda.

Charles Bukowski


Y heme aquí, en otra cama, ante otras piernas abiertas para mí. Estoy mareado por el alcohol y el cannabis. Cómo carajo llegué hasta acá, me pregunto. La mina espera a que haga algo que la haga sentir mujer, que le haga sentir que valió la pena traerme hasta aquí.
-Cómo llegué acá?- le pregunto.
-Que importa eso ahora bebé.- me dice jadeante.
Estoy de hinojos frente a su chocho chorreante de éxtasis. La mina se incorpora y me agarra de los pelos y sumerge mi cara en su triángulo fétido. Hago lo mío, sino lo hago me echa a la calle y la noche está demasiado fría como para andar por ahí rodando. La mina se retuerce como una lombriz y grita y me hunde más la cabeza en su hoyo. Me safo.
-Che, aun no sé tu nombre.- digo.
-Mierdaaaa!!!! Si no querés hacerlo me lo decís y listo.
Me hundo de nuevo en su chocho por propia voluntad. Las mujeres enojadas me asustan. Son despiadadas si se lo proponen. Con un juego de dedos y lengua le provoco el primero de los dos orgasmos pactados tácitamente para esa noche. Me echo a un lado y ella me abraza con fuerza. Parece agradecida. Por lo rápido que le vino debo suponer o que hace tiempo que no la atienden o que yo soy un maldito genio.
Prendo otro canuto. Eurekaaa!!! Ahora lo recuerdo todo... bueno, casi todo.
Hacía frío, mucho frío y yo estaba tratando de dormir en una plaza. Estaba sentado porque no me animaba a recostarme en el banco por vergüenza a que los transeúntes cuchichearan sobre mí. Entonces vino esta flaca que no recuerdo aún como carajo me dijo que se llamaba. Parecía sola y con ganas de hablar con alguien. Yo no tenía ganas de escucharla pero como traía consigo cigarrillos la escuché. Me invitó un cigarrillo y sin titubear lo acepté. Hacía días que no fumaba otra cosa que colillas que recogía del piso, de modo que fumarme un Lucky entero me hacía sentir muy afortunado. Los Lucky no me gustan pero no había otra cosa y en ese momento era un lujo para mí.
-Salí a dar una vuelta porque me sentía muy asfixiada en casa.-explicó.
-A veces sucede.-repuse, más entusiasmado en el cigarrillo que en la minita que si bien no era una diosa tampoco estaba nada mal.
-Y vos, que hacés por acá a esta hora y con tanto frío?
-Busco inspiración.- mentí- Soy escritor.
-Ooooh, eso suena interesante.
-Es menos interesante de lo que suena, creeme.
-Y qué escribís?
-Basicamente poesía.-volví a mentir.
-Qué bueeenooo! Me encanta la poesía. Recitame algo... si querés, claro.
Le recité una de Buko (sin decírselo, claro) que me sabía parcialmente de memoria. Los baches los suplí con mis propias palabras, colaboración con el autor que le dicen.
-Uuyy, eso es obseno, no te parece.
-Pero te gustó?
-Bueno... sí. Aunque no es lo que esperaba escuchar.
-Por qué?
-Bueno, fue bastante asqueroso. No te ofendas.
-No hay problema. No me convidarías otro cigarrillo?
Me tendió el paquete y me serví uno. Nos pusimos a hablar de esto y aquello. De sus problemas familiares, de sus problemas económicos, de sus problemas conyugales, de... problemas, problemas y problemas. Siempre sus problemas, nunca los míos. Yo la escuchaba asintiendo con la cabeza y profiriendo oportunamente cada tanto un estudiado y metódico: guau, que fuerte eso! Y la cosa funcionó.
-Me encanta hablar con vos. Sabés escuchar a la gente.-dijo.
-No a todos me gusta escuchar.
-Y a mí sí?
-Sí, a vos sí.
-Por qué?
-Bueno, porque me convidás cigarrillos, por qué crees.
-JAJAJAJA.
Se lo tomó a joda pero yo decía la verdad.
-Y ahora que vas a hacer?
-No tengo pensado nada.
Se levantó y dijo:
-Yo ya me tengo que ir... vivo acá cerca... hace frío para estar acá, no.
-Sí, muchísimo frío. Deberías irte a tu casa ya; podés enfermar o algo.
Vaciló. Luego me dijo:
-No querés venir a tomar algo a casa?
-Mirá, recién me conocés. Puedo ser peligroso.
-No me parecés un tipo peligroso.
-Si estoy en tu casa y no te dejás te forzaré, entendés eso.
-No necesitás forzarme, solo convenceme.
Sin más nada que agregar me levanté y me fui con ella. Atravezamos la plaza y cruzamos 2 calles. En un kiosco se detuvo a comprar más cigarrillos. Me compró un paquete para mí, un paquete de Lucky. Mierda, yo quería Marlboro. Me la banqué y no dije nada. Ya me estaba poniendo pretencioso.
Doblamos una esquina y entramos en un PH.
Ya adentro me invitó a que me pusiera cómodo. A la luz pude notar que tenía algunos años más que yo y que estaba bastante bien agraciada. Me ofreció café y lo acepté. Me ofreció fernet y lo acepté; me ofreció vino y lo acepté; me ofreció faso y lo acepté; me ofreció su cama y la acepté. Ya para entonces yo estaba dado vuelta. No coordinaba bien mis movimientos ni podía enlazar bien mis ideas.

Ahora retoza a mi lado. Su cuerpo está muy caliente y pegado al mío. Mi cabeza es una licuadora. Casi no logro captar lo que sucede. No sé qué hora es, tampoco me importa. Tengo hambre pero no me animo a decírselo. Le pongo el faso en la boca y ella aspira. Luego me da un beso y expira el humo dentro mío.
Cuando terminamos el canuto ella dice:
-Ahora vamos por el tuyo bebé.
Con su boca busca mi miembro y se lo traga semi enhiesto. Mi miembro se yergue al punto. La mama bien la muy puta. Se la meto en el hoyo alternativo mientras le toco el clítoris para que se relaje. Jadea y jadea. Se mueve bien. El alcohol no me deja acabar y el tiempo pasa. Veo como ella se acerca más al segundo orgasmo y yo sigo lejos, bien lejos. Acaba con mi picha aun dura dentro de su ojete. Mierda!!! Esta no es mi noche. Me abraza con fuerza; me estruja, y me hace daño. Sigo con la pija dura y ya no creo que ella pueda bancarse otro polvo como este. Está muy relajada y parece cansada. Pero bueno, ahora lo que me preocupa es comer algo. Si sigo así me la comeré a ella.
-Tengo hambre.- le digo.
-Mañana bichito, mañana. Ahora estoy muy cansada. Mañana te preparo un rico desayuno con tostadas y manteca.
Mañana es ahora cuando amanezca. Quiero creer eso. Un día más sin comer y moriré por inanición. No sé qué hora es; no sé cuanto falta para que amanezca. Pero bueno, no ha de ser mucho. En unas horas más comeré tostadas con manteca hasta hartarme.
Y bueno, mientras haya mujeres yo seguiré con vida un tiempo más.























UN LUNES DE ABRIL

La violencia y el soborno suelen ser más persuasivos que las más brillantes de las razones o retóricas.

El marxismo-leninismo tiene en sus manos, o al menos cree tener, razones irrefutables; mas no posee la fuerza persuasiva del soborno y la violencia mancomunados.
NOTA: le ofreceré dinero a Natacha a cambio de su himen, si no acepta, la golpearé hasta que lo haga. Después de todo yo no soy un bolche.










































EL FIN DE UNA LARGA AMISTAD

El Negro se sentía discriminado por ser negro y se la agarró conmigo porque, según su parecer, yo era un nazi disfrazado de progre. Habíamos estado bebiendo desde temprano y ya nos estábamos hartando el uno del otro y buscando un motivo para irnos a los puños. Le dije que si bien él era un negro asqueroso yo jamás lo había discriminado; y creo que fue eso lo que lo animó a decirme que me iba a romper la cara.
-Antes vas a tener que comprarte unas manos.-dije riéndome.
El Negro había perdido 2 dedos de cada mano en 2 accidentes laborales diferentes, y el resto de las manos parecían haber sido restauradas por Victor Frankenstein.
Lo dicho no le gustó un carajo y se levantó como si tuviera un resorte en el ojete. Vino hacia mí y con lo que le quedaba de manos (tres garfios en c/u) me agarró del cogote y me lo empezó a espachurrar. Yo no daba crédito a lo que sucedía y bregaba por mandarme un trago que con el sarandeo de mi cabeza se derramaba sobre mi cara. Esto al Negro le hizo creer que no me estaba haciendo nada y me soltó para darme un cachetazo que me hizo caer de la silla en la que había permanecido sentado. Sus tres dedos me quedaron marcados en la mejilla que habían impactado, y fue entonces que me di cuenta de que la cosa iba en serio. Le tiré por la cabeza un tetra a medio terminar que le dio en el morro y esto me dio tiempo para incorporarme. El Negro se puso en guardia. Amagué un par de veces para probar sus reflejos. No eran gran cosa.
-A esa barrera le faltan algunos jugadores.- dije para animarlo.
Se me vino como una tromba. Casi 100 kilos de adiposidades bien sedimentadas me embistieron haciéndome volar por los aires. Me golpeé la cabeza con la mesita ratona y todo comenzó a dar vueltas sobre mí. El Negro me pateó las costillas a discresión y yo me tuve que hacer una bolita para proteger lo poco de humano que quedaba en mí. El colesterol del Negro le jugó en contra. Yo estaba molido pero él demasiado fatigado para seguir. Como pude me levanté. Atajé un par de manotazos exaustos y le alcancé la quijada con un cross que le arrancó un chillido de niña. Una patada en la ingle lo ultimó. Los casi cien kilos se desmoronaron sobre las cajas de vino vacías.
Aquello fue el fin de una larga amistad en la que cada uno había reprimido lo que tenía para decirle al otro. No volvimos a darnos bola. Yo intenté disculparme en alguna oportunidad, pero el Negro era demasiado rencoroso y me evadió.

Ahora recuerdo lo que lo hizo llamarme nazi. Yo le había preguntado si sabía cómo se hacía para matar cuarenta moscas de un golpe. Él me contestó que no y me instó a que se lo dijera. Le dije que pegándole una patada en la jeta a un negro.






VIERNES

La mujer es consumidora por naturaleza, y lo es en todo, no en esto sí y en aquello no. Si hasta en lo que hace a su vida sexual y matrimonial afluye su consumismo inmanente. El seductor no es otra cosa que un buen vendedor de sí mismo. Puede que en todo lo demás sea un salame cualquiera, pero en lo que hace a venderse es un capo. Las mujeres suelen tragarse algunos de estos sapos por sucumbir a la propaganda. Se dan cuenta a la larga, pobres lelas, muuuy a la larga. Ya para entonces están viejas, rotas y mustias, y es tarde para todo arrepentimiento; sobreviene la resignación y el resentimiento que caracteriza a las viejas vinagres y hacen imposible cuanta vida las rodean. Natacha acaso compre lo que le vendo de mí, acaso no. Como sea, no dejo de pensar que soy un sapo que se disfraza de príncipe para que alguna doncella lo bese.


MIERCOLES

El primer meo después de un polvo es algo muy desagradable; la uretra suele estar empastada de jugos vaginales, esperma, pendejos (los propios y los de la amante), caca, sangre, piel y hasta papel higiénico arrolladito con mierda y pendejos anales. El chorro se dispara para cualquier lado menos para el inhodoro. Esto me ocurría precisamente después de coger con Ana. Ana es la mujer más sucia con la que me he acostado. Muy devaluado me debo haber sentido para sucumbir a sus pobres encantos. Pero la cosa a veces suele ser así.


LA PENSIÓN

“El hombre que busca pensión, es un tipo sui-generis, y que vive exclusivamente para eso, para cambiar de pensión como el aficionado a la radio existe exclusiva y únicamente para ensayar distintos tipos de circuitos y aparatos”. Así dice Arlt en una de sus Aguafuertes y no se equivoca. Yo he vivido mucho tiempo de prestado y cuando no, en pensiones de malamuerte entre inmigrantes ilegales, putas, madres solteras y proxenetas. Hubo un tiempo en que tuve mujer y proyectos familiares y trabajo estable. Me había rescatado bastante; bebía muy poco en el día y había veces en las que nada, ni un vaso siquiera. Me alejé de las malas influencias y todo parecía andar como corresponde. Me sentía feliz, o al menos tranquilo. Mi mujer trabajaba bien y aportaba la mayor parte del dinero. Pero, como bien dice el refrán no hay bien que dure cien años. De a poco la cosa se me empezó a hacer harto rutinaria; ustedes saben: la misma mujer, el mismo hogar, el mismo trabajo, el mismo jefe, el mismo todo. Acaso por esto las cosas comenzaron a ir mal; volvió el hábito de beber y con él las riñas conyugales. Me despidieron del laburo por presentarme alcoholizado y no me molesté en buscar otro. A veces alguien me invitaba algunas pastillas y yo aceptaba, lo cual provocaba más riñas. Mi vida comenzó a derrumbarse, o a volver a la normalidad, según desde dónde se mire la cosa. Mi mujer al ver que sus estrategias de doma no surtían efecto se cansó y un buen día me echó de la casa. Yo estaba muy fumado como para reaccionar así que no hice nada. Deambulé toda la noche por la ciudad con unas pocas monedas en los bolsillos que utilicé para comprarme un tetra. Amanecí en un banco de la Plaza San Martín. Decidí, sin que mediara reflexión alguna, volver a casa. Lo tuve que hacer a pié puesto que no tenía un mango partido a la mitad. Como no tenía llaves tuve que tocar el timbre. Estaba resacoso y desalineado; me había meado encima y expelía unos vahos desagradables.
Mi mujer abrió la puerta. Al verme cerró automáticamente. ¡Puta! Grité. Y le di al timbre sin asco.
-Andate o llamo a la policía.-bramó desde el otro lado de la puerta.
Me latían las cienes. Nada peor que una resaca de vino barato.
-Esta también es mi casa. Dejame entrar.-grité.
-Andate; es la última vez que te lo digo.
Furioso busqué algo que hiciera de proyectil. Encontré una botellita de Coca-Cola y la arrojé contra la puerta. Busqué de nuevo. Encontré una piedra y la estrellé contra una de las ventanas haciéndola percha. Al estrépito de los vidrios siguió el aullido de una sirena. El patrullero frenó ruidosamente justo detrás de mí. Dos gorras bajaron, cachiporra en mano, y empezaron a darme. Uno me agarró por los pelos y con un solo movimiento me metió en la patrulla. ESCÁNDALO EN LA VÍA PÚBLICA Y ATENTADO A LA PROPIEDAD PRIVADA. Mierda, esa era mi casa, protesté. No me hiceron caso.

Salí a la semana hecho todo un ciudadano. Mi mujer me había llevado ropa y unos billetes para que me alquilara algo hasta que consiguiera trabajo. Esa misma tarde conseguí una pensión en la Avenida San Juan.
La casera era una matrona fornida añosa pero llena de vida. Tenía un aire recio y autoritario que hacía presumir que debajo de esa falda gastada escondía una itaca que no vacilaría en utilizar si se le presentaba la ocasión. La habitación valía mucho menos de lo que había pagado por ella, pero al menos no dormiría en la calle esa noche ni las siguientes cuatro que me cobró por adelantado.



****


UNA FRUCTÍFERA CONVERSACIÓN


Sonó el teléfono y atendí. Era Ana:
-Hola, ¿Beetho?
-Hola, sí, soy yo.-contesté.
-Soy Ana.
-Ya lo sé.
-¿Qué hacías?
-Me masturbaba.
-¡¡Quéeee!!
-Que me masturbaba.
-No estarás hablando en serio.
-Sí, verás, me prestaron unas películas de esas...
-Me estás cargando.
-No, mirá, las películas estas son geniales y...
Cortó.
Yo seguí en lo mío y acabé cuando el negro se la sacaba del ojete a la rubia y con porquería y todo se la metía en la boca a la doméstica, una latina de no más de veinte años. Guarra como ella sola, se mamó aquel chongo hasta que la última gota de jugo salió de él.
Exhausto me fumé un cigarrillo. Luego comí un cacho de pan duro del día anterior y me recosté.

Golpearon a mi puerta. Era la encargada.
-Abajo lo esperan.-dijo.
-¿Quién?-pregunté.
-Una señorita.-dijo, y sin más se fue.
Me acomodé un poco la ropa y bajé. Era Ana; pelo largo, muy largo y luminoso. La saludé.
-Qué andás haciendo por acá.
-Qué andás haciendo vos. Estás hecho un desastre. Esas películas te van a terminar matando.
La invité a subir a mi habitación. Aceptó.
-Con que estas son las famosas películas.-dijo mirando la pila de cassettes.
-Sí, las tengo que devolver pasado mañana y...
-Y las estás aprovechando a full.
Le agarré el culo y se zafó. Dijo:
-¿Tenés agua caliente?
Contesté que sí pasándole el termo. Fue por un par de tazas y preparó café. Puse una película.
-No sabía que te habías comprado una video.
-Me la prestaron. Tengo que devolverla junto con las películas.
Un gordo pelaba la picha y se la metía hasta la garganta a una putilla vestida de enfermera.
-¡Ooooh!-dijo Ana.
-Es una gran mamona.-dije.
-Es un gran miembro.-dijo Ana.
-¿Podrías con él?
-Hummm, no sé.
-Cuando se la meta por atrás tal vés te impresione.
No dijo nada y siguió mirando, con los ojos bien abiertos y acaso un poco mojada. La tomé por la nuca y la besé. Jadeó y empezó a tocarme con esas manos diminutas que tenía y que apenas alcanzaban a rodear un tronco. Uno de los cafés se derramó cuando Ana alzó una de sus piernas para montarme. No traía bombacha y restregó su chuchi en mi glande enfurecido haciéndome arder un poco con su virulana. Luego la puse de espaldas y la penetré. Como me había dado un par de sosegates anteriormente tardé mucho en acabar. Fue maravilloso. La putilla del video jadeaba; Ana jadeaba; todos jadeábamos.
Cuando terminamos Ana sacó un paquete de cigarrillos de su cartera y me convidó uno. Fumamos. Ella sobre mi pecho haciendo rulitos con los pelos que brotaban de él y yo viendo cómo aquel gordo se comía a su enfermera.
En mis muelas sendas partículas de alimento masticado yacían en calma absoluta. Por maldad, más que por higiene, empecé a quitármelas con el dedo índice. Se resistían a ser desalojadas, pero mi larga uña era un excelso escarbador y los cachitos de comida se adozaban a ella luego de ser removidas, acaso con la esperanza de encontrar refugio allí. Mala proyección; tan pronto como los atrapaba me los comía sin darles chance de volver a esconderse en mis muelas.
-¿Qué hacés?-preguntó Ana justo cuando estaba por tragarme una bolita de esas.
-Me saco la comida que quedó atrapada en las muelas.-dije, y seguí en lo mío dale que te dale.
-Para eso hay cepillos dentales. Además vos te los estás comiendo.
-Es comida que debió ser tragada en su momento ¿qué tiene de malo?
Leve expresión de confusión.
-¿Querés un poco?-dije llevando una de mis uñas cargada de restos hacia su boca.
-No seas asqueroso.
Recordé que cuando era chico era tan o más pobre que ahora y mi vieja se quitaba los restos de comida masticada y me los ofrecía como yo hacía ahora con Ana. Nuestro deficit alimentario por aquellos años era notable, y había que aprovechar cada palmo de calorías, sobre todo en invierno. Remover los restos de comida con un cepillo para luego tirarlos era un lujo que no nos podíamos permitir. Yo había crecido subalimentado y de ahí mi chotez. Mi cuerpo macilento, mi cerebro lento y torpe. Algo en mí no funcionaba. Las capas pecesiana y reptilesca de mi cerebro se habían desarrollado sin más inconvenientes, pero la de mamífero no, y ni que hablar de la de homínido. Yo era un subnormal aunque me esforzara por disimularlo. Más tarde supe de animales que tragaban grandes cantidades de su presa y luego la regurjitaban en las pequeñas fauces de sus crías. La naturaleza era sabia, mi madre también, solo que carecía de la técnica de la regurjitación.
Y ahora Ana me decía asqueroso solo por hacer lo que por necesidad me enseñaron a hacer. Claro, ella no había pasado necesidades como yo. Había aprendido desde muy joven que un culo como el suyo se cotiza muy bien. Era un generador de riqueza portátil... pero perecedero. Ella lo sabía y lo explotaba a más no poder. Era muy inteligente, pese a estar conmigo. Algo en mí la enternecía y eso era su debilidad, y a la larga su perdición.
Ana volvió su cara hacia mi y me preguntó si ella significaba algo para mí. No supe qué decirle.
-No sé qué decirte.-dije.
-La verdad.
-La verdad es que no quiero compromisos.
-¿A qué le tenés miedo?
-A las mujeres en general.
-No me jodas.
-Es cierto. Veo en todas aquella bruja del cuento de Buko.
-De qué carajo hablás.
-De Quince centímetros. Creo que Sara era su nombre. Era bruja y redujo a su marido a quince centímetros.
-¿Para qué?-dijo desconcertada.
-Para utilizarlo como consolador. Imaginate.
-Eso es una locura.
-Ya lo creo que sí. El pobre hombrecillo introducido en toda aquella mucosidad hedionda.
-No, digo que es una locura reducir algo a quince centímetros, ¿por qué no a 22 o a 25?
-Tal vez fuera estrecha.
-Esta conversación no tiene sentido.
-Sí que lo tiene. La bruja llamó a esos quince centímetros proporción razonable.
Ana se levantó molesta y comenzó a vestirse.
-¿Qué hacés?-pregunté.
-Me voy. Con vos no se puede hablar en serio.
-Pensé que hablábamos en serio.
-¿Ese es tu concepto de seriedad? ¿un hombre reducido a quince centímetros para ser introducido en una vagina? Estás más limado de lo que pensaba nene.
-Es un temor razonable. No quiero pasar por lo mismo que él.
-¡Bah!-dijo y se fue.

