22.7.06

ÉRASE UNA VEZ EL CAOS

ERASE UNA VEZ EL CAOS


PRONTO acabará todo. No sé cuanto más podré resistirlo. Acaso estos papeles sea lo único que quede de mí cuando todo acabe. Acaso ni eso. Por estos días quedan muy pocos que sepan leer, y el papel escasea como todo en este puto sitio. No me extrañaría que alguien use estas notas para limpiarse el culo o liar un faso.


Ayer anduve con 2 de mis perras por la Zona B4. Encontramos algunos trastos de chapa, viejos restos de autos. Cada vez cuesta más conseguir metales, sobre todo desde que los Peteros se hicieron con la Zona Z10, el cementerio de chatarra.
Dos B4 nos vieron y empezaron a los cascotazos; eran gendarmes apenas. Corrí con mis perras hasta un montículo de tierra y nos parapetamos allí. Tuvimos que actuar rápido para no darles tiempo a que recibieran refuerzos. Envíe a Tetenia al flanco izquierdo y a Pussygirl al derecho y apedreé a los gendarmes a discreción para despistarlos. Cuando las perras tomaron posiciones esperaron mi señal para atacar. Le dí la señal a Tetenia. Esta se mostró a los gendarmes enseñándoles sus enormes tetas. Quedaron desconcertados por un instante, tiempo suficiente como para reducirlos por el frente y por el flanco derecho. El primer piedrazo lo arrojó Pussygirl con bastante mala puntería (casi le rebana una teta a Tetenia) el segundo proyectil lo arrojé yo con bastante mejor suerte; era una esquirla de metal pesado y duro que le saltó un cacho de cráneo al gendarme más corpulento y lo dejó seco ahí nomás. El azoramiento no le dio tiempo a reaccionar al que aún seguía en pie, un sujeto gordo inflón poco temible. Tetenia le saltó los dientes de un bastonazo.
Yacientes ya, uno muerto y el otro agonizante poca falta les hacía sus pertenencias. Los desnudamos y les quitamos los bastones y las puntas. Pussygirl finiquitó la agonía del gendarme aplastándole la cabeza con una pesada piedra de canto rodado.



Cuando llegamos a nuestro territorio los vanios nos recibieron con alegría. Tetenia mostró las tetas en señal de triunfo y pegó algunos chillidos que casi me hacen explotar los tímpanos. Jodida puta. Mis otras perras abandonaron sus quehaceres para saludarme. Lo que conseguimos era bien poco pero el simple hecho de que hayamos acabado con “cinco” B4 en una sola incursión sirvió para justificar la travesía. Ya estoy viejo y recurrentemente tengo que exagerar el número de muertes y la crueldad de cada una de ellas para mantener el liderazgo y la cohesión. Sé por algunas de mis perras que se anda conspirando contra mí. Alguno de los vanios más jóvenes quieren mi territorio y mi harem y no dudarán en asesinarme apenas se les presente la posibilidad. Mientras tanto me mantengo en el poder mediante el espionaje, el terror, la mentira y el soborno sexual, todo parte de la vieja práctica política, legado de mi padre ya muerto, acaso el más grande político de la última época del Estado.



Desplazo a 2 de mis vanios a una de las casas de la 6º manzana para que la acechen. El motivo: uno de sus habitantes se animó a salir hoy. Deben andar muy necesitados de alguna cosa como para atreverse a siquiera abrir la puerta. Ahora recuerdo. Fue esa misma casa la que quisimos tomar por asalto hace no más de un año. Perdí 2 de mis mejores vanios en el intento y una de mis perras perdió una pierna. Los hijos de puta estaban bien preparados. Tenían armas largas y al parecer, por como disparaban, no estaban escasos de municiones. La balacera duró unos 15 minutos y terminamos por agotar nuestro parque antes de que podamos cruzar siquiera la verja. Desde dentro de la casa siguieron escupiendo plomo como si tuvieran un arsenal.
Chocha tuvo la maravillosa idea de intentar incendiar la casa para hacerlos salir y tuve que detenerla a sopapos. La muy imbécil. En esa casa había provisiones, cachorras, y armas en abundancia. Incendiarla hubiese significado perderlo todo. La muy estúpida se cree que la vida es tan fácil, que se puede andar por ahí quemándolo todo. Por suerte la atajé a tiempo. Emprendimos una decorosa retirada y tuvimos que racionar luego las municiones para no quedar expuestos a una invasión por parte de los territorios fronterizos.
Ahora se reinforma que uno de los habitantes salió a explorar. Eso significa que busca algo. ¿Se estarán quedando sin comida? Lo dudo. La casa es enorme y deben tener un buen jardín. Uno de mis espías contó 22 gallinas un día. Estimamos que hay unas 14 personas viviendo allí: 5 cachorras, 4 perras y al menos 5 tipos. Con sus aproximadamente 40 m2 de jardín se las deben arreglar bastante bien en el autoabastecimiento de comida. Si hay algo que necesitan imperiosamente como para arriesgarse al afuera eso puede ser el agua. Hace 2 semanas que no hay lluvias y el agua está empezando a faltar incluso acá afuera. Sea lo que sea seguiremos acechando. Si es el agua lo que falta, quieran los astros que siga sin llover por algunas semanas más. Si es otra cosa, pues lo averiguaremos.



El poder es lo único que mantiene la cohesión del grupo, y en otra época, la de la sociedad. Políticos como mi padre destruyeron aquel mundo. Yo colaboré a mi modo y en lo que pude. Mi padre fue un político influyente. Y más que político fue una empresa en sí. Tenía los medios de comunicación más importantes, tenía la editorial más grande del continente, tenía la voluntad de los políticos de mejor imagen, tenía una fortuna incalculable, tenía el control de los negocios más sucios de su época. Como ya dije, yo colaboré en lo que pude, y durante un breve tiempo. Cuando yo entré a la política ya la cosa estaba bastante avanzada. Ellos lo habían hecho casi todo. El plan era sencillo, pero algo falló, y todo se les fue de las manos.
Todo empezó en la segunda mitad del siglo pasado. Un reacomodamiento de fuerzas tras una guerra a gran escala puso a nuestro país en el ojo de la tormenta. Un grupo de influencia radicado aquí, los sionistas, acusó a nuestro país de colaboracionista y nos vimos expuestos a una brutal penetración política por parte de las potencias vencedoras. Allí empezó un plan de depauperación progresiva. Se quitaron dirigentes intransigentes por la fuerza y se plantaron en su lugar a otros más dúctiles. Se hablaba de nuevos tiempos, y en esos nuevos tiempos esos dirigentes poseían ideas consideradas obsoletas y ya superadas. La gente se dio cuenta del plan a tiempo y se organizaron focos de resistencia aquí y allá. Pero también el ejército había sido cooptado por los nuevos dueños del mundo, de modo que la resistencia fue aniquilada y lo poco que quedó en pie de ella pasó a trabajar para el enemigo. A este grupo pertenecía mi padre. Y tan buen empleado llegó a ser que fundó su propio imperio personal. El me lo contó todo y me formó para colaborar. Al principio la clase más movilizada era la obrera, unida en torno a las fábricas. Era gente inquieta aquella, inquieta y hostil a toda orden que viniera desde fuera del país. Los militares mataron y dispersaron a gran escala a esta gente. Compraron a sus dirigentes y desmantelaron las fábricas para que nunca más volvieran a juntarse. Fue así que se desmovilizó, empobreció y embruteció a la mayor parte del país. Cuando los militares delegaron el poder en los colaboradores civiles ya todo parecía en orden, pero no habían previsto que una nueva disposición del poder central chocaba con un estado de cosas que ellos no habían atinado a borrar. Ese estado de cosas era lo que comúnmente se conocía como la clase media.

Un drogo se acercó a husmear al asentamiento. Una de mis perras que estaba defecando lo vió y comenzó a insultarlo. El drogo intentó someterla pero estaba tan anulado que no pudo ni siquiera defenderse. Mi perra lo atravezó de un lanzazo. Esa noche comimos al drogo a la parrilla con ensalada de frutos recién cosechados.