Quité el cassette de la video y puse otro. Un hombrecito se clavaba a una negra con un enorme pene de cabeza púrpura. La negra se debatía entre el dolor y el goce. Quince centímetros no serán la gran cosa, me dije, pero veinticinco es una exageración. Tomé el poco de café que quedaba en la taza. Estaba frío y unas partículas de carmín flotaban en él. La taza que se había caído era la mía.




SABADO

La filosofía es siempre búsqueda, nunca hallazgo. El filósofo que cree haber hallado algo está listo. El que se humaniza demasiado también. En lo que a mí respecta la cachondez más que humanizado me ha animalizado. Mi miembro erecto domina cual un señor en su castillo. Su voluntad se impone a la de mi razón. Cree que ha encontrado aquello que hace a la vida: una concha. Y en pos de ella desprecia la vida en su totalidad. A Siddharta lo perdió una concha, litealmente hablando. Yo por mi parte me encuentro atrapado entre dos males, ninguno menor que el otro: la ideología y mi falo autoritario.








































TODOS SABEN…

Todos saben que
negro mota
morocho,
colorado,
rubio o canoso;
que viejo,
puber o joven;
que grueso como alambre
o fino y sedoso;
que ondulado
o lacio;
que perfumado
con la natural fetidez
o con el más delicado perfume francés,
un pelo de concha
tira más que una yunta de bueyes.
































DOMINGO

Si alguna vez me decidiese a escribir novelas, estas no tendrían final. Cada una sería la continuación de la otra; y la última sería la que se cierre con mi vida.
A un hombre le es fácil escribir sobre sí mismo o el mundo mientras está emocionado con su vida, tan pronto como pierde la emoción, pierde esa facilidad. Mi problema no es solo la falta de emoción para conmigo mismo. Mi memoria, que en definitiva es lo que soy más allá de mi materia, se ha ido fragmentando; anchas grietas vacías separan unos recuerdos de otros, que al perder su concatenación cronológica los atenúa hasta convertirlos en vagas reminiscencias atemporales. El flash-back me sirvió durante algún tiempo para salvar del olvido algunos hechos, pero el caos se fue imponiendo y ya no puedo contar una historia. La unidad y el hilo que hace a toda narración me están vedados por un raro designio cósmico. Retazos sueltos sin conexión aparente es todo lo que puedo extraer desde los confines de una enjuta memoria que se estrecha inexorablemente y amenaza extinguir mi mundo.
Otras excusas me eximen del esfuerzo en escribir con cherencia y unidad:

La memoria es de suyo fragmentación, parcialidad, incoherencia.

La vida de un hombre debería ser narrada por más de una persona. Porque mentar su complejidad es demasiado para uno solo, máxime si lo que se pretende es hacer una autobiografía o un libro de memorias, que biene a ser más o menos lo mismo. Las memorias son apenas retazos de recuerdos con la impronta de la vanidad a flor de piel.

En mis escritos soy, al igual que Benjamin, más radical que coherente; no porque desdeñe la coherencia y ame la radicalidad (se diría más bien que es al revés), sino tan solo porque la coherencia me impone límites que se suman a los de mis capacidades intelectuales, a las de mi formación, y a las de las condiciones de posibilidad de la época en que vivo. Mientras que la radicalidad me ofrece, junto con la incoherencia, producir rupturas, aunque más no sean ínfimas y parciales, en los límites de que adolezco.

Poco importa lo que quiero decir cuando hablo o escribo, si el oyente o el lector siempre interpretará lo que quiera y/o pueda interpretar. En toda comunicación hay un umbral intersubjetivo que se impone entre el emisor y el receptor que es imposible soslayar o superar. Más que de umbral podríamos hablar de muro, de muro poroso que opera como filtro y que si bien no representa mayores problemas en la arista pragmática de la comunicación, sí lo hace en la arista artística y filosófica. El hablante o el escritor es libre cuando habla o escribe pero no cuando es interpretado, o sea, cuando su mensaje entra en la maquinaria interpretativa del receptor. Aquí se aliena y simultáneamente el oyente o lector se libera y crea; ¿qué crea? Su interpretación. En cuanto lector no suelo preguntarme qué quizo decir el autor, sino qué es lo que interpreto del entramado de signos que él me ofrece. De allí que sienta que soy más libre cuando leo que cuando me leen.

Dice Marguerite Duras: “Escribir no es contar historias. Es lo contrario de contar historias. Es contarlo todo a la vez. Es contar una historia y la ausencia de esa historia. Es una historia que ocurre por su ausencia”.

NO ES TAN DIFÍCIL COMO LO PINTAN CHE


La vida es fácil,
yo no sé porque carajo
se empeñan en decir lo contrario.

Vivir lo único
que requiere
es conseguir
algo de morfi,
un techo bajo el cual guarecerse,
unos trapos que nos tapen
nuestras vergüenzas u orgullos,
y una mina a la cual montar.

Y lo mejor de todo
es que estas cosas
se consiguen fácil;
cualquier saparastroso
puede lograrlo,
aunque los políticos digan lo contrario
para ganarse la atención de los perdedores.

Todos lloran porque
el sueldo no les alcanza.
Pues no trabajen y listo.
Siempre hay algún boludo
que lo hará por nosotros
y nos dará unas migajas
a cambio de mitigar un poco
la culpa que siente
por estar él un poco mejor que uno.

La vida es fácil.
Entre otras cosas la vida de vago.
La vida de vago te deja
mucho tiempo libre para hacer nada.
Y si uno invierte bien ese ocio
acaso consiga vivir toda su vida de los demás.

La mejor inversión para el vago
me parece que es la literatura;
escribir más que leer.
Siempre cabe la posibilidad
de que tengamos suerte
y alguien nos publique
y comiencen a caernos cheques y boletos de avión.
Y aunque no se puede
apostar a esto las bolas
sí es un número puesto
que le agrademos a una hembra
y al mostrarle nuestro “trabajo”
a ella se le caigan los calzones.

Las hembras siempre
andan detrás del talento,
y lo que es peor ( o mejor )
no tienen ni puta idea de lo que es el talento;
así que es fácil engrupirlas
con cualquier mierda.
Y si eso ocurre ¿ qué importa
ser publicado o no, si ella
se convertirá en tu mecenas
y te vestirá, te albergará, te alimentará
y todo eso, mientras vos
te quedás en casa panza arriba
todo el día mirando la tele
o leyendo a Buko,
el profeta y maestro?


































MARTES

Prendo un cigarrillo; cáncer en barra a menos de 0,20 centavos la unidad. Ayer nomás se me ocurrió que la mejor edad para empezar a fumar es la de 40 años. Suponiendo que la espectativa de vida es de unos 80 aproximadamente, a los 40 se está en la mitad del camino que conduce al eterno sueño. Ya para entonces se supone que se ha vivido, trabajado y hecho lo suficiente como para tener vivienda, ahorros, trabajo asegurado, esposa, ex esposa, amante, hijos y toda esa mierda, de modo que tras 40 años de sacrificios (vida intrauterina, parto, niñez, obediencia debida, estudios, trabajo, subordinación, etc.) uno se puede empezar a dar algunos gustitos de esos que hacen mal como ser el tabaco, el colesterol, el ocio y los estupefacientes, por lo menos en las dosis suficientes como para que la segunda mitad del viaje sea un poco más amena que la primera. Mientras que aquí en la primera mitad no me hallo, y encima me aburro, me consuelo pensando en todo aquello que me permitiré hacer en la otra mitad. El cigarrillo ya está casi consumido. Lo termino mientras espero que la pc se ponga en condiciones de dejarse usar. Abro un documento, transcribo algunas anotaciones y les doy forma para un futuro ensayo. El trabajo me come toda la mañana.




YO NO HICE NADA


- ¿Qué mierda mirás?- dijo Alex ligeramente molesto.
- Nada- musitó Andrea.
Alex le ciñó el talle y la besó. Andrea acortó el beso y lo inmovilizó con un abrazo ambiguo. Reposó sus ojos y su alma nuevamente en el vecino de enfrente. Estaba realmente guapo ese día, con sus bermudas de jeans hechas a mano y su camisa sin mangas de las cuales escapaban 2 brazos sutilmente poderosos, muy blancos y velludos. Alex la apartó un poco e intentó besarla nuevamente, pero Andrea lo evadió hábilmente so pretexto de tener obligaciones impostergables de las cuales debía desembarazarse a la brevedad.
- Está bien, te dejo por un rato…solo por un rato- dijo Alex.
Le besó los labios y se alejó. El vecino de enfrente ya no estaba a la vista. Andrea entró y pidió a su madre algo para hacer.
- Buen hico ese Alex ¿ no?- dijo la madre.
Andrea no contestó.
La madre miró por la ventana. El vecino de enfrente estaba en su reposera leyendo un libro de tapas anaranjadas.
- ¡Já! Que raro- comentó la madre- ahí está otra vez ese vago holgazaneando.
Andrea fue hasta la ventana y observó.
- Está leyendo- aclaró.
- Se está rascando las bolas- dijo la madre- ah hijo mío, sabés qué, de la primera patada en el culo lo mando…
- ¿De quién hablan?- dijo la hermana de Andrea trasponiendo el umbral.
- Del chico de enfrente- dijo Andrea.
- Del vago de enfrente- dijo la madre.
- Yo no creo que esté jodiendo a nadie- dijo la hermana.
- Sí que jode. Si todos fueran como él, el mundo acabaría siendo una zanja de barro podrido.
- El mundo ya es esa zanja de la que hablás- dijo la hermana.
- A vos no te gustará ese atorrante ¿ no?
Andrea miró a la hermana esperando respuesta. Su talante se había teñido de preocupación.
- Feo no es- dijo al fin.
- Dejémonos de boludeces- dijo la madre- vengan que tenemos mucho que hacer.
Andrea miró a su hermana con expresión incierta y luego a su vecino, que ajeno a todo cuanto pasaba detrás de la ventana seguía inmerso en su libro de tapas anaranjadas. Se alejó y fue a reunirse con su madre y con su hermana.

La tarde cayó estrepitosamente y con ella Alex. Andrea lo recibió fingiendo amor. El vecino seguía sentado en su reposera leyendo. Alex besó a Andrea. Ésta vio que su vecino la miraba e interrumpió el beso.
-¿Qué te pasa?- dijo Alex girando bruscamente hacia la casa de enfrente.
El vecino ya había reiniciado su lectura.
- Te pasa algo con el boludo ese ¿no?
- … ¿qué estás diciendo?
- A mi no me cagás. Siempre lo estás mirando.
- No grités que te puede escuchar.
- Que me escuche, que carajo me importa.
Andrea le acarició la cara intentando terminar con el follón. Alex la besó y le acarició el culo. Andrea se resistió a ambas cosas.
- Ves, ves, cuando ese hijo de puta anda cerca te hacés la frígida.
- No sé porque te metés con él sino te está haciendo nada.
- Ah, lo defendés encima. Qué ¿te gusta? ¿te calienta más que yo?
- Estás paranoico ¿ por qué no te vas a tu casa mejor?
- Ah ya veo. Te querés quedar sola para ver si se te anima. Vas a esperar al pedo porque es puto, ese condenado hijo de puta es un condenado puto. Se la come, le gusta el chorizo.
- Por favor bajá el tono que te va a escuchar.
- Y que mierda me importa.
- Estás alterado. Andate y cuando te calmes…
- Un choto. Ese trolo no me va a cagar.
El vecino levantó la cabeza y miró hacia el griterío.
- Vos grandísimo hijo de mil putas, te voy a dejar el culo más roto de lo que lo tenés- gritó Alex al vecino perplejo.
- Callate.
Alex se cruzó a la vereda del vecino. Éste se incorporó con la perplejidad dibujada en su lívida fáz.
- Vení, no te cagués.
- Alex por favor…

La gente empezó a juntarse. La hermana salió corriendo y se informó de lo que pasaba. El vecino salió a la puerta de calle. Cortésmente quiso preguntar que ocurría pero una plétora de golpes arteros se lo impidió. Se derrumbó en medio de un caos de chillidos femeninos y colores promiscuos.





















JUEVES

Hace tiempo que he dejado de mirarme al espejo. Un amigo, un buen amigo, me ha dicho que el que tiene percha no necesita mirarse al espejo pues todo lo que se pone le queda bien. Claro que yo soy de los que creen que la sensualidad es una cuestión más técnica que física. Por lo demás, pertenezco al abultado grupo de los que no tienen percha, y los que no la tenemos tampoco necesitamos mirarnos en el espejo, ya que todo lo que nos ponemos nos queda para el culo y es al pedo mortificarse a diario por propia voluntad.

LA GRAN FAMILIA QUE SOMOS

CAPITULO I

Y ahora me dicen que los servicios por mi prestados fueron buenos, mas no suficientes como para perdonarme la “traición” de hablar en contra del derecho de propiedad, la familia y la buenas costumbres. Esta empresa es como una familia, me dicen, y como familia intentó protegerte, pero se dio cuenta de que sos una causa perdida y hay otros miembros a los cuales proteger. La gente como vos, me dicen apuntándome con un dedo cargado de mala fe, son como una manzana podrida en un cajón, si no se la aparta a tiempo termina pudriendo el resto.
Me levanto y me voy. Abro la puerta y antes de trasponer el umbral me exhortan a esperar. Me vuelvo hacia la voz del que hasta hace unas horas era el dueño de mi tiempo. Este me dice con tono fraternal:
-Te dejaste llenar la cabeza flaco.-pausa meditativa-Si estás dispuesto a cooperar, si te comprometés a colaborar con esta empresa como un miembro más de la gran familia que es, rompemos ese telegrama de despido ya, los 2 juntos, y borrón y cuenta nueva.
Esperan respuesta, el trompa y el oreja que está a su derecha, el que me deschabó. Amago a irme pero me detienen.
-¿Y? ¿No vas a aflojar? Pensá en tu futuro. Afuera no hay nada para vos. Te estás cagando en las posibilidades que te estamos ofreciendo por ideales dañinos, que han fracasado en cuanto lugar se han implementado. Cuando recapacites te vas a arrepentir, pero ya va a ser tarde, muy tarde.
-Mis padres y yo somos una familia, y todos tenemos el mismo derecho a comer lo mismo en las mismas cantidades.
-Fenómeno, pero las jerarquías...
-Las jerarquías para lo único que sirven es para justificar que usted esté arriba y yo abajo. No confunda lo que es con lo que debería ser.
Sus ojos emiten furor. La conversación acabó. Mi “oportunidad” también. Abandono el recinto y voy por mis cosas a la planta de producción. En ésta algunos me despiden con lamentos hipócritas. Sus sentimientos son ambiguos aunque no lo confiesan. ¿Están tristes o asustados? Que mal que te hayan rajado che, me dicen con una palmadita en el hombro, y por dentro suspiran y se dicen a sí mismos, pero menos mal que no me rajaron a mí.
-¿Yahora que vas a hacer?-me pregunta Jose.
-Lo que todo aquel que escapa a la estructura: improvisar.
Me despido y salgo. A mis espaldas quedan 8 años de acatamientos, producción alienada, cumplimientos de horarios, cagadas a pedos, traiciones y sermones.
Ya en casa me doy un baño y pienso en todo el tiempo del cual dispongo de ahora en más. Miro la hora, son las 3 de la tarde y Sofi no regresa del laburo hasta las 6, más o menos. ¡Que sorpresa le voy a dar cuando le cuente que finalmente quedé en libertad!

Las cosas no fueron como yo lo había previsto. A Sofía no le gustó para nada lo de mi despido.
-¿Y ahora qué?-dijo cuando se repuso.
-Cepillada full time.
Me hizo una mueca de “no jodas”.
Tenía razón. Desde hacía meses que no cojíamos más de 2 veces cada 2 o 3 semanas. ¿Por qué la cosa habría de cambiar ahora? Cada vez teníamos menos sexo y del peor. Empero insistí.
-De en serio. Vení.
La atraje hacia mi y le agarré una teta, la izquierda. Se zafó con violencia y se alejó.
Hundió el rostro en el hueco de sus manos. Y estalló en sollozos discontinuos pero anhelantes.
-¿Y los hijos?-dijo.
-¿Los hijos de quién?
-¡Los nuestros!
-Hasta donde sé y, afortunadamente, no tenemos.
Rompió en llanto nuevamente.
-No entendés nada de nada.
Hizo mutis.
Fui por ella. Estaba en el dormitorio, tirada en la cama boca abajo. Su falda había trepado por sus caderas y dejaba ver su culo; la bombacha se hundía en una zanja profunda, obscura, maravillosa. Su blonda cabellera se extendía hacia distintos puntos sobre el cubrecama cual los brazos de un río. En mi mesita de luz había una botella de bourbon a medio terminar. Eché un trago.
-El tiempo pasa y ya no soy una pendeja ¿entendés?
-Tampoco sos una vieja.
-Pero no tengo tu edad. A mis ovarios no le quedan mucho tiempo de vida útil.
-En el peor de los casos unos... ¿15 años?
-Quiero ser la madre de mis hijos no la abuela.
-Pero ¿a qué tanto deseo de tener hijos? No los necesitamos. Acordate lo del perro. En menos de un mes ya nos tenía podridos y lo regalamos. A un hijo no lo podemos enajenar con la misma facilidad, entendés. Además un hijo trae mucho más complicaciones que un can o un gato. Por empezar salen más caros. Otra, tenés que lavarle el culo, cosa que a un perro o a un gato no, con levantar la mierda ya está ¿Querés más? Tenés que andar de acá pa´ allá cuando se enferman, cuando les va mal en el colegio, cuando se deprimen, cuando no les da bola la mina o el macho que aman, cuando se agarran a piñas... ¿querés saber más? Después de todo lo que padecistes, de lo que te privastes por el crío, éste no te reconoce nada, y si te tiene que dar una patada en el culo te la da sin vacilar. Un día mi tío sugirió en una reunión de íntimos que los hijos eran una mierda y las viejas hipócritas que estaban allí y hasta el momento la habían venido jugando de tolerantes y omnicomprensivas casi se lo comen crudo. Yo no supe entonces, ni sé ahora, por qué se escandalizaron tanto, si porque le tocaban a sus hijos o porque las tocaban a ellas como hijas. Lo cierto es que no conozco ser humano que en cuanto hijo valga la pena. Todos somos lo mismo, una mierda.
-Yo no me considero una mierda.
-¿No?
-No. Además no me preocupa lo que vaya a hacer conmigo mi hijo.
-A mí sí. No estoy dispuesto a hacer nada por alguien que me va a dar una patada en el culo a la primera de cambio.
-¿Es tu última palabra?
-Tal vez nunca más tengas que escucharme.
Tomé la botella y salí. Padre yo ¡já!

En la radio informaban que los saqueos habían comenzado. Los propietarios estaban alarmados. Las crónicas eran truculentas. Las calles estaban sitiadas por los vándalos y ya había al menos dos muertos. Las fuerzas de seguridad brillaban por su ausencia. No cabía duda: detrás de los voraces saqueadores había una conjura para acabar del todo con un gobierno de abúlicos y buitres, solo que la idea era cambiarlos por otros peores. Los conductores de las radios, tan contestatarios hasta entonces, ahora no podían disimular su preocupación. Ellos también habían contribuido a alborotar el avispero con sensacionalismos, mentiras, amarillismos y superlativos. Ellos también eran propietarios, (algunos grandes propietarios) y sus intereses estaban amenazados por un desborde social que nadie sabía donde terminaría.

Esa noche hicimos el amor. No hubo mucha pasión aunque sí mucha calentura. Y la cosa no estuvo mal.

Al día siguiente me desperté a las 6. Me encontraba de muy buen talante, no por el polvo de la víspera, sino por el día de ocio que me esperaba. Prendí la radio. La cosa se había puesto fulera. Los muertos ascendían a 11 y eran incontables los negocios saqueados. Las pérdidas materiales, únicas pérdidas que al parecer importaban, eran muy elevadas. Se hablaba de anarquía, de ingobernabilidad, de renuncias, de responsabilidades y de guerra civil. Los de las radios estaban alterados y llamaban a la calma. Los oyentes llamaban de todas partes del país y oficiaban de corresponsales de guerra, ad honorem, claro. En las rutas habían empezado a tomar por asalto a los automovilistas. A un conductor lo habían sacado de los pelos por la ventanilla; a una vieja la desmayaron a golpes. Los conductores radiales sin excepción premonizaban que los saqueos se extenderían a los domicilios particulares si el gobierno no imponía el estado de sitio y la policía no reprimía ya. Las palabras eran otras, claro está, pero el sentido era el mismo.
“(...) estos tipos son delincuentes, entendés Edu.-decía un oyente al conductor de una radio-Ya se rumorea que empezaron a entrar en las casas... y yo tengo una hija de 13 años. Mi piba es jamón crudo para estos hijos de puta.” “No pensemos que va a pasar eso”-tranquilizaba el conductor. “Yo quiero que te acuerdes de mi nombre nada más. Tal vez te enteres que morí defendiendo lo que es mío, con las botas y las pelotas puestas.”
Sofi me abrazó y me estrechó con femenina fuerza. Ella también temía ser cepillada a la fuerza por las hordas depauperadas. Aunque en el fondo lo deseaba un poco, solo un poco... creo.
Al mediodía sonó el teléfono. Sofía atendió y de mala gana me pasó el tubo. Era Cecilia, una antigua camarada del Partido Socialista Revolucionario al cual yo había pertenecido en mi adolescencia. Cecilia me dijo que el estallido social era la oportunidad para dar vuelta el sistema; que en el 89 la oportunidad no había sido aprovechada por la izquierda, pero que ahora la cosa había cambiado, que el PSR era inteligente y había estado esperando esta oportunidad desde su refundación en el 91, esta vez nada sería desaprovechado. Me exhortó a participar. “Plaza Husain 17:30, hoy”. No esperó respuesta. “Sé que vas estar ahí... sé que siempre estuviste ahí” “la era está pariendo un corazón...” canturreó y luego colgó. Ceci estaba notablemente contenta. Era joven, húmeda y estaba llena de ideales adolescentes.
-Tu amiguita te invitó a la joda ¿no?-dijo Sofi con sorna.
-Algo así.-contesté.
Agarré las llaves y salí.
-¡Pues no vas a ir a ninguna parte, entendiste! ¡Antes vas a tener que pasar por sobre mi cadáver, oís!
Yo ya estaba en la calle. Si estaba obligado a ser padre, estaba obligado a morir como un heróe peleando por un mundo mejor.
Los negocios estaban cerrados o semicerrados. Sus dueños y empleados esperaban ansiosos detrás de las persianas y observaban cada movimiento con recelo.
Sofi me alcanzó.
-¿Adonde vas?-inquirió.
-A saquear y romper, ¿dónde más?- respondí.

Anduvimos por el barrio y en todos lados la escena se repetía: negocios cerrados y dueños y empleados presos en sus propios lugares de trabajo.
-Quiero irme de éste país.-dijo Sofía con voz mañera.
-¡Justo ahora que la cosa se pone buena!
-Vamos a España. Mi tía conoce gente. Podemos conseguir trabajo con facilidad.
-Podemos volar por los aires con facilidad si a la ETA se le ocurre.
-Por donde vive mi tía no pasa nada.
-Yo me hundo con mi barco. Que evacuen las ratas y los cobardes.
Un transeúnte que caminaba delante nuestro se volvió hacia nosotros y me dijo:
-Yo evacuo ¿qué soy?¿rata o cobarde?
Tenía cara de ambas cosas. Podía ser una u otra... o las dos. Sin embargo no se lo hice saber. Tampoco me dio tiempo porque desapareció al punto.

Habíamos llegado a una esquina y esperábamos a que el semáforo nos habilitara el cruce. Me sentí mirado y volteé. No lo reconocí al instante. No porque no lo tuviera a mano en la memoria, simplemente porque no esperaba encontrármelo en ese momento y en ese preciso lugar. La contingencia suele sorprender, acaso eso sea lo único bueno que tiene la vida, después de que el sexo ha sido agotado por la rutina. Era Pancho, un ex compañero de laburo, al que habían despedido hacía un par de años por mor de un reclamo que encabecé. Pancho se me acercó con presura y me saludó eufóricamente con un abrazo.
-¡Es el momento!-gritó blandiendo el puño en alto.
Sofía lo miró con extrañeza. Sofía no lo conocía.
-Están acabando con todo. La izquierda está ayudando en la revuelta. También el peronismo...
Era cierto, los peronchos estaban laburando los barrios desde hacía meses.
Hacía mucho que no veía a Pancho ni tenía noticias de él, y a decir verdad no me importaba un ápice qué era de su vida. Pero de todos modos, mecánicamente le pregunté:
¿Qué es de tu vida, che?
-Tengo una nena boludo.-dijo lamentándose y meneando la cabeza.
En principio pensé que se refería a una minita, pero casi de inmediato me di cuenta que se refería a una hija.
La última vez que había visto a Pancho me había dicho como al pasar, y como si no fuera gran cosa, que había atropellado a una embarazada con el auto de un amigo. Este viajaba como acompañante más ebrio que una cuba sin conciencia de lo que sucedía. Pancho se había dado a la fuga, según me pude enterar luego, y había abandonado a la mujer que fue socorrida por los testigos del hecho. La policía fue al día siguiente por el dueño del auto que resultó ser el padre del amigo de Pancho, quien pensando que su hijo era el culpable, (el hijo también lo creía así puesto que Pancho nunca dijo la verdad, y él había estado lo suficientemente borracho como para recordar nada) se entregó y declaró culpable, eximiendo a su hijo de toda culpa legal, mas no espiritual. La mujer, se rumoreó, perdió al hijo que albergaba en su vientre tras debatirse entre el más acá y el más allá durante un mes o algo más de un mes. No conforme con esto Pancho volvió a las andadas al tiempo, y chocó con su auto contra el frente de una casa. El salió ileso, a excepción de algunos raspones y machucones de poca monta, pero su chica, que viajaba con él, fue a parar a terapia intensiva en coma 4 y la tuvieron que remendar con clavos de aleaciones de titanio y prótesis cuando logró escapar de la muerte después de meses de vegetación. Esta misma mujer era la madre de la hija de Pancho.
Pancho me contó que había estado trabajando como gasista hasta la bancarización de la semana pasada y que estaba pensando seriamente en irse a vivir a Brasil, donde su suegro, un comunista cansado de lanzar golpes en el vacío, estaba probando suerte como pequeño burgués alquilando cuatriciclos en la costa.
-¿Y vos?¿Seguís militando?-me preguntó.
-Ya no creo demasiado en esas cosas.
-¡Hijo de puta, me llenaste la cabeza de cosas en las que no creías!
-En aquel entonces sí creía. Es ahora que no creo.
-¿Y ahora qué hago con lo que me metiste en la cabeza?
-Usalo para seguir teniendo fe o metételo en el culo... y ahora que recuerdo ¿seguiste practicando lo de los pedos?
Pancho hacía cosas cojonudas con los pedos: aconcavaba la mano en el ojo del culo, soltaba un pedo y lo atrapaba cerrando la mano, luego la habría en tu cara y te lo hacía comer. También se acercaba un fósforo encendido al ojo del culo y largaba el pedo, el cual acrecentaba la llama del fósforo. Este último truco yo no lo había presenciado, pero Pancho me había jurado hasta el cansancio que en verdad funcionaba y que para comprobarlo no tenía más que intentarlo. Nunca lo hice, aunque algún día tal vez lo intente.
Pancho no me contestó lo de los pedos, pero me contó algunas otras cosas que no dejaron de azorarme. El estaba acabado, tal vez en algunos años yo también lo estaría, si es que no lo estaba ya.
Evadí toda propuesta de un reencuentro. Pancho siempre me había disgustado, no porque no le tuviera afecto, sino por su susceptibilidad a la manipulación, al control, al engaño. El era el arquetipo del hombre crédulo y manipulable; y por si fuera poco, a esto se le agregaba una tendencia al fanatismo más nefasto, más estúpido. Pancho hubiese estrellado un avión contra un rascacielo de haber conocido a Bin Laden antes que a mí.


CAPITULO II
“... y los gusanos ya le agradecerán lo bien que comió”
La Polla Records

Cuando llegamos a casa estaba la hermana mayor de Sofía esperando en el pasillo: blanca, firme, cachonda, como toda hembra en el cenit de su vida.
-La vecina me dejó entrar.-dijo.
No preguntamos qué vecina.
-Te estuvimos llamando y nadie respondía. No sabés lo que pasó.
Entramos y Sofi puso la pava en el fuego.
-¿Té, café, mate...?-dijo como si no le importase en lo más mínimo lo que su hermana tenía para decir.
Nadie respondió.
-Asesinaron al Turco.-dijo Rebecca esperando conmover.
Y lo logró. Sofía pidió explicaciones.
-Entraron a saquearle el negocio y salió a los tiros con un 38. Los chorros también tenían lo suyo y lo boletiaron... sin piedad, como a un perro.
Sofi no salía de su estupor; el Turco era desde hacía años su pareja de baile (creo haber mencionado que Sofi era además de actriz, bailarina de tango). El Turco era un crápula de esos que lucrarían hasta con el aire si pudiesen. Las no pocas veces que nos vimos no escatimamos discusiones acerca de la humana esencia de la economía o la económica esencia de la humanidad. Las controversias siempre terminaban en lo mismo, indefectiblemente: el Turco, con el cinismo que siempre lo caracterizó decía, “como quieras que sean las cosas nosotros estamos arriba y ustedes abajo. Si se meten en el lugar equivocado van a terminar como siempre, boca arriba, 3 metros bajo tierra y sin extraumanción ni epitafio je,je.”
El Turco tenía varios hijos, pero no más de 1 con la misma mujer. Todas habían soportado el matrimonio y los golpes y los malos tratos el tiempo suficiente como para quitarle algo de dinero.
Sofía se puso a llorar; el Turco le caía bien pese a todo lo porquería que era. Tenía ese chamuyo propio de los comerciantes de cepa, que si bien no convence al menos anestesia. Sofía siempre había estado expuesta a ser convencida, anestesiada o confundida con facilidad. Siempre escuchaba con atención lo que el Turco tenía para decir, y asentía todo cuanto éste decía. Si no fuera porque el Turco contaba ya unos cuantos años creo que habría sentido celos y hasta desconfianza de esa relación.
-La mujer debe estar... digamos... contenta ¿no?-dije.
-¿Cómo puede estar contenta en una situación como ésta?-dijo Rebecca acompañando cada palabra con hermosos tonos y mohines de desprecio.
Sofi lloraba y lloraba.
-Bueno, es joven y hereda una buena guita. Y además todos sabemos lo que era el Turco. Creo que a la viuda le salió redondo.
-Insensible.-dijo Sofi y retomó el llanto.
-Imbécil.-musitó Rebecca.
-Te oí.
-Me alegro.
La pava silbó. Sofía se levantó y fue a la cocina.
-¿Qué te preparo?-le dijo a su hermana.
-Nada. Me voy.-contestó ésta despegando su hermoso culo de la silla.
Encaró para la puerta y Sofi le abrió. Ambas salieron. Rebecca no me saludó.

CAPÍTULO III
“Ya es hora de actuar por nuestra cuenta,
ya está bien de decir que esto es mierda
y no hacer nada por cambiarlo,
¡resistencia antiestatal!”
La Polla Records

Por la noche comenzó una manifestación espontánea en la ciudad que consistía en golpear cacerolas. Lo que los medios denominaron el cacerolazo. Todos acogieron ésta manifestación con exultación, credulidad y buena fe. “Los argentinos nos pusimos los pantalones largos” decían algunos; “los argentinos hemos salido del letargo” decían otros. Pero esta manifestación pacífica que devino violenta cuando un pequeño grupo de activistas y de oportunistas tomó las riendas; esta manifestación espontánea y nueva en nuestra tierra que logró hacer que dimitieran primero el ministro de economía y luego el presidente de la nación; ésta manifestación que tantas esperanzas y buenos augurios suscitó en las almas de mis compatriotas, no era otra cosa que una protesta acéfala y desesperada de un sector social al que hasta entonces jamás le habían manoseado las partes púdicas con tanta impericia y descaro y que nada sabía de militancia, compromiso y elaboración de proyectos sociales: la puta clase media. Ésta clase media embrutecida por décadas de práctica exitosa del lucro rapaz y condenada ahora a una progresiva e inexorable depauperación por causa de la recesión en ascenso, la falta de financiación externa, el impuestazo, y como si fuera poco el congelamiento de los depósitos bancarios y los saqueos salía despavorida a las calles a decir basta de la única forma que sus cabecitas de pájaros se lo permitía: golpeando cacerolas. El apartidismo y el antipartidismo, el no compromiso y la indiferencia a todo lo que no fuera del interés de la clase media era motivo de jactancia entre estos hombres y mujeres de visión estrecha y cosmovisión nula.

El cachengue comenzó tras el sorprendende discurso presidencial. Sorprendente por la indiferencia manifiesta hacia la situación. Aunque se fue gestando durante toda la noche del cacerolazo, cuando algunos ex camaradas y algunos delincuentes comunes se acercaron a Plaza de Mayo y se mezclaron con los espontáneos caceroleros.
La represión comenzó para desconcentrar a la gente. Debían defender a La Rosada y a sus eventuales prisioneros: el presidente y sus secuaces. Afuera pedían las cabezas de los que estaban adentro. Las fuerzas armadas se habían negado a reprimir ejemplarmente. La policía era la única dispuesta a salvar el culo de la clase política. La izquierda no dio cuartel. Los camaradas estaban dispuestos a tomar por asalto La Rosada.
Con Sofi escuchábamos la radio y veíamos las imágenes como si se tratara de un documental del octubre rojo. Yo quería ser protagonista. No me alcanzaba con ser un mero espectador.
-Me voy a Plaza de Mayo.-dije.
Sofía dio un respingo y empezó a reñirme.
A la policía se le habían acabado las balas de goma y ahora estaban usando balas de plomo. Ya había un caído.
-¡Estás loco, loco, loco!-gritaba mi mujer.
Salí.
-¡Si te vas me mato!
-Hacé lo que quieras. Pero no ensucies la alfombra.

En el bondi me encontré con gente que también iba para Plaza de Mayo. Hablamos. En todo momento intentaron justificar la violencia de los que luchaban contra la policía. Justificaban por anticipado sus propias acciones. Yo por el contrario no necesitaba justificar ni a unos ni a otros, es más, no iba ni por unos ni por otros. Iba a la guerra para ser protagonista y morir como tal. Nada más que eso.

No pude llegar a Plaza de Mayo, pues los activistas se habían replegado y cedido varias cuadras a la policía. La atmósfera era sofocante. Los gases espesaban la respiración y nublaban la visión. Un tipejo retacón que se cubría la cara con la remera me dio unas piedras.
-Están a menos de 2 cuadras.-me dijo.
Cerca nuestro estaban apostados 2 movileros, filmando el preciso momento en que saqueaban una tienda de ropa femenina.
-¡LA CANA!-estalló un grito.
-¡LA CANA, LA CANA!
-¡VIENEN, VIENEN!
A menos de 100 metros marchaban las fuerzas policiales, homogéneas y decididas. Se sabían superiores en fuerza a nosotros. Las sabíamos superiores en fuerza a nosotros. No sé quien arrojó la primer piedra, pero seguí con la vista su impecable trayectoria y su impacto furibundo contra la masa uniformada. Las detonaciones bramaron al instante y comenzamos a dispersarnos. Yo tenía los 2 pesados pedazos de baldosa, uno de ellos tenía forma de triángulo escaleno, y me lo reservé para cuando estuvieran más cerca. Arrojé al montón el otro. Un uniformado cayó tomándose la pierna derecha. ¿Había sido mi proyectil el responsable? Una alegría inexplicable exacerbó de súbito mi alma. Quería más. Necesitaba más, MÁS.
Homogéneamente avanzaron hacia nosotros, aunque guardaban una distancia prudencial. No estaban dispuestos para la lucha cuerpo a cuerpo. Nosotros éramos jóvenes, atléticos, aguerridos, ávidos por guardar en nuestros anecdotarios una cabeza rota de uniformado por nuestras propias manos o algún trofeo de guerra. Ellos en cambio eran una plasta de mierda, con sus michelines y barrigas excesivamente grandes, sus varios y pesados años sobre sus cansados hombros, sus articulaciones entumecidas, y sus almitas encogidas por años de adiestramiento para la protección de intereses que no son los suyos, y hasta contrarios a los suyos.
Los gases empezaron a contaminar la atmósfera y a hacerla inrespirable. Retrocedimos unos 50 metros y nos abroquelamos. Otros camaradas se nos unieron. Venían de distintos puntos ganados por el “enemigo”. Empecé a rumiar la idea de que si esos puntos ganados por la policía estaban en derredor nuestro y la policía se lo proponía, seríamos fácilmente fagocitados o, en el peor de los casos, quedaríamos a merced del fuego cruzado. Ésta idea comenzó a inquietarme grandemente cuando las filas de uniformados que nos habían hecho retroceder se detuvieron en el terreno ganado y se plantaron allí, como a la espera de algo.
Cascoteamos a discreción. Utilizaron los escudos y sus cascos para protegerse y alguna que otra bala al montón para atenuar la ofensiva, pero nada más. Un móvil periodístico se acercó y se dispuso para registrar los acontecimientos. Sentí como si todo cuanto ocurría fuera parte de un film rodado desde el anonimato por algún genio, como en “Truman show”. Pero ¿quién era Truman aquí, yo o el tipejo que me había pasado las piedras, una de las cuales (la de forma triangular) aún conservaba, y que en ese momento se acercaba a mí y rompía un baldosón golpeándolo con un gran cascote? Eso no importaba por el momento más que la posibilidad de que fuéramos rodeados. Me acuclillé y le dije al tipejo que había canas en los alrededores y que venían hacia nosotros por los flancos y la retaguardia. El tipejo me miró con incredulidad; su cara ya no estaba cubierta por la remera aunque sí por una copiosa y tupida barba azabache. Su porte, su barba, su bizarría me recordaron a aquel personaje de “La madre” de M. Gorki, Michel Vlassov, “... sombrío, velludo, de ojillos desconfiados bajo espesas cejas...”, había dicho de él su creador.
-¿De dónde salió eso?-dijo adusto, con vos acatarrada.
-Lo acaban de decir por la radio.-mentí.
Cayó en la cuenta de lo que eso implicaba y comenzó a dar alaridos de retirada. Nadie entendía nada pero cual ovejas seguían a su pastor. Bajamos varias cuadras y la policía corrió tras nosotros. Pasó un rato y pudimos ver como las filas del enemigo crecían. Eso fue suficiente para pensar que no me había equivocado.
Los tiros comenzaron nuevamente, esta ves eran muchos y muy disuasivos. Nosotros también respondíamos despiadadamente, pero los gases nos hacían perder terreno.

Fue casi como una vivencia onírica. Un flaco de no más de 24 años, en cueros se desplomó a mi lado. De su pecho empezó a emerger un denso líquido ocre. Un rictus amargo demudó el semblante de aquel joven de cuerpo esbelto y endeble. Al punto, como buitres a su presa ya indefensa, 3 fotógrafos se acercaron y tomaron fotografías desde distintos ángulos. Todo aquello era magnífico, la muerte, los gases, las balas afeitándonos el culo y amenazando nuestras vidas, y aquellos cerotes con sus cámaras fotográficas de 800 o 900 dólares seccionando la situación en unas cuantas tomas infames. ¿Qué títulos les darían a sus diversos retratos del mismo hecho? ¿Cuánto ganarían a costa de la muerte de ese otro que yacía en el pavimento duro, frío, sin esperanza alguna? ¿Cuáles serían las notas al pie de cada una de las fotos?
Todo aquello me iluminó. En ese momento vino a mí un único deseo: convertirme en fotógrafo. Solté las piedras que tenía en las manos y tomé de mi cintura la de forma triangular; me acerqué lo más que pude al “enemigo”, apunté y lancé. El triángulo chocó contra el pecho de un lanzagases que se desmoronó al instante. Sí, yo estaba hecho para aquello, pero la imagen fotográfica que se me imprimió del impacto y la consecuente caída era tan bella que lamenté no haber tenido en ese momento una cámara. Dí la vuelta y tranquilamente abandoné aquel sitio de polis, muerte, militantes y fotos.

Cuando llegué a casa, tras haber viajado con personajes de distinta calaña que se contaban sus azañas en el microcentro, mi mujer estaba llorando. Su hermana, erguida, pródiga en delicias, magnífica, la consolaba diciéndole que yo no valía la pena.
-Quiero ser fotógrafo.-dije.


CAPÍTULO IV
“desnudémonos pues como viejos amantes, que lo mismo de siempre nos queda delante”
Silvio Rodríguez

Rebecca no fue nada cortés conmigo, aunque sí muy femenina cuando me arañó toda la jeta y me mordió la ingle. Me dijo que yo era un desconsiderado y un egoísta y que no entendía cómo su hermana se había fijado en mí. Y pensar que yo casi pierdo los huevos junto a mis camaradas para que ella lo viera por tv chupando mate y comiendo biscochitos de grasa.
-Quiero ser fotógrafo.-repetí.
-Si no querés seguir sufriendo de éste modo,-le dijo Rebecca a su hermana-andá pensando qué hacer con lo que sentís por éste.
Dicho esto se levantó y fue hacia la salida.
-Putilla.-le dije cuando pasó por mi lado.
-¿Qué dijiste?-gritó.
-¿Yo? Nada.
Vino a mi y me abofeteó. Intenté defenderme. Lanzó un zarpazo que me cruzó la cara en forma diagonal. Intenté sujetarla pero se safó dejándose caer y me mordió la ingle.
Lancé un grito.
-Ya basta.-ordenó Sofi.
Rebecca se incorporó, arregló su pelo y salió.
-Ya nos volveremos a ver.-dije amenazante.
Se volvió y me mostró el dedo mayor.
Rebecca no conectaba conmigo desde siempre, solo que comenzó a manifestar su venenosa hostilidad después de aquel día de diluvio en el que fui por Sofi y solo la encontré a ella. Estaba con un batón que apenas le cubría los muslos, dejando ver mucha carne e insinuando mucha más aún. Yo estaba empapado y trepidante. Ella me hizo pasar y me dio una toalla para que me secara y unas ropas del que entonces era su prometido y hoy su esposo. Desnudé mi torso delante de ella y me sequé. Ella se me acercó y con una toalla más chica me secó la cabeza suavemente. Yo creí que era la señal, ustedes saben: la soledad, la desnudez, el batón que dejaba ver más carne de la permitida, la toalla secando mi cabeza ¿qué hubieran hecho en mi lugar sino empalmarse y darle pa´ que tenga? Con la picha más dura que mi cráneo y pujante como el paso del tiempo la tomé por los brazos y le zampé un beso. Sentí como mi lengua se abría paso dentro de esa boca jugosa, suave como la espuma del mar. Sentí como su resistencia, activada en el momento del asalto desfallecía, se atenuaba y se dejaba hacer. Aquello no duró mucho. Cual si entrara en sí después de un corto desmayo, me rechazó con fuerza y blasfemó. Yo arremetí. Subí su batón y manoteé aquel capullo velludo, y vulvoso escondido tímidamente en una bombachita de encaje rosada. Pude darme cuenta de una incipiente humectación que aboliría su voluntad de un momento a otro. Forcejeamos. Rebecca logró liberarse y me atizó con el puño en un ojo. Una procesión de chispitas de colores desfiló ante mí.
-Hijo de puta.-gritó acomodándose la ropa-Te voy a denunciar, se lo voy a decir a mi hermana. Esto no va a quedar así.
Corrió hacia el teléfono.
-Voy a llamar a la policía.
La detuve. Sin querer le agarré un seno.
-SOLTAME, SOLTAME.-gritaba.
En ningún momento pareció histérica. Aquello era magnífico. Tenía clase, vaya si la tenía.
-Esperá.-ordené. Y le dí un sacudón.-Esto fue un malentendido.-busqué y rebusqué una estrategia defensiva eficiente, a la velocidad de una pentium VIII.- Y vos sos tan culpable como yo.-acusé- ¿Qué te pensás, que soy de fierro? Me recibís casi en pelotas, tu hermana no está, me hacés pasar, y dejás que me desvista en tu presencia. ¿Qué esperás que piense cualquiera?
-Sos un desubicado.
-Contémosle a Sofi cómo pasaron las cosas y que ella juzgue quien es el desubicado.
No dijo nada. Recapacitó.
-Vamos, dejemos esto ya y volvamos a ser amigos.
-Yo tuya no quiero ser nada.
-Esta bien. Pero pensá que tu hermana me ama y que le va hacer mucho daño si se entera de esto. Pensalo bien antes de tomar cualquier decisión.
Fue a la puerta y la abrió.
-¡FUERA!-ordenó.
Salí, con el torso desnudo. Rebecca me tiró a la cara mis trapos mojados y cerró la puerta dando un golpe.
Esa noche Sofía me telefoneó. Me dijo que su hermana le había dicho que yo había andado por allí y al no encontrarla me marché y que estaba hecho una sopa. ¿Cómo lo dejaste ir empapado sin ofrecerle alguna toalla y ropa seca? Le había dicho Sofi a Rebecca, a lo cual ésta contestó con otra pregunta: ¿Qué hubieras pensado si llegabas y lo encontrabas acá adentro secándose o cambiándose de ropa? Tenés razón, había contestado Sofi, seguro que nada bueno.