El poder económico de las potencias triunfantes se había concentrado en unas pocas manos. Unos pocos oligopolios comenzaron a expandirse por el mundo fagocitando toda competencia, sea pequeña, mediana o grande. Las clases medias mundiales eran parte esencial del proceso de diversificación y distribución de las economías emergentes, razón por la cual, en la era de la concentración, superada la era de los pueblos, la clase media fue puesta bajo la mira. Se sirvieron de los zaparrastrosos, de los pobres, de los desesperados, descendientes de los viejos soldados de la resistencia popular, para aniquilar a los miembros de la clase media. Estos pobres convertidos en criminales se lanzaron contra aquellos a los que aun les quedaba algo. Por supuesto no contra los ricos y poderosos, estos estaban a salvo en sus barrios amurallados y repletos de policías y guardias privados. Las cosas se pusieron bastante feas, y entre la clase baja y la media se entabló una guerra civil solapada de la que nadie se hacía cargo ni llamaba por su nombre.
Mientras tanto la actividad económica promovía el surgimiento de algunas industrias como las de antaño. Los lacayos del poder central se asustaron, temieron un retroceso a la era de los pueblos. Si eso ocurría volverían los políticos populistas y la resistencia popular. Había que hacer algo. Fue mi padre el que tuvo la idea salvadora. Valiéndose de la ideología de moda, la del humanismo antirracista, y de viejas teorías trasplantacionistas, invirtió el concepto de esta última y trasplantó gentes de países fronterizos a nuestro país para que atenuaran todo intento de resistencia. Gentes sumisas, con mentes colonizadas fueron traídas de a miles a estos territorios y puestos a competir en el mercado laboral. Las clases medias no advirtieron el plan, y se lanzaron a la contratación masiva de esos advenedizos que terminaron por contaminarlo todo. Los que quedaban fuera del sistema se unían a los excluidos de aquí en el robo y el asesinato. Y fue así que la clase media empezó a emigrar, a empobrecerse o simplemente a morir en las calles.



Los ricos y los políticos de primera línea por estos años desplazaron a la policía a sus condominios y a otros los despidieron, promoviendo así nuevos delincuentes. Con el ejército sucedió lo mismo. Y fue de este modo que quedamos indefensos como país. Es más, ya casi sin Estado, ni siquiera nos reconocíamos como un país o una Nación.
Fue por esa época que un gran país vecino, al que siempre tuvimos como enemigo, estaba siendo azotado durante décadas por bandas de narcos y maleantes de toda calaña. Sin poder controlarlos, el gobierno de ese país negoció. Nos ofrecieron como presa a cambio de dejar su territorio. En varias oleadas los narcos del país vecino se instalaron aquí y contribuyeron al caos. Sin ejército, sin policía, sin casi nada para defendernos, estos tipos hicieron todo cuanto les vino en ganas. Tomaron todos los territorios del país y plantaron sus laboratorios y sus cuarteles. Fue así que la clase media desapareció casi por completo y los pobres, nativos e inmigrantes, se redujeron a un atajo de drogones deambulantes.