CAPÍTULO V
“Cuando la casca algún aristócrata,
su funeral es un nido de hipócritas...”
La Polla Records

Le conté a mi mujer lo que me había sucedido, lo del caído, lo de las fotos y el descubrimiento de mi vocación.
-¿Cómo podés saber que es eso para lo que estás hecho? Te fuiste de acá revolucionario y volviste fotógrafo. Me parece muy poco serio de tu parte.-dijo la lúcida Sofi.
-No estoy diciendo que estoy hecho para eso, solo que es lo que siento ganas de hacer.
-¿Y la revolución?
-No existe, ni siquiera como posibilidad. Allá, tirando piedras, me dí cuenta de eso. Nosotros no éramos el pueblo, ni siquiera éramos representativos del pueblo o de una parte, por ínfima que sea, de él. No éramos otra cosa que un atajo de pendejos insatisfechos que no saben cómo resolver sus propios conflictos.
-El presidente renunció.
-Es lo único sensato que hizo en todo éste tiempo. No existe cerebro en el mundo que sea capaz de resolver los conflictos que enfrentan a los hombres entre sí y consigo mismos, y él no era lo que se dice un iluminado. Por eso yo elijo la fotografía. Porque por medio de ésta podés captar un instante cualquiera, abstraerlo y manipularlo a voluntad. La primer foto que saque llevará como título “LA FELICIDAD” y no será otra cosa que un primer plano de alguien riendo. No importará cuan hipócrita o jactanciosa sea la expresión del riente, lo que importará y sobremanera, será lo que yo induzca a pensar con el título, porque la palabra se impone a la imagen; desde la palabra se crea un mundo paralelo en el cual se vive. Con la palabra se cura, se vive y se educa.
Sofí empezó a aplaudir burlonamente.
-¡BRAVO, BRAVO! Y la plata para la cámara, y la plata para el curso ¿de dónde la sacamos? Porque hasta donde yo sé usted se quedó sin trabajo; se quedó sin trabajo por defender una causa en la cual dejó de creer apenas sacó los pies de la fábrica, si es que alguna vez creyó en algo.
-De lo primero me encargo yo. Y en cuanto a lo de si alguna vez creí en algo te cuento que sí, que alguna vez creí en algo, en que a tu lado alguien podía ser feliz.

Esa noche velaron al Turco. Sofi no quiso dejar de ir y no tuve más remedio que acompañarla.
El Turco se veía guapo en su cajón... Le habían acomodado la cara de tal manera que ya no había vestigios de aquel aire de hombre de mundo desdeñoso y ufano. ¿O acaso era la ausencia de su mierdosa alma la que había borrado de aquel cuerpo inerte esa marca tan característica?
La viuda se esforzaba por llorar lo más naturalmente posible. Nos acercamos le dimos el pésame. No preguntó quienes éramos, tampoco se lo dijimos. La viuda no estaba nada mal, de hecho tenía más tetas y mejor culo que mi mujer. Acaso también cojiera mejor.
Junto a un hombrecillo de escasos pelos color ceniza que había visto en varias oportunidades pero no sabía quien era ni me interesaba saberlo, estaba Rebecca. Circunspecta, serena, con la expresión de dolor que exigía la situación. Tal vez por lo convencional de tal expresión, por lo estereotipada, e irrisoria fue que sentí esa repugnancia propia de cuando pisas mierda descalzo.
Me acerqué a la viuda y le convidé un cigarrillo y luego fuego para que lo encendiera. Fumamos y hablamos de esto y aquello. La puta estaba muy buena.

CAPITULO VI


A Sofi la había conocido en un teatro,durante el intervalo. Desde entonces comenzamos a vernos periódicamente sin excusas ni motivos. Pasábamos días enteros hablando frivolidades o simplemente callados fumando y bebiendo. Un buen día convenimos en que sería una buena idea hacer el amor en un buen hotel, en una buena habitación. Desde ya yo no tenía mucho dinero, nunca lo tuve, y entonces hicimos una vaquita y nos fuimos a cojer a un hotel de primera con hidromasaje y todo. Ese día comenzó un romance motivado sólo por el sexo, que duró lo suficiente como para que cada cual se creyera propietario del otro.
La pasábamos bastante bien juntos, pero solo al principio. El buen sexo era nuestro único lazo fuerte. Las cosas se fueron desmadrando de a poco porque no había amor. Por otro lado el dinero escaseaba y eso no ayudaba, aunque si tenés al lado a alguien entretenido no necesitás tener dinero para pasarla bien. Recuerdo al respecto una familia en San Clemente que conocí el verano pasado y que tenía 8 hijos, todos chicos. El padre los conformaba con una pelota y con las olas todo el día. Por la noche los encontrabas en la peatonal paseando, solo la pareja, sin los críos; estos estaban tan fisura después de todo un día de juegos de playa que por la noche se quedaban torrando en el hotel sin joder a nadie.
Pero no era el caso de Sofi. Ella era muy aburrida y chillona. Todo en mí le molestaba. Quería hacerme a su imagen y semejanza y no me dejaba pasar una. Las broncas eran moneda corriente en nuestra vida. Me decía que yo era un cínico y un hijo de puta al que no le importaba nada de nada. Cuando la cosa se ponía muy densa yo me iba por ahí a emborracharme y buscar putas para saciar mi sed. Pasaban unos días y volvía a casa sin un mango y lastimado por las peleas callejeras que a veces yo mismo provocaba. Y todo volvía e empezar: las broncas, los insultos, y mis giras etílicas.


CAPITULO VII

Lo del turco pasó; Sofi hizo su duelo y al tiempo pudo olvidarse parcialmente de él. En la cómoda del comedor, no obstante, puso un portaretrato con una foto horizontal en la que estábamos el Turco, Sofi, un importante cantante de tango y yo. Me agradaba aquella foto. Todos parecíamos muy felices; y lo éramos. En las incontables reuniones nocturnas que pasamos juntos, bebiendo, fumando y manyando como tiranos persas habíamos aprendido a querernos y a tolerarnos. También a necesitarnos. Ahora era yo el que extrañaba al Turco. Era una porquería de ser, pero me divertía mucho a su lado y debo admitir que su partida dejó un vacío en mi vida que difícilmente pueda ser llenado por alguien más.

El presidente dimitió y abandonó la casa de gobierno en helicóptero. Las imágenes de ese suceso recorrieron el mundo y dieron cuenta una vez más de que la Argentina era como esas niñas bonitas caprichosas e histéricas. Cinco presidentes en una semana, default, devaluación, y muertos mediante yo conseguí el dinero para mi cámara después de una sistemática lamida de culo a mi vieja. Pero la salida de la convertibilidad nos arruinó y en un abrir y cerrar de ojos me encontré con que el dinero que había obtenido ahora valía la mitad. Por otro lado Sofi le prestó a su hermana unos ahorros en dólares que ésta devolvió luego de la salida de la convertibilidad en pesos al valor nominal. Osea que la recagó. Sofi no dijo nada, y yo no pude hacer mucho. Fueron tiempos malos en todo sentido. Los camaradas tan decididos como estaban a no abandonar las calles de la city porteña tuvieron que evacuar como ratas cuando Duhalde se puso a la cabeza del gobierno y arribó a la ciudad con varios micros cargados de peronchos bonaerenses. Con esos no había joda. Eran muchos, eran más fuertes que cualquiera de nosotros y estaban muy bien preparados. Una vez más quedó demostrado que el peronismo era la fuerza política hegemónica del país y que no había otra capaz de hacerles el aguante.
El dinero que había conseguido para la cámara fotográfica un buen día se quemó casi en su totalidad. Y digo se quemó en un sentido literal.


CAPITULO VIII


De un día para el otro a Sofi dejó de funcionarle el coño: perdió sensibilidad y dejó de humedecerse y de desear.
Consultamos el servicio de disfunciones sexuales del hospital D. Allí dijeron que físicamente todo andaba bien y que ellos no podían hacer nada y la derivaron al psicólogo. La primera cita fue un miércoles. Sofi dijo que “su” psicólogo le había dicho que el problema de su coño pasaba por la falta de confianza hacia mí y la inseguridad que yo le generaba.
Una tarde se me prendió la lamparita y compré 3 botellas de buen tinto y una bolita de chala de buena calidad. Por la noche preparé una cena romántica con velas y todo eso. Comimos en el cuarto, ya que a Sofi le encantaba hacer cosas importantes en la cama. El peceto no me salió muy bueno pero Sofi se veía muy feliz y le brillaban los ojitos como si quisiese llorar de la emoción. Bebimos mucho. Mi intención era embriagarla y marihuanearla para que su coño empezara a funcionar nuevamente. Me preguntó de donde había sacado el dinero para comprar el vino y le dije que me lo habían dado como adelanto de pago de unas monografías que debía preparar para más adelante. En realidad el dinero lo había sacado de lo que mi vieja me había dado para la cámara, pero no se lo dije para no arruinar el momento. Cada botella me había costado $37 y eso era demasiado para nuestra desvencijada economía. No obstante el momento casi se arruina cuando saqué del cajón de mi mesita de luz dos fasos liados y listos para ser fumados. Sofi odiaba cualquier tipo de droga y se encabronaba mucho cuando yo consumía algo de eso. La convencí de que era solo por aquella noche y lo aceptó pero se negó a fumarse el suyo. Encendí el mío y pegué un par de secas profundas. Sofí se echó otro trago de vino y algo en ella se activó. Me agarró una mano y empezó a chuparme los dedos. Puse el porro en mi boca y con la mano libre amasé sus senos. La marihuana empezó a hacer efecto. Estaba cachondo y feliz. Sofi también parecía cachonda y feliz. Descubrió sus tetas y me las ofreció para que las besara. Mientras lo hacía ella se fue quitando la ropa hasta quedar completamente desnuda. Estábamos en penumbras, solo iluminados por las velas. Sofi llevó una de mis manos a su vulva y yo jugueteé con ella un buen rato. Se retorcía como un pez fuera del agua, el vino o el romanticismo había funcionado mejor de lo esperado. Sofi entró en extasis y con su agujero húmedo empezó a buscar mi virilidad enhiesta. Cuando la encontraba yo la quitaba de su alcance de inmediato a fin de que su deseo creciera y creciera. Entonces agarró la segunda botella de vino y se lo arrojó sobre su sexo para que yo me embriagara en él. Fui a lo mío, su amor veneris estaba asaz inflamado. Eso me gustó y me excitó más. El gusto a chocho y buen vino mezclados es como una suerte de ambrosía, solo reservada a los dioses y a algunos desgraciados con suerte como yo. Sofí hundió sus uñas en mi cuero cabelludo sin darse cuenta de que me hacía daño. Ya estaba fuera de sí, y si no la penetraba acabaría sin darme tiempo de acabar a mí.
Cojer marihuaneado es garantía de buen sexo, pero bastante peligroso. Yo no sé cómo porque estaba muy loco en ese momento, pero vagas imágenes vienen a mí cuando fuerzo la memoria para recordar. El faso se había apagado y antes de penetrarla decidí encenderlo y darle algunas pitadas. Acaso una ceniza, acaso una hebra de chala encendida, no lo sé, cayó sobre el matorral de Sofi y al punto comenzó un incendio forestal más grande que aquel de Bariloche durante la gestión de María Julia. Sofi no se dio cuenta de inmediato, no sé si porque el alcohol la había anestesiado o porque confundió ese calor con el de la excitación suma. Yo por mi parte estaba tan fumado y perplejo que tardé en reaccionar; y no fue sino hasta que Sofi se dio cuenta y empezó a rodar sobre la cama que sali de mi ensimismamiento. En la desesperación manoteó una de las velas que al caer empezó a incendiar las sábanas, y no conforme con eso fue a por mi mesita de noche. En pelotas corrimos a buscar tachos con agua y tras un buen rato de labor intensiva logramos sofocar el fuego. Pero ya era tarde para las sábanas, el colchón y mi mesita de luz con todo lo que en ella había: chala, papeles varios y mi devaluado dinero para la cámara.
Contemplando el desastre percibí el olor a pescado quemado que emanaba del sexo de Sofi.
-Debí preparar un pescado al horno-dije-el peceto no estaba del todo bueno.
CAPITULO IX

Sofía, su chocho chamuscado y yo fuimos a dar al Instituto del Quemado. Allí inspeccionaron las quemaduras y dijeron que tenía solución. No obstante eso llamaron a la policía. Pensaban que había sido un atentado pasional o algo así. La poli llegó más rapido que de costumbre.
-Este es el agresor?- le preguntó uno de los canas al médico.
-Sí, ese sujeto con cara de demente.-dijo el médico señalándome.
Los polis se acercaron a mí y uno me preguntó el nombre y apellido.
-CARLOS BUKOWSKI-dije.
-Es usted judío?
-Tiene usted algún problema con que así sea?
-Aquí las preguntas las hago yo, entendió señor Buko no se cuanto?
-No soy judío, si eso lo tranquiliza.
-Como carajo se supone que se escribe su apellido?
Le deletreé el apellido y el poli anotó.
-Dígame su profesión u ocupación, por favor.
-Escritor alcoholico.
-Queee? Es usted escritor o alcoholico?
-Soy escritor de profesión y alcoholico de ocupación, o viceversa si lo prefiere.
-Me está usted tomando el pelo señor buko... w-ski?
-Tiene algún problema con mi apellido?
-Es un apellido espantoso, usted es un ser espantoso.
-Es de origen alemán.
-Su nacionalidad es alemana?
-No, soy argentino.
-Permítame su documento por favor.
Le di mi documento.
-Aquí dice que usted es Iván Lissandro Barrios.
-Sí, también soy ese.
-Intenta usted burlarse de la autoridad señor Barrios?
-No señor autoridad.
-No me gusta su tono señor Barrios. Puedo detenerlo por atentar contra la persona de su amante, lo sabía?
-Yo no atenté contra ella, solo contra su chocho.
-Se dedica usted a incendiar vaginas señor Barrios?
-No, pero en el futuro tal vez lo haga. Fue divertido.
-Tiene usted algo en contra de las vaginas señor?
-Sí, siempre intentan tragarse mi miembro oficial.
-Es usted un lunático o solo un idiota?
-Tal vez ambas cosas oficial.
-Bien señor quemaconchas, usted me tendrá que acompañar a la seccional.
-Oiga, yo no soy peligroso para terceros.
-Eso lo determinarán los especialistas. Puede que usted sea un piromaníaco sexual y lastime a alguien más.
-Oiga, fue solo un accidente.
-Caminá- dijo el poli que había permanecido callado hasta entonces.
Me dio un empujón y me condujo hacia la salida. Sofi seguía en observaciones y no pudo declarar hasta el día siguiente.


DOMINGO

Una turra viejo!, una turra! Pasea sus pesones en mi jeta y no me los deja morder. Ve la desesperación tranfigurando mi cara. Lo goza, su fantasía masturbatoria se alimenta de mis pajas. Finjo indiferencia para no seguir inflando su ego gratuitamente. Fallo. Mis ojos tienen voluntad propia y se posan sobre esas tetas redondas y turgentes.
NOTA: ¿Habrá florecido ya su triangulito?










VIERNES

Casi tres mil libros reposan en los poco elegantes anaqueles de mi biblioteca. Todo placer, pero poca verdad. Para qué sirven los libros si no para el goce o la ostentación. La verdad, de existir, se practica más que se enuncia. El escritor macanea, como decía Arlt. Su oficio es dorar la píldora, llenar páginas y páginas de fraseología huera que es apenas falsificación de otras falsificaciones.

No consigo darle forma orgánica a este atajo de papeles que llevo escribiendo desde hace meses. Me queda poco tiempo; si no logro hacer de este mamotreto un libro antes de fin de año tendré que conseguirme un trabajo honesto.





















BILLETERA MATA GALÁN


“La poesía dice más en lo que deja sin decir que en lo que dice, he ahí su infinita riqueza, la colaboración cómplice del lector con el autor.”
Iván Barrios

“La poesía dice demasiado en demasiado poco tiempo; la prosa dice demasiado poco y se toma demasiado tiempo.”
Charles Bukowski


Cuando se es feo cuesta mirar a la cara a una mujer;
uno se acerca a ellas con cierta vergüenza,
pensando en la derrota antes que en la victoria.
Si a esto se le suman:
una billetera flaca y una pija pequeña
la cosa se complica sobremanera.

No obstante.

Las mujeres prefieren una cuenta bancaria
a una cara bonita o un pijo grande;
el dinero las excita más que estas dos cosas.
Con dinero pueden comprar más belleza,
con dinero pueden comprar atención pública,
con dinero pueden comprar adulaciones,
con dinero pueden comprar la envidia de otras mujeres,
con dinero pueden comprar una amplia gama de vibradores
para cada estado de dilatación vaginal.

La belleza masculina apenas si les llama la atención.
Miran a otras mujeres antes que a nosotros.
Se miran las piernas
las unas a las otras;
el culo,
los pechos,
etc.,
etc.,
etcétera.
Una cara bonita en un hombre,
o en su defecto, un pijo enorme,
jamás serán sucedáneos de una billetera gruesa para las hembras.
Cuanto mucho será una diversión pasajera
de la que pronto se olvidarán
y en muy rara ocasión recordarán.
El cuerpo masculino es cuerpo util,
Cuerpo productivo.
Produce para subsistir y reproducirse;
y para esto último necesita del bello sexo
que sabedor de esto lo aprovecha en beneficio propio.

El ser es un absurdo atroz que nadie consentiría en perpetuar
de no haber creado la naturaleza
la trampa más sutil y sofisticada:
las hembras.
















































SABADO

Demócrito ¿hijo de quién? Tuvo tres padres, bien dice el refrán que padres hay muchos, madre... Hegesistrato, Atenócrito y Damasipo. También tuvo más de una patria (Abdera y Mileto) aunque muchos creen que solo Mileto. Demócrito discípulo de astrólogos y caldeos, de sacerdotes egipcios y magos babilonios, de Leucipo y Anaxágoras. Aprendió mucho y enseñó a Protágoras, el portador de mieses, entre otros, que lo dejó todo y empezó a filosofar y chamuyar como solo un griego podía hacerlo, con la retórica. Demócrito el comprador de esclavos a los que cepilla y convierte en discípulos. Demócrito el político, cuyo nombre yace en una moneda de plata junto a una lira de siete cuerdas. Demócrito el del pecho en constante agitación por la risa que le causaban los hombres y su mundanidad; el riente, el sabio heredó la parte menor de los bienes paternos (el resto se lo repartieron sus hermanos) y se los patinó en viajes por el Egipto de los sacerdotes geómetras y la India de las vacas sagradas. Volvió pobre y Dámaso, uno de sus hermanos, le tiró unos dracmas. Dice Filón que los griegos lo celebraron porque tocado por el amor a la filosofía dejó sus bienes como pasto a las bestias. Sin duda las bestias son los humanos de los que se reía el sabio abderita, o milesio. Demócrito sabía catar la leche como catan el vino los catadores. Demócrito sabía si una mujer era virgen o estaba recojida. Demócrito era un maldito adivino y sabía qué culo se dejaba penetrar mejor y qué culo sangraba menos. Acaso su arte estaba en la observación de los átomos anales. Acaso solo los intuyera, porque perdió con el tiempo la vista y esto le llevó a decir que esta obstaculiza la agudeza del alma. Demócrito el longevo al que Platón omite. Platón el piromaníaco, el bombero bradburyano reunió los escritos del riente para quemarlos. Demócrito el riente muere por inanición a los ciento y pico de años. Él mismo elije esta muerte. Tan podrido estaba de comer aceitunas. No obstante prolongó su agonía por unos días oliendo panes (o miel, que al parecer le gustaba mucho y con la que lubricaba ojetes antes de penetrarlos) a pedido de unas mujeres que no se querían perder no sé que fiesta. Demócrito el eterno, que sobrevive en los átomos, disperso y contradictorio como los fragmentos que dan cuenta de su existencia divina. Su vida fue una miscelánea de acaeceres, como toda vida. Y toda vida debería ser mentada como la de los presocráticos, con fragmentos doxográficos que den cuenta de la multiplicidad, el caos y la unidad, todo a la vez y en constante tensión.













JUEGOS

- ¿Vamos a jugar?- dijo Cristian a su prima.
Esta asintió con la cabeza, tomó una muñeca Barbie y le quitó la ropa. Cristian contempló sus tetas ( las de la Barbie) y no pudo contener la erección. La cachondez lo dominó; agarró a Marián, así se llamaba su prima, por la cintura y le apoyó la estaca en su diminuto culito impúber.
Marián se quedó quieta y Cristian la hizo poner en cuatro. Marián llevaba como pijama una remera larga hasta los muslos y pudo sentir al posicionarse como una fiera, la verga dura de su primo empujándole la bombacha hacia dentro de su culo.
- Cristian- balbuceó.
- ¿Qué pasa? -dijo Cristian agitado.
- Tu pitito está llegando hasta mi cola- dijo Marián tímidamente.
A Cristian se le detuvo el corazón.
- ¿Te gusta?- musitó inseguro.
- Sí- contestó Marián.
Se tranquilizó un poco pero no lo suficiente. Nunca antes su prima había dicho algo al respecto. Temía que lo comentara con alguien. Podía pedirle que no lo hiciera, pero hacerlo significaba reconocer ante Marián que lo que estaba haciendo no estaba permitido y se vería, a la larga o la corta, condicionado por su silencio. Pensó en dejarlo pero estaba demasiado caliente como para lograrlo. Vaciló y se imaginó a su prima delante de los padres inocentemente diciendo, “ Cristian, juguemos a ese juego en que me metés el pito duro en la cola”. Sí, debía dejarlo. Estaba convencido de que debía hacerlo. Pero no lo hizo. Levantó la remerita de Marián y contempló su culito informe tapado por una bombachita rosa de los ositos cariñosos. Acarició a estos últimos que obscenamente reposaban en el coñito de Marián. Esta miró a Cristian con ojos inquisitivos. Este no se persuadió y continuó con su insano magreo. Le apretó las nalgas y le frotó el incipiente, o joven clítoris. Nunca había llegado tan lejos. Prácticamente estaba desvirgando a Marián, solo le faltaba penetrarla y él también se desvirgaría.
Envuelto en el frenesí, sacó la pija erecta y se la hizo agarrar a su prima. Marián se resistió y tomó la muñeca, Cristian eufórico se la arrebató y la estrelló contra la repisa en la que yacían beatos muñecos Kens y Barbies. Marián se echó a llorar. A Cristian esto lo calentó más de lo que le preocupó. Le metió la pija en la boca a guisa de chupete. Marián mamó sin dejar de plañir. Cristian le eyaculó dentro de la boca y Marián empezó a hacer arcadas y a escupir. Cristian más preocupado que exhausto fue a la cocina en busca de un vaso con agua y unas galletitas dulces que se había comprado clandestinamente con un vuelto del almacén no declarado y que pensaba comerse a escondidas él solo. La ya no tan casta Marián rechazó el agua y aceptó de muy buen grado las galletitas. Cristian quiso tomar una pero Marián no se lo permitió. Cristian chilló y Marián chilló más fuerte. Cristian desistió.
Las amarillentas migas, las galletitas eran de vainilla, se pegaron en las comisuras con semen de los labios de Marián. Su remerita también estaba manchada con semen y también en el piso. “Mierda que tenía leche” se dijo Cristian. Fue raudamente a la cocina y volvió con un trapo rejilla húmedo; limpió el semen de la boca y la remera de Marián y del piso y enjugó meticulosamente el trapo.
- ¿Te gustan las galletitas?- preguntó con tono melifluo.
Marián asintió con la boca llena.
- Te las compré para vos- mintió.
Pensó seriamente en la posibilidad de que Marián hablara. Sería el acabose. Lo mandarían a la cárcel y según tenía entendido allí a los que hacían con las mujeres lo que él con su prima, se la daban por el culo y lo enfermaban con sida. Se salía de la cárcel maricón y sedoso que según tenía entendido era la misma cosa. Lo meterían preso antes de que llegara el cumpleaños de su prima, su víctima. Se perdería la torta y las masas frescas, claro que en caso de que su madre lo perdonara le llevaría un poco de torta y de masas a la prisión, pero allí tendría que compartir con los demás y eso no le agradaba demasiado. Pensó en huir. En la heladera estaba la torta pero no las masas frescas que aún no habían sido compradas. Podía llevarse la torta entera y alguna bebida pero ¿a donde ir? Lo reconsideró y decidió quedarse. El miedo siguió royéndole el cerebro. Marián no debía hablar. Pensó en tirarla por las escaleras. Diría que fue un accidente, que él se fue al baño y la traviesa chiquilla desobedeció su orden de no acercarse a la escalera y pum, la caída y luego la muerte. Nadie lo culparía por su negligencia que después de todo no era tal porque ¿qué debería haber hecho para evitar la tragedia? ¿Llevarla consigo al baño y mear en presencia de ella? Mear frente a una mujer, le habían enseñado, no estaba nada bien; y mearse encima a su edad tampoco.
Tomó del brazo a Marián y la levantó de un tirón. La condujo hasta la escalera y se disculpó con ella. Esta no comprendió. Hubo un conato de empujón pero se detuvo. Debía parecer un accidente o iría a la cárcel igual y se perdería la torta y las masas, claro que al menos se salvaría de la culeada y del consecuente sida, pues nada se decía acerca de los asesinos. Pero ¿qué torta ni masas? Si Marián moría no habría cumpleaños sino velorio y su poca experiencia, sólo había ido a un velorio, el de su padre, le decía que en los velorios no servían ni torta ni masas, sólo café, té de tilo y sedantes disueltos y disimulados en agua. No, Marián no debía morir, además podía sobrevivir a la caída y acusarlo de que había sido él, el que la había empujado. Lo encerrarían por abusador e intento de homicidio o infanticidio. Pero Marián, de todos modos lo acusaría de lo primero y él iría a la cárcel y le romperían el culo y le contagiarían sida y no comería torta ni masas. Todo estaba ya perdido, ya estaba en el baile y debía bailar. Además Marían no sobreviviría a la caída ya que la escalera era muy empinada y larga.

Había decidido convertirse también en un asesino cuando la llegada de su tía se lo vedó.
- ¿Qué hacen ahí chicos?- dijo ésta desde abajo.
A Cristian se le heló el culo. Marián extendió los brazos con exultación y su madre que había dejado las bolsas con que cargaba le hizo upa.
- ¿Cómo se portó?- le preguntó a Cristian.
Este vaciló. Tenía las piernas trémulas y nos la podía sosegar.
- Bien.- alcanzó a decir con voz queda.
- ¿Bien? Bueno me alegro.- dijo su tía- Gracias mi amor por cuidármela, sos un sol. –concluyó, acariciándole la cabeza.
Volvió abajo por las bolsas y entraron todos en la cocina.
- Miren lo que les traje- dijo la madre de Marián blandiendo un paquete de caramelos.

Marián lo tomó y lo abrió. Su madre sacó de una de las bolsas un paquetito hecho con papel de regalo y lo deshizo.
- Mirá- dijo a Cristian teniendole una vela rosada con forma de 4 y un feliz cumpleaños de plástico.
Cristian lo tomó, mientras que Marián seguía engullendose los caramelos.
- Compartí con tu primo- le ordenó su madre.
- No- dijo Marián muy segura de sí misma.
- ¿Por qué no? ¿Por qué sos mala?- dijo su madre.
- ¿Sabés lo que me hizo?- inquirió Marián.
Cristian dejó de respirar.
- ¿Qué te hizo?-
Cristian se desvaneció.


MIERCOLES

Sofi le pidió dinero prestado a la amarga de su hermana para cambiar la computadora. Compramos una con grabadora de cd para dedicarnos a truchar música. Deberle guita a esa arpía me gusta menos que comer caca recién salida del culo de un piruja, pero no me queda otra. Necesito cash urgente para retrasar lo más posible el advenimiento del fin.

Me fumo el último cigarrillo pensando en Natacha. ¿Pensará también ella en mí? Ordeno algunos papeles; y hago algunas tapitas de cd´s que tengo encargados. Soy re pirata, solo me falta el parche y Morgan queda hecho un poroto.
Espero al turco para que me traiga unos cd´s que me encargaron copiar.


Compro una silla giratoria para mi blando ojete aburguesado por $110 en una casa que inauguró hoy a 2 cuadras de aquí. Estaba hasta la jeta y el vendedor que me atendió tenía una cara de hambre bárbara. Si hasta me hizo una rebaja de $1.


Me puse a jugar al Age of Empires y quemé toda la tarde. Los ojos me quedaron como el culo de una impuber sodomizada por un camionero. El Turco no vino. Suspendí los copiados para el día siguiente.



La silla es cómoda, pero me la paso girando como un pelotudo. No tengo dominio sobre mi culo, que hace girar la silla según la redistribución de su grasa. Tengo la sensación de que me voy al carajo en cualquier momento, con silla y todo.


















CAGAR DURO ES COMO PARIR


Y allí estaba yo,
cagándome y no de risa;
literalmente sentado sobre el soretazo,
que asomaba su cabecita;
duro,
enhiesto,
rústico cual si estuviese forrado en papel de lija.
POETA SODOMIZADO POR SU PROPIA PORQUERÍA,
MUERE POR MALA PRAXIS EN EL QUIRÓFANO
MIENTRAS INTENTAN RESTAURARLE
SU ANIÑADO
OJETE PORTEÑO.

Qué comí.
Qué comí.
Me preguntaba.
Toda la mierda que la industria
produce para cerdos como vos.-me respondía

Apretaba el culo
y miraba la hora:
diez para las doce.
No llego, no llego.
Los jefes no entienden de cagorradas.
Ir al baño es tiempo improductivo por el que están pagando.
¡Inadmisible! Braman.
I-nad-mi-si-ble!

Aaaaaahh!
Aaaaaaaaaaaahhh!
Aaaaaaaaaaaaaaaahhhh! Qué carajo comí.
Me cago.
Me cago.

Fui al cagadero;
El orto se me abrió
como la cajeta de una parturienta
sin pecado concebida.
Los gritos de dolor
se difundieron por toda la fábrica.
Mierda, alguien está siendo desflorado,
me dijo que dijo el Toti.
Aquello fue doloroso,
le digo,
yo no sé como lo hacen los putos.
Y las hembras, acota.
Sí, y las hembras, apruebo.
Y cómo te quedó el culo, pregunta.
Peor que tu cara, respondo.
Mierda, eso ya es mucho, dice.
Ni que lo digas, digo.
Y ahora podés cagar, pregunta.
Creo que podría tirarme a toda
la selección de Camerún a la vez.
Cuerpo técnico incluido.
Los putos deben iniciarse así,
Reflexiona adusto,
con un sorete grande y duro.
Claro, luego de eso todo les parece pequeño.
Insignificante, agrega.
Ni que lo digas, digo.

Y cómo era, pregunta.
Cómo era qué cosa, pregunto.
Cómo era el cerote.
Largo,
ancho,
marrón...
¿Imponente? Pregunta.
IMPONENTE...
¿Y abananado?
Como un gancho diría yo.

Salió todo en una sola pieza.
Resistió hasta lo último ser desmembrado.
Bien por él, dice Toti.
Debió ser un espectáculo.
Ni que lo digas.
Un espectáculo atroz.
Lovecraft hubiera hecho de él
un relato más grande que el del necronomicón.
Y Quiroga hubiese reinventado su Anaconda, agrega.
Ni hablar.
Por eso aún lo conservo
en un gran frasco de vidrio,
recuerdo de mi virginidad
escatológicamente mancillada.
¡De tetas!, dice Toti.
Ni que lo digas, digo.










OTRA VEZ DOMINGO

Reuno algunas anotaciones y empiezo a pensar en un ensayo que mentará sobre el olvido del cuerpo.
Escribo: Demócrito concebía el ser y el no-ser como igualmente existentes, el primero era lo pleno y el segundo el vacío...
“Algo”, “sólido” y “ser” designan lo mismo en el Riente, pequeñas sustancias, y son infinitos en número. “Vacío”, “nada”, e “infinito”, se opone al primer grupo, designa un espacio que es diferente del ser y en el cual él se halla, y es infinito en extensión.
Mi mano tiembla apabullada. Interpreto la voz del genio; después de esto ya nada será igual que antes. Prosigo: las cualidades sensibles son convencionales; los átomos y el vacío en cambio son naturales. En las cualidades de las cosas interviene el hombre generando el consenso necesario para reproducir sus vidas; mas lo real son solo átomos y vacío y no es materia opinable como la anterior.
El ser es impenetrable. El ser es corpóreo. El ser es pleno. El ser no se puede dividir... el vacío no es cuerpo, es no-cuerpo, se puede penetrar, como una concha jugosa. El falo es ser y la concha no-ser, o sea, vacío. El vacío es no-ser, y no obstante es, es como condición de posibilidad de la existencia del ser y de su movimiento...
Prendo un cigarrillo, hago una pausa hasta que la nicotina haga lo suyo en mi cerebro. Sigo.
El vacío es abismo, es grieta que separa entre sí a los átomos y permite sus movimientos. Pero el átomo no posee en sí el vacío, el átomo es substancia y no se puede dividir, es decir, no se puede hacer de uno dos, ni de dos uno.
La nicotina me abomba; mi lucidez desfallece. No puedo entender del todo la interacción de los átomos. El fragmento 317 me representa serios inconvenientes pese a su simplicidad. Cierro el libro y lo dejo.


VIEJA CULO DE TORTUGA

A la vieja culo de tortuga
le gusta cagarse en la punta
de la pija de sus amantes
a penas es penetrada.
Y luego comerse el miembro
como si tuviera un cucurucho de dulce de leche.

La vieja culo de tortuga
un día que le entró la paranoia con el sida,
fue al kiosco a comprar forros;
la kiosquera le preguntó:
- “ ¿ Lo quiere con gusto a durazno,
a frutilla, menta o simplemente latex?”
La vieja culo de tortuga contestó con otra pregunta:
- “ ¿ Con gusto a pija no tiene?,
porque el gusto a caca se lo pongo yo.”

La vieja culo de tortuga
fue guerillera en los 70
no por ideología, no por amor a los pobres,
no por odio al sistema;
Simplemente porque ama los chongos
y si se la fifan en el monte
quince subersivos de caras peludas
y miembros groñosos y quesudos
eso para ella es sentirse mujer.

La vieja culo de tortuga
se quedó sin fusil en medio de un combate,
ella dice que porque el fusil era malo,
pero todos los compañeros saben
que humedeció cada rincón del arma
cuando en un ataque de calentura
se enterró ¾ del caño del “mouser”
en la entrepierna.

La vieja culo de tortuga
no para de tocarse,
sueña con que un negro
de miembro ancho y abananado,
le pega una sacudida
que la deja de cama.
Pero es realista y sabe,
que vieja, gorda y culo de tortuga como es,
lo más que puede aspirar
es a que se la coja su perro “doberman”
a quien llama Satán.




3 DOMINGOS DESPUES

La gente no se convierte al nihilismo del mismo modo como se convierte a una religión. El nihilismo no es una fe, es un estado de ánimo, cuando no un estado de conciencia.
Somos nihilistas. Pensamos que todo lo que se hace es inútil; sentimos que todo lo que se hace es inútil, obramos como si todo lo que hacemos fuera inútil. Estamos derrotados sin haber dado siquiera batalla.











































NADIE ES IMPRESINDIBLE O CUANDO SE ES UN GRANO EN EL CULO

Las cosas no andan bien. Ni en el mundo ni en mi casa. Tengo 17 años y por naturaleza me interesa menos el mundo que yo mismo. Lo que pasa en mi casa me incumbe por sobre todo lo demás pues, mierda, es mi culo el que está en juego no el del mundo. Tengo, para desgracia mía y disgusto de mi vieja, un progenitor necio, indolente, vago y para colmo pobre.
Es de noche y hace fresco, el cielo está ligeramente triste y por momentos esboza un llanto que riega parcamente el pasto del frente de casa. Yazgo en la cama con los oídos atentos a la voraginosa convivencia de se hombre y esa mujer que se dicen mis padres. Discuten, se reprochan cosas y se culpan mutuamente de las desgracias padecidas por cada quien. Estridencias de objetos estrellados contra muros interrumpen la retahíla silenciosa de la nocturnidad. Empezó la guerra, me digo. Como en las de a de veras, en éstas no hay nunca vencedores, solo vencidos y víctimas más hostiles, rencorosas y dañadas. Y yo en el medio, hijo de uno a veces, hijo del otro otras veces, hijo de entrambos sólo a la hora de dividir los bienes. Me jalan para aquí y para allá, mi voluntad es omitida. Soy una cosa más de enjuto patrimonio conyugal. Finalmente el tenebroso sopor aploma mis párpados y éstos ciegan mis ojos.
Ti-ti-ti-ti-ti-ti-ti. Escucho desde mi oscuro y serena abstracción. Hora de la pesadilla, el cole. Mi madre se acerca, se ve fatigada y demacrada. La guerra trascendió mi sueño, me acaricia la frente y me dice que hoy no voy a ir al cole. Hurro para mis adentros, la felicidad dura poco como siempre. Me dice que ella y mi padre no se llevan bien, yo ya lo había notado. Me dice que cuando las personas no se llevan bien lo más coherente que pueden hacer es separarse. Eso significa 2 cosas: que han sido incoherentes todo este tiempo y que están a punto de dejar de serlo. Sigo en silencio el movimiento de sus labios y el fluir de sus palabras infaustas. Me dice que hay un hombre que la quiere mucho. Me digo que de seguro ese hombre no es mi padre, me dice que se va a vivir con él, con ese hombre que la quiere mucho, y que yo creo que no es mi padre. Me dice que yo voy a vivir con ella y que en el nuevo hogar me voy a sentir mejor porque no voy a estar solo, pues ese hombre que la quiere mucho y que ya no me quedan dudas de que no es mi padre, tiene una hija divina de 13 años llamada Patricia. Me dice que todos vamos a ser muy felices y vamos a comer perdices. Lo de la felicidad se lo creo y lo de las perdices también, empero lloro, acaso por convención.
A la semana nos mudamos, previo inventario y riña. Conozco al hombre que quiere mucho a mi vieja, su casa y su hija, la que se supone ha de acabar con mi soledad y beatificar mi existencia. Mi vieja me dice que el hombre que la quiere mucho se llama Carlos y le gusta que le digan Caly. Yo me pregunto que joraca me importa como le gusta que le llamen pero para no parecer díscolo no se lo digo, esto también por convención. Me instalan en el cuarto de Pato, compartiremos el cuarto de ahora en más. Pato me acepta exultante como huésped, parece muy hospitalaria, no habla mucho pero hace mas de los que todos en aquella casa hacemos.
Los meses pasan y mi padre se ha distanciado notablemente, ya sólo lo veo una vez al mes, y si acaso. Ya no me reclama, es más, hasta creo que festeja el hecho de que no haya tenido que cargar conmigo. Él también se consiguió una pareja, o ya la tenía de antes como mi madre, no lo sé, tampoco se lo he preguntado, no porque no tenga el valor para hacerlo o no me interese algo, sino tan solo porque no tengo ganas de que me mientan. Considero a la mendacidad hermana carnal de la subestimación, y mi poca experiencia me hace notar que esta no es nada recomendable para la salud de la autoestima.
Terminé el cole. No he decidido que carrera seguir. Después de todo, lo más probable es que termine trabajando de cualquier cosa menos de lo que estudié. Carlos o Caly, insiste a mi madre de que debo conseguirme un trabajo y ésta me insiste a mí. Yo no digo nada, pero el que calla otorga y yo no quiero otorgar mi libertad a un cerdo que la utilizará para asegurar su propia libertad. Además cada segundo que pasa Pato me demuestra más vividamente que me quiere y que mi felicidad se encuentra a su lado. Me hace la cama, me lava la ropa, me adula y está atenta a todo lo que necesite. Sus actitudes me hacen dudar que tenga la edad que dicen que tiene. No juega con muñecas ni nada de eso, se dedica a los menesteres domñesticos, con más asiduidad y eficacia que mi madre, me presta más atención que ella incluso. Yo contemplo su prolijo ir y venir, su ida está bastante mejor que su venida, lo cual no quiere decir que éste este feo. Creo que la quiero, pero no como una hermanastra. El amor por estas no creo que suscite en erecciones. Le digo que la amo y ella sonríe; me dice ue yo soy muy grande y que además soy demasiado bueno para ella. Yo le digo que no me importa la edad y que tampoco me importa ser demasiado para ella, que estas dos cosas no son obstáculos para que la ame y la desee. Ella calla y baja la cabeza, y yo entiendo que el que calla otorga.

Carlos o Caly le dice a mi madre que yo no hago nada, que me rasco todo el día, que soy muy distinto a como ella le había contado que era, y que mi indiferencia para con él lo hace sentir excluido, despreciado y hasta no querido. Yo le digo a mi madre que no tengo la obligación de quererlo y ella se enoja y me replica que sí tengo la obligación de respetarlo. Yo le pregunto en que oportunidad le falté el respeto y ella contesta que lo hago constantemente al no dirigirle la palabra. Le digo que sí se la dirijo y me dice que a cuenta gotas. Le digo que no tengo nada en común con él como para entablar una conversación más prolongada y me dice que empiece a buscar esas cosas en común y si no las encuentro que las invente o se va a pudrir todo. Yo le pido explicaciones, ella se da vuelta y me da el culo y se va diciéndome que a buen entendedor buenas palabras. La veo trasponer la puerta afectando el ojo y me tiendo en la cama boca arriba contemplando el techo. Me preguntó por qué mierda el mundo y las relaciones humanas y toda esa coñada vacua y hedionda son tan complicadas. Busco respuestas dentro de mí y como no las encuentro las invento: todo es complicado porque debe justificar la existencia de la palabra “complicación” que algún boludo sin nada que hacer inventó en un pasado remotísimo. La respuesta es más que inverosímil pero al menos sirve para conformarme.
Entra Pato y con su vocecita pueril me dice que salga de la cama. Yo me corro y ella deshace la cama, arrebuja las sábanas sucias y las tira hacia un rincón. Extienda las sábanas limpias sobre el colchón desnudo y mete los bordes debajo. Yo permanezco detrás mirándole el culo de insipiente sensualidad y comienzo a ponerme caliente. Me le acerco en silencio y la tomo por la cintura. Me pregunta que estoy haciendo y le contesto que la estoy amando. Soltame me dice, no le hago caso. Forcejea y no puede librarse. Le apoyo mi falo pétreo y le magreo el chocho y los pechos. Me dice que deje de hacerlo, pero sigo sin hacerle caso. Continuo casi enajenado, saco el pijo para penetrarla pero no llego a desnudarla. Los espermatozoides huyen negligentemente de sus jaulas ovaladas antes de que pueda hacerlo. Me dejo caer examine en la cama con las sábanas limpias, y veo a Pato correr hacia la puerta con algunas manchas de material genético en su shortsito. Cierro los ojos y pienso en disculparme con ella tan pronto como me reponga.