Hicimos contacto con uno de los contrabandistas del norte. Le cambié una de mis cachorras por pasta y hierba. Quería que le diera unos retazos de cuero por unos cartuchos de municiones pero necesitábamos el cuero y no cerramos trato. Si bien también necesitábamos municiones él no tenía las suficientes como para que yo le entregue otra cachorra.
Esa tarde 3 de mis gendarmes descubrieron merodeadores en la frontera este. Hubo algunas escaramuzas y tiros. Se usaron más parque del que podíamos permitirnos usar. Por la noche celebramos consejo y se discutió la posibilidad de que el asentamiento sufriera una invasión por parte de una tribu vecina. Todos estaban alborotados. Algunas de mis perras se veían intranquilas aunque intentaban disimularlo. Tranquilicé a todos diciéndoles que no había motivo para temer una invasión justamente ahora que estábamos sin parque. Nadie lo sabía ni lo sabría a no ser por algún agente infiltrado, dije mirando a los que insistían en que la invasión era posible. Este ataque fue artero. 2 de esos vanios a los que miré al decir esto estaban sospechados de sedición. No dijeron ni mu y el resto de la tribu optó por seguirme. Teníamos que resistir 10, a lo sumo 15, días hasta que llegara algún contrabandista con municiones. Mientras tanto debíamos guardar el secreto de nuestra situación. Si algún territorio vecino se enteraba de que estábamos casi sin municiones podía intentar alguna incursión. Podíamos repelerlos, claro, mis perras y mi guardia de vanios de elite estaban en condiciones de defender el territorio con éxito, pero el costo podía ser alto y tras la victoria alguna otra tribu podía enterarse e intentar otra incursión por alguna otra frontera en la que la guardia se hubiera debilitado.
Esa semana fue difícil. La banda estaba intranquila y el peligro de que alguno desertara ante la desesperación y llevara información de la tribu a otra rival para hacerse aceptar se hacía cada vez más grande. También estaban los posibles agentes y mis solapados opositores.
Lo que sucedió la 5º mañana después de la celebración del consejo me vino como anillo al dedo. Dos forasteros llegaron a las afueras del asentamiento. Uno de los vanios los halló merodeando y lo apresó. Los forasteros se declararon exiliados y rogaron asilo. Celebramos otro consejo. Se debatió acerca de la posibilidad de que fueran agentes de infiltración, acerca de que fueran verdaderos exiliados, acerca de que fueran errabundos, etc. La tribu estaba dividida sobre lo que se debía hacer con esos 2. Yo permanecí callado hasta lo último. Y cuando tomé la palabra fui contundente. Anuncié que por decreto los condenaba a muerte a ambos. Alguien, que no pude ver quien era pero creo haber reconocido la voz, preguntó la razón de mi decisión. Contesté, sin vacilaciones y con tono seguro de modo que nadie pensara que estaba dando explicaciones: los condenados bien podían ser agentes y eso ponía en peligro a la tribu, y en caso de que no lo fueran, exilio era sinónimo de cobardía y no valía la pena bregar con cobardes que a la larga podían exiliarse de nuestra tribu y llevar información vital sobre nosotros. Nadie apeló mi decisión y los forasteros fueron ejecutados a palazos. Desde ese día planté la idea de que el que desertara acabaría del mismo modo en otra tribu y, ya que estaba, dejé correr el rumor de que mi guardia de elite tenía municiones suficientes y de que todo había sido una estratagema para entusiasmar a los agentes de infiltración a que dieran el paso que los delatara.
De más está decir que esa noche cenamos agentes, exiliados, o lo que sea que aquellos pobres desgraciados fueran.

Los narcos perdieron gran parte de su poder y territorio cuando el mundo se quedó sin recursos naturales. El agua y el petróleo fue lo primero en acabarse. Luego fueron los alimentos. Como aquí había lugares con esos recursos en demasía, las potencias centrales organizaron una invasión a gran escala en distintos puntos del país, ocuparon esas tierras y expulsaron a narcos, pobres y cuanto sujeto que no perteneciera a los países usurpadores. Todos esos desplazados se concentraron en los sitios sin importancia como estos en los que estamos y aquí se profundizó la guerra entre bandas y habitantes.