Es de noche y las estrellas y la luna rutilan trémulamente en la tenebrosa concavidad del cielo. Contemplo el espectáculo con furor, como si fuese a ser la última vez que lo haga. Mi madre golpea la puerta, le digo que entre. Entra y se sienta en la punta de la cama. Me ordena que me siente. Obedezco. Su carácter es grave y triste a la vez. Me dice que Patricia le contó lo que le hice. Le pregunto que cosa es la que le hice. Suspira. Hurga en el bolsillo de su camisa, saca un paquete de cigarrillos sin abrir. Lo abre y saca uno. Lo enciende y da dos o tres pitadas. Desde detrás del humo me dice que convenció a Pato de que no diga nada de lo sucedido a su padre. Que por ese lado me puedo quedar tranquilo, pero que tengo que irme de la casa de inmediato por la seguridad de Pato, la mía y la de su felicidad. Le pregunto a donde voy a ir. Me contesta que a lo de mi padre. Abandona el cuarto. Siento que habla por teléfono con mi padre. Este parece decirle que no me puede tener con él y discuten. Me duermo escuchando el viejo rumor de la guerra.
Despierto por la luz solar que entra por la ventana abierta. Al pie de la cama veo unos bolsos con mis cosas. Mi madre entra. Me dice que todo esta arreglado, que voy a ir por un tiempo con mi padre. Le pregunto que pasará después de ese tiempo. Me contesta que cuando pase ese tiempo me las tendré que arreglar solo, así que intente no desperdiciarlo. Le pregunto si está aun enojada y me contesta que no, solo que las cosas han cambiado y que su vida no es la misma que la de antes. Comprendo que en esa nueva vida de la que habla yo no quepo, que hace rato que me he convertido en un estorbo para ella.

Es mediodía. Toco el timbre de la casa de mi viejo. Abre y me hace pasar. Su recibimiento es frío, repelente. Me doy cuenta de que su vida también ha cambiado y en ella tampoco quepo. Me siento un grano en el culo.


JUEVES

Pasé todo el día leyendo a Sade, el más grande escritor de todos los tiempos. Mi libro espera. Realmente no creo que pueda lograrlo. Como tampoco confío en que Natacha me abra sus piernas.

SABADO

Justine atravesada por ciento trece falos escamosos. Justine fregándose en la raja la corona puosa de Cristo nuestro Señor a pedido de Diospadre que quisiera empernarla pero no tiene con qué. Justine es un diálogo platónico de la antivirtud. Justine es el alegato de los fuertes que tras dos mil años de cristianismo se ven con un ignominioso bozal en la pija. Justine es el manifiesto del Supehombre, y Sade su profeta. Queremos escapar del nihilismo; mas para poder lograrlo deberemos antes deshacernos de la compasión cristiana que contamina y corrompe la época, y cuyo mayor logro ha sido la máxima moral “la victoria no da derechos”, que echa por tierra desde el vamos todo intento de conquista.































MOCOS MEXICANOS


Lo que ma´me gusta
es caminar por Buenos Ayres,
mirar culos y decirles obsenidades a las mocosas.
Pero si hay algo que ma´me guste
es sacarme los mocos,
hacer bollitos,
y tirárselos en la cabeza
a desprevenidos transeúntes
que pasean su satisfacción
fingida como quien pasea un perro infeliz.

Estaba en Taquile,
una ista perdida en medio de la inmensidad
del lago Titikaka,
rodeado de toda esa indiada inmunda que habita el lugar
que te piden guita hasta por mirarlos.
Ciertamente aquello no era pasear por Buenos Ayres.
Pero la compañía de otros turistas hacía la cosa un poco más llevadera.

Paramos a comer en algún lugar
Del corazón de la isla.
El supuesto restorante
No era otra cosa que
Unos caballetes y unos tablones montados a modo de mesa.
El guía del hotel,
Un peruote llamado Roger
Nos había dicho que en la puta isla
Había restoranes de primera, con comida internacional
Y chef.
Já, tamaño embustero hijo de puta.
Nos sentamos a la “mesa”.
Los gringos por un lado y los japoneses, y latinos por otro.
Curiosamente
no había otros peruanos que no fueran los indios de la isla
que eran quienes nos servían.

Mi acompañante boricua
Entabló conversación
Con una puta que estaba frente nuestro.
Era medio rubia,
Pero los trazos groseros de su cara
Delataban que se trataba de alguna latina.
Acaso sus ancestros mujeres fueron tomadas
Por algún europeo asqueroso o ciego
Y de ahí el color de su cabello.
En todo lo demás no era para nada
Distinto de cualquier indio de por allí.

La susodicha era mexicana,
Según dijo con cierto orgullo incomprensible.
Venía de Chile, lugar al que había ido a estudiar
Alguna mierda tercermundista para indios cultos.
Hablaba con vanidad,
Jactanciosa,
como si fuera una más de la comitiva
de gringos que estaba al otro lado, en la otra mesa.

Yo no sé cómo sucedió,
No sé cómo llegó allí;
Acaso estaba demasiado entretenido
En el pejerrey podrido que me habían servido,
Acaso en aquel indio horrible cantando, o gimiendo
Un plañido aborigen de tristeza y derrota,
y fue por eso que me lo perdí.
Lo qué sé es que el moco era enorme y pastoso,
Amarillo y verde
Como una mancha de acrrílico salpicada
Intencionalmente sobre la tela.

La mexicana seguía parloteando
Con todo aquel monstruo mocuno en la napia.
Sin darse cuenta de lo ridículo que era,
No el moco sino ella.
Imaginé mil formas de quitárselo sin que se diera cuenta.
Cómo tocarle la nariz sin quedar como un violeta.
Cómo hacerme de ese mocaso y salir airoso.

Ya no me podía contener.
Estaba a punto de asaltarla sin más trámite,
Cuando la boricua abrió la jeta y dijo:
Tienes un moco ahí.
La mexicana se ruborizó.
Se hizo la boluda y lo manoteó rápidamente.
Se hizo la boluda y lo pegó en el tablón por debajo.

Durante toda la comida no hice otra cosa
Que pensar en el moco allí adosado
Esperando ser abollado
Y arrojado.
A todo lo que me decían
Contestaba con un ajá, ajá, ligero y despreocupado.
Cuando terminamos de comernos
La mierda podrida
El guía, un indio feo que hablaba inglés,
Gritó BRUNO GROUP.
Todos fuimos a donde Bruno.
Yo me volví so pretexto de haberme olvidado los puchos.
Busqué debajo del tablón
Y encontré el gran moco.
Era más grande y gomoso de lo que imaginaba.
Alcancé al Bruno group de un trote
Mientras amasaba con las yemas de mis dedos
Al padre de todos los mocos,
Al moco mexicano.
Una indiecita se me acercó corriendo.
“Un sol, un sol”, me decía tendiendome la manecita.
Ciertamente aquello no era una porteñita blonda de clase media alta,
Ciertamente aquello no era Buenos Ayres,
Pero el moco era el mejor que había tenido en mis manos
Y no vacilé en arrojarselo en la cara a la pendeja que casi pierde un ojo.











































MIERCOLES

Lo que escribo no logra convencerme. Le falta el movimiento, la fluidez de lo real. TAL VEZ DEBA QUEMAR TODO Y EMPEZAR MI OBRA DESDE CERO. Pero carajo, ya otros han quemado sus escritos. Ni en eso puedo ser original. Bueno, tal vez deba mandar a la mierda la originalidad. Después de todo somos animales de costumbres y la costumbre es lo anti-original.


TODO CAMBIA

Los chicos me pasaron a buscar por la mañana muy temprano para ir a jugar a la pelota a la loma. Había estado postrado en una cama casi un mes con paperas y me encontraba ávido de correr, gritar y vivir. La estadía en mi cuarto la había padecido como si hubiese estado en la cárcel. Los videojuegos, la tele, la música y las historietas no me habían ayudado gran cosa. En un par de ocasiones casi fugo. Pero la idea que una libertad con huevos enfermos no era la liberad por mí anhelada, me detuvo.
La loma quedaba a unos 4 o 5 kilómetros. Íbamos allí de vez en cuando a pasar el día y a hacer cosas de grandes: fumar, chupar y todo eso. La distancia nos amparaba. Hacíamos la nuestra por lo que vivíamos aquellos días como festivos.
Éramos 6 los habitantes de la loma, en la barra éramos 8 pero a 2 sus padres no lo dejaban alejarse demasiado e íbamos esporádicamente cuando lograban escaparse de las cadenas.
Llegamos con el sol muy caliente y en plena ascendencia. Como yo recién salía de la convalecencia, Carlos pedaleó por mí todo el viaje. Habitualmente nos turnábamos, pero Carlos era mi mejor amigo y dado mi estado quiso evitarme el esfuerzo. Formamos como siempre 2 equipos de 3. Éramos los mismos 3 de siempre, Carlos, Jorge y yo contra Eduardo, Raúl y Fabián. Los picados eran reñidos y cualquiera podía ganar Raúl le ponían fuerza a la cosa y Fabián era muy hábil con el esférico. Eduardo no era otra cosa que un boludo alegre obsecuente y maricón. Por mi parte yo me defendía con la pelota, Carlos se entendía conmigo casi como si estuviésemos conectados sensorialmente y Jorge la pisaba bastante bien.
El partido principió y en su decurso no faltaron los tradicionales insultos, empujones, patadas y conatos de peleas. Ganamos 4 a 2. Nos costó pero lo disfrutamos. Yo por mi parte me sentí medio torpe con la pelota y hasta llegué a enemistarme con ella, pero el apoyo incondicional de Carlos y la destreza de Jorge me sacaron adelante. Para amigarme con la pelota ya habría tiempo.
Los árboles nos amparaban del sol. Hicimos una vaca para comprar cerveza y cigarrillos y Raúl le ordenó a Jorge que fuera a comprar. Éste tomó el dinero y la bicicleta y se marchó. Fabián lo acompañó.
Volvieron con 5 cervezas, un vino en cartón y 2 paquetes de Marlboro. Le dimos a la birra y a los cigarrillos.
-¿Cómo te trató la enfermedad che?- me preguntó Eduardo.
- Bastante bien- mentí- No me puedo quejar.
- Dicen que esa mierda te jode las bolas- dijo Raúl- ¿Ya la habías tenido antes no boludazo?
Todos rieron, inclusive Carlos.
-Deberías preguntárselo a tu hermana- contesté.
Los chicos rieron tímidamente. Raúl se enculó y le dio un toque en la oreja a Jorge.
- No te rías- Le ordenó.
Éste obedeció.
- El otro día fuimos a un cabarute.- me comentó Fabián.
- Había unas trolas buenísimas- agregó Eduardo.
- Yo a la mía se la di por el culo- dijo Jorge.
No demostré mucho interés pero ellos no se desanimaron y siguieron.
- Había un buen surtido de culos- dijo Fabi- Uno mejor que el otro. No sabías con cual quedarte.
Raúl escuchaba taciturno aferrado a una botella y fumando alternativamente.
- Ráulo se cogió a 2 juntas; ¿ no Ráulo?- dijo Edu con deferencia.
Raúl lo miró despreciativamente y no contestó.
- Eso les debe haber salido un ojo de la cara- dije- ¿de dónde se supone que sacaron la guita?
Fabián interrumpió el trago para contestarme:
- La robamos- dijo riendo.
Creí que jodía pero ratificó:
- La robamos boludo ¿no me creés?
- No- respondí.
- Fue un robo casual- dijo Jorge.
Raúl seguía la conversación en silencio prendido al faso y a la botella. Jorge agregó:
- No fue nada premeditado, todo cosa del destino, ¿no Carlos?
Carlos, que estaba bebiendo, escupió de golpe la cerveza y empezó a escupir. Me di cuenta de que estaba nervioso.
- Sí, por supuesto- dijo cuando se repuso.
Eché un trago y dije:
- Bueno che, pueden parar con las reticencias y decirme como mierda consiguieron el condenado dinero.
- ¿Reti..qué?- dijo Edu.
Iba a responderle cuando Raúl abandonó su silencio y dijo:
- No te das cuenta de que usa palabras raras para que lo creamos superior. Hasta creo que muchas de esas palabras las inventa a propósito para creérsela.
- No es así- dije enfadado.
- Sí, es así y se acabó- sentenció.
- Te digo…
- Bueno basta!- interrumpióme Fabian- sigamos con las putas che.
No quise contrariarlo. Raúl hizo un gesto de satisfacción y echó un trago.
- Íbamos Raúl, Carlos, Fabi y yo- dijo Jorge- a la bicicletería a buscar la pelota que habíamos dejado para que la arreglen…
- Y una vieja…dijo Eduardo, que no pudo seguir por que Raúl le tiró un manotazo justo detrás de la oreja. Jorge continúo:
- Bueno. Íbamos a la bicicletería por el camino de la quinta de Pacheco- se detuvo y echó una pitada- y vimos a una vieja media agachada buscando algo. Nos acercamos y sin darnos tiempo a preguntar nada nos dijo que se le había perdido la jubilación. La buscaba por ahí porque suponía que en ese lugar la había perdido, pero era sólo una suposición no una certeza. Yo le propuse ayudarla y ella aceptó muy agradecida. Buscamos y buscamos al pedo, la guita no aparecía. Empezamos a dudar de la salud mental de la vieja. Después de todo estaba bastante achacada y fea y los viejos se chiflan de nada. Decidimos irnos y se lo dijimos a la vieja. Ella nos agradeció la molestia y se disculpó por habernos demorado. En realidad los que nos demoraron a nosotros fuimos nosotros mismos, no ella porque…
- El que nos demoró fuiste vos con tu amabilidad de mierda- dijo Raúl embrocado.
- ¿De qué te quejás? Después de todo fue gracias a mi que encontramos la plata.
- ¿A vos o a Raúl?- dijo Eduardo.
Me tenían en ascuas y comenzaban a impacientarme.
- Fue gracias a Carlos- dijo Raúl.
- Bueno después me dicen gracias a quien mierda fue. Ahora terminen de una vez- dije.
Fabian tomó la palabra:
- Bueno la cuestión es que cuando nos alejábamos, Carlos encontró la mosca y nos fuimos al carajo y la vieja debe estar todavía buscándola.
- ¿Vos hiciste eso?- interrogué a Carlos.
Carlos estaba trémulo. Él siempre había pertenecido a los buenos y lo que había hecho, él lo sabía, lo situaba del otro lado de la línea divisoria.
- Bueno…no exactamente, esteee yo no quise…
- ¿Y entonces?- dije.
- Bueno, fue Raúl el de la idea- dijo.
Raúl que yacía atento al pie de un árbol se apresuró a decir:
- Aflojá che, pareces un cana.
- Sí- dijo el lameculo de Eduardo- lo estás retando como si fuese tu hijo.
- No lo reto, no soy quién para hacerlo; simplemente censuro su actitud. Lo que hicieron me parece una porquería.
- ¿Y que hay con eso?- dijo Edu.
- ¿Y todavía lo preguntás?- dije enervado.
- Basta che- dijo Fabian- después de todo la guita estaba en la calle tirada.
- Sí, pero era de la vieja- aclaré.
- La vieja que se vaya a la mierda- dijo Eduardo- nosotros la encontramos y listo.
- Vos la deberías haber devuelto- le dije a Carlos.
Este parecía preocupado. Dijo:
- Bueno eso es lo que iba a hacer pero él no me dejó- él era Raúl.
Este se incorporó, echó un trago corto y dijo:
- ¿Quién mierda sos vos para cuestionar lo que hacemos?
Quedé atónito. Raúl era de por sí agresivo pero conmigo se cuidaba pese a ser más grande que yo, y los demás de cuerpo y edad. Mi silencio lo envaneció, hasta parecía que se había henchido.
- Bueno la cuestión es…- dijo Fabi- que eran 220 mangos y con eso le pagamos a las putas y todos contentos.
- Todos no- dijo Edu que le estaba dando al vino.
La cerveza se había acabado.
- Carlos no fue- dijo Fabian.
Carlos bajó la cabeza. Parecía compungido y creí que era por lo de la vieja.
- Es que a Carlos le gustan los hombres- dijo Raúl- Es puto ¿ no lo sabías?- me preguntó.
Yo no contesté y Carlos tampoco.
- ¿Desde cuando son pareja?-preguntó Raúl.
Yo que pensaba que era joda seguía sin decir nada.
- ¿Quién se culea a quién?- siguió.
- Acá los únicos culeados son vos y tu hermana- dije.
La hermana de Raúl era muy guapa pero algo crota y golfa.
- Me parece que te estás pasando de rosca- me dijo- así que andá frenando esa lengua o te la voy a frenar yo- amenazó.
- ¡Esa! Hacele comer los mocos- dijo Eduardo festivo.
- Callate- le ordenó Raúl, y tomó un poco de vino sin quitarme sus hostiles ojos de encima.
El silencio distendió los ánimos. Raúl estaba picado de alcohol y eso lo tornaba más agresivo de lo que por naturaleza era. En un enfrentamiento cualquiera de nosotros llevaba las de perder con él. Eduardo siguió jodiendo a Carlos con lo de puto y este perseveró en su silencio. Me alejé un poco y me eché un meo entre los yuyos.
- Yo creí que lo hacías sentado- me gritó alguien que no sé quien fue.
Cuando terminé la sacudí y la guardé. Me estaba acercando a los chicos cuando pude ver que Carlos estaba prendido a la pija de Raúl. Este lo tenía agarrado de la nuca y lo hacía subir y bajar. Carlos se dejaba hacer.
-¿Qué haces hijo de puta?- vociferé conturbado.
-¿A quién le decís?- dijo provocativo Raúl.
- A vos.
- ¿No ves? Me la hago mamar un poco, no seas egoísta. Prestámelo un cachito ¿o sos vos el que desempeña éste papel?
-¿Qué mierda decís hijo de puta?
Raúl se levantó de súbito con la pija dura y chorreante y desplazó bruscamente a Carlos hacia un lado.
- Este puto ahora me la va a mamar a mí- dijo.
Miré sin comprender a Carlos que yacía llorisqueando en el suelo. Le tendí la mano y Raúl me dio un empujón que me hizo caer de bruces. Le metió de nuevo la pija en la boca a Carlos. Y Carlos se la mamó un poco llorando y otro poco gozando. Me terminé de convencer de qué era puta. Todo este tiempo había tenido al lado a un puto y no me había dado cuenta. Pero algo me hizo vivenciar aquella escena como una suerte de violación y eso hizo que me levantara y le diera una piña en medio de la jeta a Raúl.
- ¡A la mierda!- comentó Fabian.
Raúl casi ni se inmutó. Un hilito poco perceptible de sangre le pintó el lado izquierdo de la boca.
- Agarrenló- gritó.
Al punto Eduardo y Jorge me asieron por detrás y me inmovilizaron. En vano exigí que me soltaran. Los turros se habían vuelto intransigentes conmigo. Pedí ayuda a Fabian y a Carlos, entreambos se hicieron los otarios.
- No tengan miedo, somos más. Podemos con él- grité.
Tenían miedo los muy cagones.
- Que conste que él empezó- dijo Raúl a los demás y me hundió su puño en el estómago un par de veces y luego en la cara.
Ordenó que me soltaran y me dejó yaciendo en el suelo polvoso dolorido y sin aire. Subieron a las bicicletas y se fueron dando gritos de triunfo. Carlos también se fue, no sé si también dando gritos, tampoco me importa.
Volví a casa a pie.















































VIERNES

Natacha está en el baño duchándose. Mi vieja y su viejo salieron a cenar y me la dejaron a cargo. Já, el gato es mal guardián de las sardinas, dijo uno que luego se ganó una calle. Tal vez deba entrar al baño y tomar su virginidad. Pero… siempre hay un pero. La hipócrita virtud cristiana lo que ha logrado es fomentar la proliferación de degenerados y la anulación de lo que hay de noble y fuerte en la especie. La acción católica no es más que una política de eugenesia invertida. Es en pos del débil que se segrega y deroga lo fuerte y sublime que ya de suyo a la naturaleza le cuesta muchísimo trabajo producir. De Cristo a esta parte los hombres han trasvestido la moral que la naturaleza salomónicamente nos dio con halos de compasión sufriente que traban la selección natural en pos de una selección humana que hace de lo débil y degenerado lo selecto y de lo fuerte y sublime lo anormal y digno de aniquilación.
Yo soy aquí lo fuerte y la hinchazón de mi verga lo sublime. Esta es mi oportunidad, si no la aprovecho ahora, alguien más lo hará en otro momento y yo me perderé la ternura de ese himen impúber para siempre.


El cristianismo le ha dado al débil mental la oración como consuelo y placebo. Lo sabe incapacitado para apoderarse de la naturaleza y le conforma con la esperanza en un más alla supraterrenal en el que el orbe hará todo por él, sin requerir su esfuerzo. El único requisito es renunciar al instinto, cosa que al plebeyo le resulta fácil en cuanto hacerse cargo de él implicaría un compromiso y esfuerzo que no está preparado para asumir. Tal vez yo no soy el fuerte, acaso deba recurrir a la oración y abandonar el plan de asalto en el baño.


SABADO

La condición de posibilidad de las religiones en general es la estulta credulidad, la del cristianismo en particular la debilidad. El plebeyismo ha servido a unos cuantos vivillos para encumbrarse y vivir a costa de los débiles que fatigados por las exigencias del instinto buscaban refugio y justificación en los dogmas apologéticos de la debilidad.
ABANDONE EL ASALTO AL BAÑO. Cuando Natacha salió de la ducha envuelta en un toallón casi pierdo el juicio. Pero me contuve. Me cago en Dios. Algo en mí no funciona. Me imagino toda la situación: le saco la toalla como quien pela un tamal, la empujo a su cama de sabanas con ositos rositas, abro sus piernas y embisto su himen con furia; ella grita de dolor, y yo me éxcito más y más con la melodía de sus gritos.
-¿Tomamos un te?-me dice,
-Claro.-contesto-Ya mismo voy a preparártelo. Pero dejame ir al baño antes.
Voy a baño y me la casco con fuerza. El primer lechazo amenaza con atravezar cualquier materia que se interponga entre él y el vientre de Natacha.


DEJÁ QUE SE METAN SIEMPRE ANTES AL BAÑO


El mate no solo no me gusta, sino que además me cae como una patada en el culo. Sin embargo le acepté algunos para sentir su saliva mixturandose con la mía. Hubiese dado cualquier cosa en ese momento por tragarme su humedad, por humectar la mollera de mi falo en esa fuente divina de flujo salino.
- ¿Y? ¿Cómo andan las cosas con…- vaciló- Sofía? ¿Sofía?
- Sí, Sofía. Bien, ahí andan ¿Y vos? ¿Siempre con el mismo?
- Sí, siempre con el mismo. ¿ Con quién más?
- No deben ser pocos los que están en lista de espera.
- Tampoco son tantos. Además no hay nada que valga la pena.
- Gracias por el concepto que tenés de mí.
- No, no me refiero a vos… aunque sí, a vos también. Si no fueses tan… atrevido, serías un buen partido…bueno, y si no fueses tan vago tampoco.
- Pretextos. Pero te los acepto; después de todo no pretendo ser un hombre de bien. Y ¿no es eso lo que busca quien como vos fue educada para trabajar, parir y sacrificarse?
- Eso es agresivo y ofensivo.
- La realidad lo es. Ahora si querés que te cuenten cuentos…
- Dejémoslo ahí ¿ puede ser?
- Puede.
- Te llamé porque quería hablar con alguien que me entendiera no que me esté reprochando todo el tiempo mi supuesta obsecuencia a los valores que me inculcaron mis viejos.
- Vale. Perdón. Es solo que tenés tanto para dar…
- Vos no me darías mejor vida que la que me da Esteban, y lo sabés. Si decís lo contrario estas mintiendo.
Hicimos una pausa. Romina chupó el mate y luego me lo pasó. Me miró como a la espera de algo. Luego desistió y fue a la cocina a calentar el agua. Su precioso culo pasó cerca, muy cerca de mi cara, provocando una leve brisa con su contoneo, y una furiosa erección. Juré para mis adentros no parar hasta mordérselo.
Ro volvió con el agua. Me la pasó.
- No soy feliz- dijo liberando un sonoro suspiro.
- Tal vez la felicidad no existe- dije para consolar- Tal vez es un invento para evitar suicidios en masa y…
- Sí existe.
- Yo fui feliz. Ahora no lo soy. Siento que estoy con Esteban por costumbre. Siento que todos son como él.
- ¿ Yo también?
- No, vos no. Vos sos mil veces peor.
- Ah gracias.
- No, no intento ofenderte. Yo te quiero mucho, pero sos el peor hombre que puede tener al lado una mujer.
Hendió la punta del cuchillo en el pan y cortó unas cuantas rebanadas. Untó una de las rebanadas con mantecas y me la ofreció.
- No sé que es lo que quiero- dijo mientras masticaba un trozo de pan- No sé ni donde estoy parada. Todo es tan poco claro, el país, la gente…yo. Si pudiese ver mejor que me ofrece la vida; si pudiese valorar sinceramente el hecho de que tengo salud, trabajo, un plato de comida…pero nada tiene sentido. Antes, en momentos como estos, me consolaba pensando en que hay gente que no tiene satisfecha ni posibilidades de satisfacer sus necesidades más básicas. Ahora ni eso me importa.
- ¿Y Esteban?
- Esteban, Esteban. Esteban le interesa más a mis viejos que a mí. Esteban es el gran responsable de que yo esté así. Esteban fue el que me hizo dar cuenta con sus actitudes de que el mundo es fatuo, vil, obsceno.
- ¿Tan malo es?
- Sí, es un hijo de su época. No lo culpo, pero tampoco lo justifico. Tan solo si prestara más atención a lo que me interesa a mí y no solo a lo que le interesa a él, sería otra cosa mi vida.
- Buscate otro.
- No es tan fácil la cosa. Ya ves, hace un rato te acusé de ser la peor compañía para una mujer y lo aceptaste como si nada. Todo el mundo es egoísta, porquería, pero dice lo contrario, miente, se esfuerza por mostrarse distinto de lo que es en vez de aceptarlo y cambiarlo. Vos por lo menos lo reconocés y no sos hipócrita, solo que te arreglás así, no movés un dedo para ser mejor. Y es eso lo que te hace el peor, tu conformidad con tu naturaleza ruin.
Romina se arregló el pelo detrás de la oreja izquierda; lacio, azabache, como una cascada oscura de muerte rompiendo sobre sus hombros desnudos.
- Tal vez todo se reduzca a un problema de sábanas.
- Vos y yo nunca nos vamos a entender. ¿Todo tiene que ver con el sexo?
No contesté nada. Con qué otra cosa que no fuera sexo tendría que ver una mujer como ella.
Respiró profundo como si con aire quisiese ahogar algo dentro suyo. Luego dijo:
- Estoy anémica. Como poco, me falta el hambre. Me desmayo en cualquier lado. El otro día me desvanecí en plena calle. A Esteban ni le importa. Le pido que me acompañe a algún lado y siempre está ocupado con otra cosa. Quiero un hombre, entendés. Necesito un hombre para el cual yo sea lo más importante. Quiero sentirme prioridad, sentirme protegida, amada de verdad. ¿ Te acordás cuando estabas enamorado? Andabas hecho un loco. Te habías convertido en algo así, como un guardaespaldas; eras un guardián obsesivo, enfermo de tu tesoro; cada cosa que salía de tu boca resumaba amor. Amabas el mundo, estabas enamorado del mundo. Entonces yo te amé. Y envidié a Renata por tener a su lado un hombre así. Y soñé con tenerte y ser tuya. ¿Quién diría que nuestra amistad empezó como un amor inconfeso? Sí, yo te quise y no obtuve de vos más que tu amistad. Y la acepté, la acepté con la esperanza de que algún día verías en mí la mujer que veías en Renata. Pero ahora ya es tarde; ahora no sos más que el harapo de un mendigo. Sos un deshecho de hombre. Lo único que me mueve a respetarte un poco es el hombre que fuiste, el hombre que amé. A veces me pregunto quién te convirtió en esto. Tenías un futuro prometedor, ahora ni siquiera tenés un futuro. Si alguien viniese y me dijese que sos un asesino serial, lo creería sin vacilar un segundo. Estás vacío, ni odio te queda. Creo que matarías solo para buscar una señal en vos que implique que estas vivo, y ni así lo encontrarías.
Permanecimos en silencio un rato largo, tomando mate, compartiendo la saliva a través de la bombilla. Era lo más cercano a un beso de lengua. Afuera lloviznaba y la gente se mojaba. Por la ventana se filtraba un aroma de tierra mojada. También subía desde la calle el murmullo inquieto de la ciudad despierta. En la habitación la atmósfera flotaba de manera extraña.
- Hablamos mucho las mujeres ¿no?
- Se quejan mucho.
- Sufrimos mucho.
- Sí, tienen una gran vocación de sufrimiento.
- La condición de la mujer en ésta como en cualquier cultura que conozca es bastante inconveniente para alcanzar la dicha.
- ¿Probaste con la oración?
- ¿Qué?
- Es un comercial, dice: “Ya probaste con todo y no funcionó, ¿probaste con la oración?”
- Sí, probé.
- ¿Y?
- No funcionó tampoco.
Reflexioné.
- ¿Qué pensás?- dijo.
- Pienso en que tal vez crearte un hábito te sentaría bien. Tenés una vida demasiada holgada y eso te da demasiado tiempo para pensar.
- Estar con Esteban es un hábito para mí.
- Cierto, pero un hábito insano. Hay al menos dos cosas que todo ser humano debería concebir como algo más sublime que el más preciado de los hábitos: el estar con personas íntimas y el trabajo.
- Tenés razón, voy a calentar el agua y seguimos ¿si?

La panza me estaba quedando verde de tanto mate, pero la saliva de Ro que me llegaba en cada uno me vivificaba y me excitaba. Mañana me cago la vida pensé.
Ro vino de la cocina moviendo maravillosamente las caderas. Su pelvis era una magnífica “Y” griega. Fue a partir de esta iluminación que esa letra se convirtió en mi preferida. Jamás volvería a escribirla sin pensar en los genitales de Ro.
De súbito Romina vaciló, sus ojos se desorbitaron y se desmoronó, no sin gracia. No pude atajarla. Pero el choque con el suelo no fue muy brusco.
Con toda aquella mujer yaciendo inconciente en la suave alfombra persa y sin nadie en la casa ¿qué hacer? Lenin se había hecho esta misma pregunta, si bien en muy otras circunstancias, y escribió un libro. ¿Podía yo escribir un libro motivado por esta pregunta, y en estas circunstancias? Sí, podía, y era una magnífica idea, pero ninguna superior a la que asaltó mi testosterona. ¿Por qué no? me dije. ¿Por qué no echar mano de todo aquella carne, fresca, sabrosa, demasiada para un solo perro como Esteban, suficiente para un lobo estepario como yo?
De hinojos en torno a Romina, quién tantas pajas me había inspirado, vacilé. No es ético me dije, y casi de inmediato, “ ¿Y qué?”
Agarré primero una de sus tetas y la amasé, con el pulso tembloroso y el espíritu afiebrado. Esas tetas que tanto me habian hipnotizado con sus rebotes armónicos, ritmicos, como la vibración de una cuerda ahora a mi merced. Abrí la blusa y surgieron, desnudos, con simetría perfecta y la turgencia que siempre imaginé. Los pezones estaban ligeramente relajados y eran grandes y hermosos. Rocé mis labios en ellos y se contrajeron. Sendas puntitas emergieron en derredor de la montañita del centro, como mariposas en corro sucumbiendo a una erección. Amasé y mamé, frenético, con una eyaculacción reprimida apunto de desbordar mi cordura. Mis lascivas garras recorrieron el cuerpo de mi presa indefensa, deliciosamente indefensa. No paraba de acosarme el temor a que Ro volviera en sí y me econtrara así, con las manos en la masa, quiero decir, en la carne, en su carne, fruto prohibido por el que Adán hubiera renunciado a mucho más que a un paraíso vacuo como el de Yavé.
Subí la falda un poco, y bajé la bombacha, también un poco. Un matorral amazónico pero prolijamente podado surgió, sublime, orgulloso. Casi sosobro ante ese espectáculo. Me sentí un pagano ante la magnificencia de Dios, un ciego liberado de su ceguera ante la furiosa refulgencia del sol. Pasé la palma de mi mano por aquél pubis con el que aun sueño. Sentí sus suaves pinchazos; su lozanía; un valle uberrimo en el cual hundí mi nariz e inspiré con fuerza hasta llenar mis pulmones con su aire purificado, hasta vivificar cada gota de mi sangre con su aroma.
Mi lengua escapó de mi boca y se refugió en unas ninfas humectadas y de sabor ligeramente salado. Recién en ese momento, cuando mis labios se fundieron con los de su entrepierna sentí que lo que estaba haciendo no era otra cosa que una descarada y sucia violación. Aun no entiendo porqué en ese momento y no antes, pero la sensación fue tan fuerte que me di cuenta que Ro me conocía mejor que nadie y que no sobreestimaba en absoluto mi protervia.
Y pensar que hasta hacia tan solo unos minutos me conformaba a penas con las partículas de saliva que me llegaban a través del mate, y ahora me estaba embriagando con ese elixir divino que empapaba mi incipiente barba. ¿Quién negaría que si alguien puso las barbas en remojo, ese fui yo en aquel momento?
La polución comenzaba a traspasar la tela del jean y hacerse visible. Y el entusiasmo de mi verga me anulaba. La saqué de su cautiverio y la metí en el agujero de Ro. Se deslizó con gracia hacia lo profundo. Solo di dos estocados porque el miedo me embargó. Lo que estaba haciendo no solo no estaba bien, sino que además dejaría huellas que me inculparían. La saqué loca de éxtasis. Tomé mi pañuelo y lo pasé por la entrepierna de Ro para secarla. Le acomodé un poco los labios que con la despenetración violenta habían adoptado un rictus fatal y subí la bombacha para ponerlo a salvo nuevamente. Sin embargo las hormonas arremetieron de nuevo y esta vez con más fuerza. “ El culo”, me decían, “ queremos el culo”. Y yo no pude, no quise desatender esa demanda. Me debatí, juro que me debatí; pero mientras lo hacía la volteé y puse uno de los almohadones del sillón que se erguían a mi lado como una regenta impía, debajo de su pelvis de modo que su culo me apuntara dispuesto a recibirme todo. Pelé mi miembro dispuesto a inmolarlo en aquél altar.
Se suele decir que el castigo que recibimos por nuestros pecados es peor de lo que se imagina. Ese día supe que eso era verdad, pues tan pronto como hube despojado el culo de Ro de su ropa interior, culo que a la sazón era para mí insuperable, culo del cual era devoto, culo al cual rendía pleitesía y cultos de toda clase, pude ver no sin desagrado ni asco una mancha marrón castaño que no podría ser otra cosa que producto de una mala higiene anal después de una evacuación intestinal.

Desde el día consabido he vuelto a ver a Romina muchas veces y con la regularidad de siempre, pero ya nunca volvió a ser, ni volverá a ser lo mismo.
Después de ese día tuvo otros desmayos, dos de los cuales me tuvo como testigo. Ni en uno ni en otro le toqué siquiera un pelo. Me limité tan solo a hacerle oler algún perfume fuerte o cachetearla un poco para que volviera en sí.
Espero con ansias, no obstante, que alguna otra mujer se desmaye ante mí, al socaire de la soledad. Tal vez mi suerte cambie entonces, y ésta se haya lavado el culo. Yo por mi parte ¿me animaré a espiarle la bombacha?



























LUNES

Paso la mañana releyendo algunas cosas que escribí hace no menos de 3 años. La huella de Ricoeur, de Gadamer, de Husserl y algún que otro hermeneuta aparecen aquí y allá en esos trazos de filosofía que urdí con mano temblorosa y complejo de inferioridad vernáculo. No me quejo de lo que produje, pero no puedo dejar de reconocer que ya no logro reconocerme en esos textos. Me cuesta entenderlos, y no porque sean obscuros, simplemente me cuesta conectar con ese yo pasado. Por otro lado el estilo ampuloso que acusan mis producciones pretéritas me fastidia un poco. La carga semántica que le endilgué a cada término más que para significar la realidad de las cosas (compleja de suyo) fue concebida para hacer que el texto pudiera defenderse sin necesidad de mi presencia. La polisemia deliberada haría lo suyo ante cualquier ataque, pensaba. No obstante me cuidé mucho de la tentadora ambivalencia, y creo haber logrado no caer en ella. Como sea, esos textos ya no me representan, y poco importa su suerte. Lo que sí me importa y más aun, me perturba es que esto que escribo, en un futuro ya tampoco me represente y lo deje librado a su suerte tal cual sucede con los otras producciones. La paradoja, (si es que es esto una paradoja) es que no puedo apropiarme de lo que en esensia es mío. Puedo apropiarme de un texto de Hegel o de Condillac con mayor o menor esfuerzo, pero no de uno mío en que sus ideas ya no sean las que profeso ahora.



ESCRIBIR PARA QUE LUEGO NO TE PUBLIQUEN

Generalmente escribía por la mañana y de un tirón. Mi falta de oficio me impedía retomar el trabajo si lo cortaba por algunas horas. De modo que no bien empezaba a darle a la máquina no paraba hasta que terminaba el relato, cosa que casi siempre ocurría cerca del mediodía. Esta era la fase catártica de la producción. La fase de ofebre sobrevenía a la tarde; le dedicaba no más de tres horas y tampoco admitía interrupciones prolongadas. Esta forma de trabajar era mi mayor limitación. Si no aprendía otra jamás podría escribir una novela o un relato demasiado largo.
Ocasionalmente me venía alguna idea por la tarde que urgía ser plasmada de inmediato. Entonces la anotaba para que no se me fuera y trabajarla a la mañana siguiente, pero casi siempre ocurría que no prosperaba. Decenas de cuadernos de antaciones de este tipo yacían en el más sereno olvido juntando polvo. A este archivo frondoso me gustaba llamarlo el cementerio de proyectos.
Escribir para mí era una forma eficiente de acallar esas voces interiores que se agitan dentro de todo ser humano y a veces congestionan el cerebro impidiéndole respirar con normalidad. Antes de que empezara con esto de la literatura bebía demasiado. Ahora solo me emborrachaba unas pocas veces al mes.
Había veces en las que escribía prolíficamente: siete u ocho relatos en una semana. Otras, en cambio, en las que no pasaba de dos; era entonces cuando me embriagaba y salía a la calle a buscar, roña o en su defecto alguna nonagenaria que se dejara sodomizar.

Aquella había sido una de esas semanas prolíficas. Seis relatos en cuatro días. Bebí a titulo de festejo el jueves, y el viernes fui a ver a mi editor. Me atendió una empleada. De alguna manera debía estar haciendo guita, puesto que no tenía empleada la última vez que lo vi, hacía cosa de un mes, y esta estaba muy bien como para dejarse arreglar con poco.
Karina, ese era su nombre, lo llamó al celular. J. atendió y Karina le dijo que yo estaba allí. Me pasó el teléfono.
- Hola ¿Beetho?
- -Sí soy yo- dije.
- Qué hay.
- Tengo unos cuentos- dije.
- Bien, bien. ¿De qué se tratan?
- Uno es de una pendeja que me tiró la goma por una pitada de faso, los otros son de putas, borracheras y todo eso.
Karina se había ruborizado.
- Está bien- dijo- Dejáselos a Kari que yo en unas horas voy a andar por ahí y los recojo.
Le pasé el teléfono a Karina y ésta se puso a hablar con J. Concertaban una cita para la noche, en la casa de ella. El hijo de puta se estaba comiendo aquel ojete o estaba a punto de hacerlo. Tenía muy buenas tetas y el resto del cuerpo no estaba nada mal. Ya escribiría sobre ella cuando J. me contara lo que hizo esa noche.
Dejé los folios y me fui. Paré en un copetín de O. para tomarme unos vinos.

Por la noche J. me llamó al hotel.
- Hola- dije
- Hola Beetho.
- ¿Y?
- Mirá, no están nada mal- dijo- Pero con lo de la monja no se te fue un poco la mano.
- Fue así como sucedió- dije- Y de monjas tengo algunas más que...
- Pará- dijo- Mirá, vos sabés que eso de la censura no me va. Pero sucede que tengo el negocio justo frente a una escuela religiosa.
- -¿Y?
- Y esto no va a caer muy bien.
- A mi tampoco me cayó muy bien que me mordiera la...
- Ya lo sé,- interrumpió- pero tal vez deberíamos posponer la publicación del de la monja...al menos hasta que me mude a otra parte.
- ¿Es tu última palabra?
- Es mi última pa...
Corté.
Me sentía para el orto. Me habían censurado. Ni a Buko le había ocurrido eso. Tal vez debería empezar a incursionar en la poesía. Ni mierda, la poesía era para maricones, excepto la de Buko claro. Con J. habíamos ido a unos cuantos bares literarios a escuchar recitales de poesía. Él buscaba algún poeta joven que quisiera publicar a bajo costo en su revista. Pero no había conseguido a nadie aún. Todos estaban enfermos de vanidad; se creían más grandes que Rimbaud y exigían demasiado. En varias oportunidades yo me había puesto en pedo y empecé a destilar mierda a diestra y siniestra. Un día me tiraron con un posillo de café y yo le lancé un gargajo al que estaba leyendo, él no tenía nada que ver, o sí, su poesía era caca de perro constipado. La cosa no terminó bien y J. no pudo volver a poner un pie en ese sitio. Estos pendejos eran muy sensibles y no se bancaban las críticas. Pero para insultar eran mandados a hacer. Uno me gritó puto marginal. Yo no me quedé en el molde y también lo escupí.
Pero volviendo a lo de la censura, yo no me estaba metiendo con la religión, era la religión la que se había metido conmigo, y yo no hacía más que contarlo. Fui por unas botellas de vino y puchos. Cerca de la medianoche intenté escribir una queja. Pero no me salió nada “decente”. Tal vez debía esperar a que J. se mudara.Tal vez debía buscar que me publicaran en otra parte, pero quién. Yo no sabía escribir, era solo un mierda con mugre para contar, y nadie, excepto J., estaba interesado en eso. Su política era clara: inundar de bosta el país para que nos ahoguemos todos. Me quedé frito.
Me despertó la chica de la limpieza, una inmigrante paraguaya a la que le estaba haciendo el entre. Me dijo que un tal J. había pasado hacía unos quince minutos y me esperaba en el bar de la esquina.
- ¿De cuál esquina?- pregunté.
Había un bar en cada una de las esquinas entre las que se encontraba el hotel. Hizo un gesto de no sé y se marchó. Con toda mi parsimonia me vestí y salí. Fui a uno de los bares, miré desde afuera para ver si veía a J. Nada. Tal vez está en el baño, me dije. Fui al otro bar. Allí estaba, fumando y leyendo el diario. Entré.
- ¿Qué hacés?- dijo.
- Hola- dije.
- Hace mucho que espero.
No dije nada.
- Vine por lo de ayer.
- Ya lo sé.
- Necesito tiempo. No puedo arriesgarme a tener problemas con las monjas ni con los padres de los chicos del instituto.
- No tienen por qué enterarse.
- Muchos de esos padres leen la revista. También muchos de sus hijos. Algunas viejas ya me miran con mala cara. No les gusta lo que hacemos.
- Que no lo lean.
- No es tan fácil. Sabés como es esto- Mató el cigarrillo- Los pibes venían y me compraban esas revistas Cazador. Eran de lo más pedorras. Yo francamente no imaginé que alguien podía pensar que unas tetas y un poco de sangre podían trastornar a un pendejo. Pero imaginé mal. Varias madres vinieron a quejarseme. Eran intransigentes y estaban furiosas. De casualidad una vió unas revistas pornográficas y les dijo a las otras blandiendo un ejemplar, Vean chicas, con esto este hijo de puta pervierte a nuestros hijos. Lo de chicas fue un plato, ninguna tenía menos de 50 ( o habían parido tardíamente o sus “niños” ya eran unos pelotudos grandes). La cosa es que yo no sabía como explicarles que aquello no se vendía a menores, que en todo caso eran sus maridos los que las compraban. Otra de las puta vió un libro de Sade. Lo tomó y lo abrió al azar. Les leyó un pasaje... ¡ ah bueno! dijo una, esto ya es un antro de perdición. ¡ Un sex shop! Añadió otra que hasta ese momento había permanecido callada. ¡ Y enfrente de nuestra escuela! Gritó la que tenía el libro en la mano. Les expliqué que Sade era un clásico y que en las academias más importantes del mundo se leía. No les importó. Me ordenaron que dejara de vender pornografía a sus hijos, o me denunciaban; naturalmente esa categoría incluía a las Cazador. Tuve que dejar de traer esas revistas de mierda y por añadidura las pornográficas. Perdí un buen mercado.
- ¿Cuál es el punto?- pregunté.
- El punto es que poco después empecé a publicar tus textos. Ahora los pibes a los que dejé sin Cazador vienen a buscar mi revista para leer tus historias. Los que dejé sin pornografía lo mismo. A las viejas les están saliendo úlceras en la concha. Cuando me ven cuchichean; sé que no dicen nada bueno. Las ventas cayeron en un 40%, y para colmo de males la competencia organiza reuniones en las que hablan de mí como si yo fuera un enemigo público.
- Pero aún no te clausuraron.
- No pueden. La revista tiene algún contenido periodístico que la salva de la censura estatal, y además está aquello de la licencia artística. Pero me la dan por otro lado ¿entendés?
- Sí.
- Por eso no quiero publicar lo de la monja. Eso va a ser la gota que colme el vaso. No se la van a bancar. Por eso te pido que aguantes un poco. El día que mude el negocio podemos publicar eso y mucho más, pero por ahora lo mejor es no hacer más bardo. Además tengo unos dineros ahorrado con lo que quisiera publicar un libro; una antología de literatura marginal. De más está decir que lo tuyo tendría un lugar de privilegio.
Eso último sonó a soborno. Pero acepté. Los argumentos eran convincentes, y de no serlo que podía yo hacer. Llamamos al mozo y pedimos unos whiskachos. Brindamos por las monjas y las viejas pacatas del Luján S.