La noche anterior a que viniera el contrabandista estaba en mi carpa con mi harem de perras. Cada noche, entre ellas y yo se celebraba un verdadero consejo de guerra informal. Allí, en la intimidad de nuestro camastro discutíamos las medidas a seguir y se me informaba de todo movimiento dentro de la tribu del que no haya sido informado por los otros miembros.
Las perras eran muy eficientes en el espionaje y muy leales a su líder, pero siempre cabía la posibilidad de que alguna o algunas estuvieran del lado de los conspiradores. La noche de marras Toncha, una de las perras más viejas, sugirió que deberíamos trocar dos de mis mejores cachorras por el máximo de municiones posible y evaluar las posibilidades de invadir el territorio del lago o el de los Peteros. Sus ambiciones expansionistas me gustaban pero no estábamos en condiciones de llevar a cabo una invasión contra territorios tan poderosos. Además no estaba dispuesto a negociar ninguna de las cachorras postuladas por Toncha. De hecho estaba esperando a que una de ellas cumpliera en los próximos meses sus 14 años para promoverla a perra y poder tomar posesión de su cuerpo.
La cachorra era una de esas bellezas casi extintas por estos tiempos, y conseguirla había sido una mezcla de suerte, astucia y audacia. Se la habíamos arrebatado a una casa de la 8º manzana en un descuido a medias planificado por mí. Esa casa, por lo que habíamos logrado investigar, tenía varias provisiones, objetos de valor, y algunas semillas que nos hubiesen servido para diversificar nuestra dieta. Lo que no sabíamos era que había algunas cachorras que se podían trocar muy favorablemente en el mercado de hembras. Los habitantes se habían mostrado durante largo tiempo muy hábiles para repelernos, pero un día, el jefe de la casa cayó en un tiroteo con intrusos de la Zona B4 que se habían aventurado a incursiones fugaces dentro de nuestro territorio. Las razones estratégicas de los B4 aun hoy no puedo adivinarlas, pero por aquella época algo me movía a pensar que ellos tenían alguna información sobre aquella casa que nosotros desconocíamos. Fue así que esa casa se convirtió en interés de la tribu, y no bien supimos que el jefe había muerto nos decidimos a emboscarla. Creímos que iba a ser fácil, y en parte lo fue, pero no pudimos hacernos más que de una de las cachorras que a la sazón tenía unos 9 años. Las cachorras de las casas se cotizaban muy bien, prácticamente debido a la escasez, pero también porque por lo general eran más bellas que las del afuera y mucho más educadas e inteligentes. Las cachorras de las casas cuando crecían eran mejores perras que las de aquí afuera, y poseerlas daban más prestigio. De las 15 perras de mi harem 6 eran oriundas de las casas. Eso me convertía en uno de los líderes más renombrados de los territorios conocidos.
Como era de esperarse denegué la propuesta de Toncha, aunque dejé abierta la posibilidad de hacernos de un buen número de municiones para preparar una invasión. Claro que no iba a ser sobre los territorios propuestos por Toncha, eso era un disparate. Casi no teníamos posibilidades de vencer. No obstante, con los pertrechos necesarios y una buena estrategia podíamos conseguir la casa de la 6º manzana, la de la 8º o bien ir más allá de nuestra frontera hacia el asentamiento B4. Esos pillos ya me estaban fastidiando las bolas con sus hostilidades reiteradas y necesitaban, como mínimo, una demostración de fuerza que los pusiera en claro acerca de nuestro status. En el mejor de los casos lograríamos aniquilarlos y quedarnos con sus territorios, sus bienes y sus perras y cachorras. Si lográbamos esto me permitiría repartir algunas hembras entre mis vanios, que ya andaban necesitados de un cambio de monta, y trocaría otras por más municiones y otros pertrechos. Toncha y las demás quedaron satisfechas con mi propuesta y nos abocamos a decidir qué trocar.
Al día siguiente mandé temprano a los recolectores más allá de la frontera sur con 5 gendarmes como refuerzo. No fue mucho lo que rescataron, pero eso sumado a unas armaduras de cuero que teníamos, tres animales y a una de las cachorras alcanzó para hacernos de una cantidad importante de municiones.

Tras la partida del contrabandista hice la propuesta de invasión a la banda. Los más conservadores se opusieron esgrimiendo la excusa de que no necesitábamos por el momento nada que justificase un riesgo como ese, pero la mayoría optó por la invasión y sin más nos pusimos a consensuar cual objetivo sería mejor. Casi por unanimidad se optó por la casa de la 8º manzana.


Uno de los objetos recientemente hallado por uno de los recolectores fue un derruido armazón de radio. El trasto no sirve para mucho, no obstante eso, me ha traído algunos recuerdos. En los tiempos del caos planificado esta simplona cajita servía para lavar cerebros. Mi padre tenía 2 radios. No 2 de estas cajitas, claro, sino otras un tanto más grandes y costosas a las que se les llamaba emisoras. Desde allí se instrumentaba el estado psicológico de grandes porciones de la sociedad. El poder de una voz emanada desde dentro de esa caja tenía un influjo, sobre quienes escuchaban, casi religioso.
Mi padre, al igual que todo político de la época, conocía el poder de esta caja al igual que el de otra mucho más eficiente llamada vulgarmente “caja boba”. Casi no había hombre poderoso que no tuviera su propia radio o su propio canal de televisión. Estas tecnologías planta-mentiras eran las más sofisticadas que existían desde la invención de la imprenta. Sin desmerecer al bueno de Guttenberg, claro. Porque la imprenta, aunque añosa, no por ello se la podría tildar de obsoleta. Muy por el contrario, seguía vigente y se había sometido a distintos procesos de sofisticación. El libro y los periódicos no tenían mucho que envidiarle a las cajas bobas. La capacidad de penetración ideológica de un escrito era, sino más rápido, sino más masivo, al menos más permanente que el de una TV o una radio. De ahí que mi padre se dedicara al negocio del libro y de la prensa escrita; de ahí que los militares no bien se hicieron del gobierno ocuparon la mayor editorial del mundo y capturaron libros como si fuesen personas y editaron masivamente libros apologéticos de su régimen.
Es curioso, pero por aquellos tiempos la gente tendía a creer que los periódicos informaban y los libros esclarecían, cuando nosotros los políticos los producíamos precisamente para todo lo contrario. Un gran estadista había dicho que los pueblos no veían sino lo que se les mostraba, y no escuchaban sino lo que se les decía. Y munidos de este conocimiento nos habíamos lanzado a la producción masiva de medios de “comunicación”. Medios que se suponía que informaban cuando desinformaban, que esclarecían cuando oscurecían, que comunicaban cuando incomunicaban. Montada a esta paradoja se erigió toda la farsa. Nosotros vendíamos mercadería podrida al por mayor y nos la compraban con gusto y encima nos daban las gracias y nos convertían en héroes, en ídolos, en objetos de devoción. La prensa, el libro y la propaganda eran auténticas armas de guerra y como tales fueron utilizadas contra todos y contra todo lo que se nos pusiera a tiro.



Qué no haría yo hoy con una de esas cajas bobas funcionando.

Ya en los tiempos de la civilización, hombres como mi padre sabían que el criminal era el gran avanzado de la especie. El hombre común, el hombre promedio, el hombre falazmente llamado sano, honesto, o de bien, era un animal inferior, obsoleto, atrasado. El criminal fue en todas las épocas, desde que el hombre dejó de ser animal, el gran promovedor de cambios. El crimen en todas las épocas movilizó; movilizó a pensar o a actuar. Sin criminales el hombre se hubiese quedado en estado de horda. Los políticos fuimos la sofisticación más excelsa del crimen. Logramos institucionalizar el crimen, organizarlo a gran escala, legalizarlo, llevarlo a la cumbre. Uno de nuestros más grandes logros fue la burocracia, gigantescas bandas criminales organizadas que de un plumazo podían matar de a miles a esos pobres obsoletos hombres honestos.
Nuestro error fue pensar que no había nadie por encima de nosotros, que no seríamos superados por nadie. Cuando los corporativistas se consolidaron ya era tarde para hacer nada. Creímos que nos aceptarían en sus filas, que podríamos reciclarnos, evolucionar, pero nos equivocamos de cabo a rabo. Ellos ya habían cerrado el círculo, y como dejamos de servirle, como ya no cabíamos en el nuevo mundo que estaban diseñando nos desecharon como quien desecha un canto de basura.



Llegó el día D. Ya teníamos el plan diseñado. La suerte parecía estar de nuestro lado. Había un ánimo generalizado de optimismo. Nos movilizamos con el mayor disimulo posible hasta la 8º manzana. Éramos en total unos 40 vándalos. El resto, unos 70, quedaron en el asentamiento y en las fronteras.
Los dispuse de manera tal de cerrar una pinza sobre la casa. Cuando cayó la noche di la señal. Una de las filas avanzó arrastrándose. No había llegado a la verja cuando bramó el primer disparo desde dentro de la casa. Les ordené mantener la posición y arrojé la segunda fila, compuesta por los artilleros. Los habitantes respondieron con fuego por ambos flancos. Movilicé la fila de la verja hacia la izquierda a fin de atraer los disparos y lancé mi fila, con los arietes a la cabeza, contra la verja. No bastó solo un golpe para derrumbarla, pero lo hicimos.
Ya en el porche comenzaron a llover las balas sobre nosotros. Uno de los arietes cayó. Alenté a las otras filas a que intentaran trepar el techo. Mientras tanto seguían cayendo a mi alrededor e intentábamos cubrirnos como podíamos.
Cuando llegaron los primeros al techo empezaron a despojarlo de las tejas. Algunos atinadamente se colaron por el fondo de la casa, donde parecía haber menor resistencia. No obstante algunos fueron abatidos por la casa vecina, que reaccionó, acaso por sentirse amenazada, acaso por solidaridad. Mientras tanto, el techo ya había quedado desnudo de tejas, y grande fue la sorpresa cuando pudieron ver que debajo de las tejas había una sólida loza.
Un golpe de la fortuna hizo que los habitantes concentraran la resistencia en el fondo y fue por esta razón que los arietes pudieron trabajar en el derrumbe de las tapias del frente. De no haber sido por esta desatinada decisión por parte de los habitantes, el ingreso nos hubiese complicado hasta el extremo de tener que retirarnos.
Cuando logramos demoler la entrada las hostilidades se concentraron en nosotros. Tres de mis vanios de elite fueron muertos en el acto y otros 5 fueron heridos. Pero mis artilleros lograron reducir a los 3 hombres de la casa y a 2 viejas. Solo una perra fue herida de un garrotazo en la cabeza, las cachorras, tal y como lo ordené, no fueron lastimadas.
Cuando terminamos de contar las bajas e inventariar el botín supe que tendría que valerme de viejos ardides políticos para combatir lo que los opositores de seguro esgrimirían para socavar mi imagen. Y no es que el botín fuera magro, muy por el contrario, nos hicimos de 4 cachorras, 5 perras, varios adornos de valor, utensillos de comida, herramientas, etc. Pero la oposición no dejaría pasar lo de las bajas. Diez vándalos muertos no eran la gran cosa, pero los opositores son como los ya desaparecidos leguleyos, que pueden tornar lo negro blanco y lo blanco negro. La dádiva me serviría para zafar de cualquier ofensiva. Después de todo, había mucho para repartir.