Cuando volví al hotel me crucé a la paraguaya en el patio.
- ¿Qué hacés esta noche?- pregunté.
- Nada en lo que vos estés incluido- contestó.
- Van a publicarme un libro- mentí.
Siguió andando con un hermoso contoneo de culo como si nada. Claro, no sabía leer.




































MARTES

El cerebro es un escenario, la consciencia su espectáculo. Todo cuanto existe, ya sea ideal ya sea material, es consciencia de, o sea, espectáculo. Ni la cosa se muestra, ni la idea es la copia de la cosa; tampoco la mente produce (fabrica) la cosa. Ser es ser concebido; ser y ser concebido no son dos cosas que se den por separado siendo uno condición del otro; solo podemos escindir el ser de su ser concebido en la abstracción del análisis. Si esto es tan así, el mundo en tanto espectáculo mío, solo se puede compartir parcialmente con los otros en el marco de la praxis y del lenguaje. Pero aún queda un residuo incompartible, tan mío y tan cercano que ni conmigo mismo puedo compartirlo a nivel consciente; tan solo puedo vivirlo y experimentarlo en su incertidumbre.



INSTRUCCIONES PARA HACER QUE UNA MINA NOS ABRA LAS PIERNAS

MOSTRARSE LIMPIO. ESTO SIGNIFICA MOSTRARSE LIMPIO FISICAMENTE, EN LO QUE A LO ESPIRITUAL RESPECTA, A LAS HEMBRAS LES ENCANTAN LOS TIPOS SUCIOS.
OSTENTAR BUEN PASAR ECONOMICO. EL DINERO Y LA ELEGANCIA SON UN LUBRICANTE NATURAL.
MOSTRARSE EXITOSO. LA SELECCIÓN NATURAL HA PROCURADO IMPEDIR LA REPRODUCCION DE LOS PERDEDORES Y EN ESTO DEBEMOS APELAR A LA ANIMALIDAD DE LA MUJER.
Los dos mejores trabajos después del de proxeneta son: el de librero y el de escritor. Lo único negativo del asunto es que el libro se convierte en una mercancía, cosa nada grata para quien ama los libros, y con lo que escribís sucede lo mismo, exactamente lo mismo. DE LOS BENEFICIOS DE ESCRIBIR YA HABLAMOS MAS ARRIBA. SER LIBRERO PUEDE RESULTAR CONVENIENTE PARA QUIEN TIENE ASPIRACIONES INTELECTUALES, PERO TODO UN FRACASO PARA ABRIR LAS GAMBAS DE UNA HEMBRA. SI HAY ALGO QUE A LA MUJER LE ABURRE Y MOLESTA SON LOS INTELECTUALOIDES. EL PROXENETISMO ES EL LABURO MAS ADECUADO PARA CONSEGUIR CHOCHOS.
SER DIVERTIDO. A LAS HEMBRAS LES ENCANTA DIVERTIRSE PARA OLVIDAR SU MISERA CONDICION SUBHUMANA. LA DIVERSION ES PARA ELLAS OTRO LUBRICANTE NATURAL. SI UNA MUJER RIE DE SEGURO SE ESTA MOJANDO. UNA RISA PROLONGADA Y FRENETICA TERMINA CASI SEGURO EN MEO.
SI NADA DE ESTO FUNCIONA, COSA QUE DUDO, PODES APELAR A LA PROSTITUCION DE TU CUERPO. A CONTINUACION TE OFRECEMOS ALGUNAS FORMAS DE PROMOCIONARTE:

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QUE TU CHOCHO SE HUMEDEZCA POR ALGO MAS QUE POR EL SUDOR
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7. Si una mujer permanece más de diez minutos en compañía tuya teniendo otras cosas mejores que hacer, algo de vos busca. Es la señal, procede y alcanzarás lo que anhelas.


DOMINGO


Llamé por la mañana al Caimán, un golfo reprimido amigo mío, para que leyera el manuscrito. Vino hacia el mediodía y hablamos de esto y aquello. Le hablé de Natacha y de lo harto que estaba de Sofi. Por supuesto el no podía entenderme porque era puto, pero al menos me sirvió para desahogarme un poco.

El Caimán fue al baño a mear y cuando terminó tiró la cadena. Vino a la mesa y se acomodó. Yo le tendí el manuscrito para que lo viera. Lo miró y me hizo un gesto de aprobación devolviéndomelo. ¿Va a imprenta?-pregunté. Va a imprenta-contestó. Fue ahí cuando vi sobre la hoja un grueso y pesado pendejo que inferí en el acto que pertenecía a los genitales del Caimán. Lo soplé y este abandonó el papel haciendo remolinos en el aire. La proxima vez lavate las manos-dije. El Caimán se las miró azorado sin entender de qué estaba hablando.


MARTES

-El macrobiótico no caga pastoso-dijo Susana. Y con esa frase terminó por convencerme de que la macrobiótica era definitivamente lo mío.
Mi vida parecía pasar por tres puntos clave de mi cuerpo: los genitales, el estómago y el cerebro. Con los genitales y el cerebro no me llevaba tan mal, ahora lo que es el estómago... De desequilibrio en desequilibrio. La comida que ingería solía ser mucha y de la peor. No tenía conducta alguna ni plan alimentario. Dos de cada tres días padecía problemas de pesadez o indigestión. Mis intestinos estaban siempre henchidos de carnes y cuantas porquerías ofrece el mercado. La macrobiótica me parecía terriblemente aburrida como toda disciplina ascética; y sus explicaciones a través del yin y el yang se me antojaban chamuyo barato. Pero estaba dispuesto a intentarlo. Después de todo un desauciado como yo no tenía nada que perder más que unos quilos de colesterol del malo.

Susana se entusiasmó tanto de que yo quisiera hacer la de su fallecido amado que se comprometió a conseguirme bibliografía y a prepararme algunas comidas macrobióticas. Yo por mi parte me dejaba llevar; sentía que ya mi vida no tenía sentido y que cualquier cosa que hiciera, por muy mala que fuera, no podía ser peor que lo que estaba atravesando.





VIERNES

Para qué se escribe si no es para aplacar el dolor o para incinerar a algún amigo sin que éste se ofenda irremediablemente. El gran problema del hombre es que desea constantemente y las más de las veces no puede satisfacer esos deseos. Y el desear no tiene que ver con no tener la mujer adecuada o verdaderos amigos o las comodidades suficientes. Uno puede, como en mi caso, tener una excelente compañera y desear imperiosamente tener ese culo que se pavonea cada mañana por tu vereda. Y el problema estriba en que acaso ese culo ni siquiera es mejor que el de tu mujer, ni su portadora más linda, inteligente o buena. ¿Y entonces? Bueno, el tema es que el culo de tu mujer ya lo tenés y aquel no. El deseo es siempre deseo de algo que no se tiene. Los griegos llamaban filósofo a aquel que amaba la sabiduría, es decir, a aquel que amaba lo que no tenía y anhelaba tener. A quienes creían poseer tal sabiduría lo llamaban sofistas, o sea, sabios. El punto es que un deseo como el sexual te nubla hasta el punto de separarte de tus amigos o de maltratar a tu mujer que dicho sea de paso nada tienen que ver con que no puedas satisfacer tu deseo. Pero el drama de la existencia pasa por ahí y nada podemos hacer más que dejar de existir.
Ser un infeliz insatisfecho es una condena, o mejor, el precio que debemos pagar por haber venido a este mundo.




MIERCOLES

Con el Caimán fuimos anoche a buscar a Sofi a la facu. Hacía un frío de cagarse y todo eso. Sofi nos esperaba en el primer piso y no tardamos en encontrarla. Partimos y en el camino decidimos, o mejor decidí, buscar refugio en alguna parte. Entramos a una confitería a picar algo, tomar unos vinos y unos cafés. Unos golfos que yacían en la puerta nos miraban con hambre indisimulado. El Caimán y yo nos entretuvimos hablando de literatura un par de horas mientras que Sofi dormía con la cabeza apoyada en mi hombro derecho. Macedonio, Arlt, Borges, Carver, Bukowski fueron los autores que más tocamos. La pasé bien. Hacía tiempo que me debía un tiempo para algo así. El Caimán en cambio parecía sufrir por la cuenta.
Llegué a casa filtrado pero pensando en Gasparina. Ah Gasparina! Las noches que sodomizando a Sofi o a alguna otra víctima me imaginé tu blanco culo rendido a mi virilidad efervesciente. Y pensar en ella no fue casual, justamente cuando ibamos con el Caimán hacia la facultad le confesé que yo había estado perdidamente cachondo por Gasparina. Él la había visto un par de veces en casa, y hasta se había ilusionado, pero al pedo. Gasparina tenía novio y el Caimán para ella apenas era un gordo tetón solo recordable en una hórrida pesadilla. Conmigo en cambio tenía cierto feeling y había un mutuo respeto intelectual que me daba la prerrogativa de que me tuviera en cuenta. A Sofi esto no le gustaba ni mierda, y menos le gustó cuando se enteró de que a mí me pasaba algo con el Fantasma (como ella le decía). Fue esta circunstancia, o alguna otra que desconozco, la que hizo que Gasparina no fuera nunca más invitada a casa. La amistad entre ellas siguió en pie, pero lejos de mí. Yo y mi sinceridad! Mierda! Hace ya un par de años que no la veo, pero la recuerdo como la primera vez: blanca, blanquísima, con esos ojos turquesa ligeramente extraños, y aquel triángulo entre las patas que de muy buen grado hubiese devorado como un manjar de los dioses del Olimpo de haber caido en mis manos.

DOMINGO

Definitivamente algo murió en mí; algo bueno, algo grande, algo que me hacía especial (no es mi miembro, aclaro por las dudas). No sé a ciencia cierta cuando murió ni qué o quién fue responsable. El punto es que antes yo tenía algo genial, algo importante entre manos: el no hacer nada relevante de mi vida colmada de vida. Ahora eso cambió, y me veo impelido a... Naturalmente esto no puedo hablarlo con Sofi, o mejor dicho, puedo, pero es al pedo, pues no puede comprenderme. La mujer solo goza de entendimiento durante el brevísimo lapso de cachondez hacia alguien. Cuando sus pliegues vaginales dejan de vibrar por ese alguien su entendimiento y su imaginación se apagan como un bombillo. Es en ese preciso momento cuando deja de ser una mujer para convertirse en una hermana o en un amigo con tetas.


MIERCOLES

Despierto y veo a Sofi retozar, un sueño agradable, pienso. Le saco unos pelos que se le metían en la boca como si quisiesen ser deborados. Bajo, prendo la tele para ver la temperatura: un grado y monedas. Me lavo la cara y los dientes. Estoy sobre la hora. Me apuro. Subo por mis pilchas, un pantalón y la misma camisa que ayer.
Me estaba poniendo el pantalón cuando me doy cuenta de que Sofi me miraba desde la cama, en silencio y con los ojos un poco hinchados.
-Estabas soñando cuando me desperté- le digo.
Breve silencio grillar. Luego dice:
-Soñaba con que hacíamos un bebé.
Me hago el otario. En esto soy un profesional.
-Habíamos decidido tener hijos, vos lo habías decidido. Era mi cumpleaños y como lo prometiste me regalabas un hijo.
Sigo en el absoluto mutismo. Sofi al no hallar respuesta se da la vuelta y esconde su cara en la almohada.
Termino de vestirme y me acerco. Intento verle la cara pero la unde más en la almohada. La fuerzo y se debate. Finalmente logro verla, sus ojos cargados de agua me miran sondeándome.
-¿qué pasa?- pregunto.
Me asalta con un beso violento que me lastima el labio inferior. Me meto entre las sábanas y le echo mano a su culo. Aproxima su pelvis y la frota en la mía. Desabotono el pantalón y se la mando hasta el fondo. Jadea y sus ojos se hacen para atrás. Bombeo hasta eyacular, no sin antes darla vuelta y mandársela por el agujero alternativo.
Me limpio con las sábanas, respiro un poco para reponerme y me levanto.
Le doy un beso en la frente y me despido. No parece contenta.

Cuando llegué al negocio el Caimán estaba en la puerta esperándome. Tiritaba de frío. El tampoco parecía contento, pero no dijo nada.


VIERNES

El amor dura lo que 5 o 6 polvos violentos, no mucho más. La fe en las personas lo que un cigarrillo fumarse a sí mismo. La vida es una payasada triste, tristísima. Si uno se compromete con ella, si uno cree en ella, está acabado y sin remedio. A qué perpetuar lo que jamás debió ser. Por qué no cortarla y ya. Tenía dos alternativas: la de Buko, que era cruzarse de brazos y esperar el final; y la mía, que era ascelerar el proceso. Siempre tuve miedo al dolor; siempre huí de él. Por esta razón aún no me había matado. Pero hacía unas semanas Susana me había contado cómo se dio muerte su compañero de 20 años con unas simples e indoloras pastillitas. ¡Viva la química y la farmacología!, casi grito. La idea me pareció genial. El Valium estaba a mi alcance, y morir iba a ser como quedarse dormido sin poder ya despertar. La idea se quedó fijada como por pegamento en mis sesos. Solo debía ordenar todo antes de partir y decidir fecha, hora y lugar de partida; luego ZZZZZZZZZZ. La radical decisión de morir podía ser un aliciente para decidirme a asaltar a Natacha. Pasé toda la noche barajando la idea de que si iba a morir, bien podía terminar mis días comiéndome un buen plato.


DOMINGO
Qué no haríamos por las mujeres. El leit motiv de todo hombre es agenciarse al menos una hembra, cueste lo que cueste. Pero ésta solo tiene ojos para sí misma y para las de su género. El macho no es otra cosa que un proveedor. Pronto ya ni siquiera nos necesitarán como fecundadores. La clonación hará lo que nosotros ahora y para lo único que seremos necesarios será para los múltiples trabajos que por incompetencia física y mental la mujer no puede realizar. Ese día la castración se pondrá de moda y los hombres, por satisfacer a las mujeres nos cortaremos alegremente las pelotas.


MARTES

¿Qué esto que tengo ante mí? Una novela que se escribe día a día, hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo, como la vida misma.




JUEVES
Hace ya unos días que no veo al Caimán. Tal vez ande arrastrándose por ahí, colérico por lo que escribí en uno de mis relatos. Tal vez hoy se de una vuelta por aquí. La calidad de un hombre, decía el Gran Loco, se mide por la cantidad de verdad que es capaz de soportar. El Caimán no soporta ni media verdad. Es demasiado sensible, y acaso poco hombre. Anda por la vida buscando desesperadamente una hembra (o un macho) que le eche una soga al cuello. Su moral de esclavo más que producto de su género, como supondría Esther Vilar, es producto necesario de su origen étnico. Él es un mestizo, por sus mustias venas no corre jugo de tomate frío como es dable esperar, sino sangre negra y sangre aborigen. Y de la mixtura de estas dos sangres no se puede esperar un hombre libre, ni un hombre virtuoso; siquiera un hombre.
Él Caimán Ojeroso busca esclavista. Lo busca mujer porque está harto de hacerse la paja y de tener poluciones nocturnas que le obligan a bañarse por las frías mañanas de invierno. El agua, como a todos los de su clase, le desagrada en demasía. Y esto no es un mero y huero prejuicio racista. Al Caimán solo lo vi encolerizarse una vez en los muchos años que hace que lo conozco. Fue un día en que Pitu le tiró agua y lo empapó de pies a cabeza. Ese día hacía muchísimo calor y todos nos estábamos arrojando agua los unos a los otros... menos el Caimán, claro. Él estaba todo sudado pero prefería seguir fritándose en su propia grasa que ser refrescado con agua. Se enojó tanto que pensamos que se iba a ir a los golpes. Pero le faltó huevos como siempre y se limitó a dar simiescos alaridos de enojo y advertencia.
Siendo sucio, feo, perezoso y maricón el Caimán tiene muy pocas chances de conseguir una mujer que lo quiera, mas él sigue empecinado en permanecer en su mierdoso ser sin resignar nada. No soy bonito-dice-pero no saben la garra que le pongo. Por supuesto a las minas poco y nada les importa la garra que le ponga alguien que de suyo es menos sexy que mi abuela en bolas. Y por esa razón el Caimán seguirá soltero hasta el día de su muerte, cascándosela mientras ve por tele cómo otros atienden a 3 o 4 hembras a la vez y diciéndose en lamentos: por qué algunos tantos y otros tan pocos.

OTRO JUEVES

Al Caimán le escandaliza mi vilarismo. No concibe la vida libre, sin jefes, esposas y niños. Él quiere todo eso para sí; es la versión masculina de Susanita, la amiga de Mafalda. Cuando le dije que me iba a recorrer el continente se alegró mucho, y fiel a su espíritu de empujador me alentó. Pero cuando advirtió, en uno de esos raros momentos de lucidez que cada tanto lo visita, que el motivo de mi viaje era zafar de las cadenas que Sofi intentaba imponerme con su embarazo la cosa dejó de entusiasmarle y quiso moralizar. No se lo permití, por supuesto; y desde entonces me juna como un ser amoral y PELIGROSO.



EL DIA SIGUIENTE

El CAIMAN QUE ESTA SOLO Y ESPERA cree en la familia, la propiedad privada y la monogamia. Es un flojo y un aburguesado que consume calorías huecas de a kilos y ensancha su negro culo de a metros. El Caimán es una paradoja en sí mismo si se lo observa con atención. Por un lado es una persona que siempre fue vieja, ya de párvulo era uno de esos niños que parecen haber nacido viejos. Su característica más notoria es su debilidad senil congénita, que no ha hecho sino agudizarse con los años. Mas por otro lado es un pendex. Sigue rockanrolleando, se sigue masturbando, sigue soñando con su princesa azul (o con su príncipe), se sigue juntando con adolescentes. En fin, es todo un PENDEVIEJO.



LUNES

Sí, la vida definitavamente es una bosta, pero si uno no se mata es por miedo a que haya otra vida después de la muerte y encima sea eterna. A mí personalmente me aflije sobremanera la monogamia; imagínense ser eternamente monógamo. Es mucho más interesante, como decía Buko, que un sujeto pintado de rojo y con orejas puntiagudas te pinche el ojete eternamente a que un hippie con camisón blanco y voz aflautada te hable de amor y paz infinitamente. Además las putas y las promiscuas no van al cielo, de modo que alguien sensato ¿puede siquiera imaginar el paraiso como un sitio divertido? Tan adoctrinado estamos en la moral judeo-cristiana que nos venden lo malo como lo bueno y encima lo compramos alegremente. El Caimán se enoja cuando yo digo estas cosas. El Caimán era otro cuando lo conocí y ese otro que era coincidía conmigo en este punto. Pero ahora está demasiado aburguesado como para renegar de algo más que de aquello que no puede comprar. Las putas, la pornografía y los lípidos son sucedáneo de todo lo que le falta. Y tan masturbado anda por la vida que hasta se lo ve feliz. ¿Será que el secreto para ser feliz está en hacerse la paja? Lo dudo, creo que más bien está idiotizado de tanto sacudirsela, y como bien sabemos los idiotas son felices por falta de imaginación.

DOMINGO


Para qué carajo alguien decide hacerse escritor? Tal vez para poder levantarse al mediodía, como decía Buko. Buko también decía que la literatura lo habían salvado de terminar en una fábrica. Lo que es yo, pasan los días y cada vez escribo menos y peor. Los ahorros se me acabaron y mi negocio de piratería no va ni para atrás ni para adelante. Creo que a mí la literatura no me ha logrado salvar del trabajo. Creo que ya es hora de que empiece a buscar laburo si es que no quiero morir por inanición. En cuanto a Natacha… bueno, eso es tema para otro libro.









ADIOS AMIGO LECTOR, PROCURA VIVIR TU VIDA COJIENDO MUCHO Y VARIADO; Y POR POR SOBRE TODAS LAS COSAS PROCURA NO INVERTIR SENTIMIENTOS EN UNA CONCHA.

-Lissandro Iván Barrios




4 Comments:

Blogger patria said...

Leí el texto y pienso que eres un nazi de mierda. Gente como tú hace que el mundo sea peor.

Sinceramente,
La Boricua

11:22 PM  
Blogger patria said...

Puto de mierda. Lo más seguro eres gay y nunca has cojido en tu vida.

Sinceramente,
patria

11:26 PM  
Anonymous Anónimo said...

Sigue escribiendo y no le hagas caso a mi hermana, yá que ella es trisexual y bestialista.


Maniel

1:29 PM  
Anonymous Anónimo said...

patria, criticas,patria

7:55 PM  

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