Lo que sobrevino luego no estaba en los planes de nadie. Estábamos rejuntando las cosas según su importancia cuando llegó un maratonista. Entre resoplidos anhelantes informó de la situación: el asentamiento estaba siendo atacado por los B4 y la frontera con los territorios del agua había sido hostilizada momentos antes que el asentamiento dejando un saldo de 5 gendarmes muertos y uno herido de gravedad. Monté una guardia de dos vanios de elite y una perra protegiendo el botín y con el resto nos apresuramos a llegar al asentamiento.
Llegamos en unos cuantos minutos. Los B4 ya habían escapado llevándose consigo 2 cachorras, varios animales y algunas piezas de metal. El número de bajas era de 4 muertos y más de 15 heridos de distinta gravedad. Ante el desconcierto de todos me esforcé por calmar los ánimos. Alguien acusó de lo sucedido a la “disparatada” decisión de asaltar la casa y otros lo siguieron más o menos convencidos. Yo estaba demasiado confundido como para obrar racionalmente, y en ese momento poco me importaban los putos de la oposición. Sin perder un segundo mandé a que buscaran todas las armas requisadas a los habitantes junto con las municiones. Mientras estas llegaban organicé una milicia de 26 vándalos entre los que estaban todo mi cuerpo de élite y 7 de mis perras. Entonces arengué a la tribu. Lo que habíamos sufrido no se quedaría sin vengar. No solo recuperaríamos lo que nos robaron, sino que además exterminaríamos a los B4. por otra parte, la osadía de los B4 junto con la rarísima coincidencia de que simultáneamente nos atacaran los del territorio del agua me hacían pensar en una traición. Alguien de la tribu, dije, nos ha entregado al enemigo y creo saber quienes fueron. Ordené a las perras que se quedarían, que aplicaran la pena capital sobre cualquiera que mostrara una actitud sediciosa y marché junto a mi milicia apenas nos llegaron las armas requisadas.
Hasta el día de hoy me sigo diciendo que aquella fue una acción pasional y suicida. Acaso porque una de las cachorras que se llevaron los B4 era la que pronto promovería a perra, acaso porque sabía que los opositores se me tirarían encima, acaso porque la venganza se agitaba en mí, acaso por una combinación de todas esas cosas, un impulso instintivo me movió más allá de toda razón. Lo cierto es que apenas llegamos a la frontera matamos a 2 gendarmes enemigos a golpes, a otro de un balazo y sin más preámbulos entramos al asentamiento. Los tomamos desprevenidos, en pleno festejo. Y la masacre se ejecutó con velocidad y profesionalismo.
Los primeros caídos fueron los que danzaban en torno al fuego. Por un momento reinó la confusión. Sin duda no esperaban una represalia inmediata y ese descuido le costó unas 12 vidas sofocadas en el acto y otras 10 durante la desbandada. Para cuando lograron refugiarse en las ruinas de los bajos fondos del asentamiento nosotros ya habíamos tomado posiciones y sin bajas, apenas si había 2 tullidos por piedras. Disparamos a discreción sobre la improvisada defensa y creo que derribamos a unos 5 o 6. Mientras tanto recogimos unas cuantas cosas (animales pequeños, herramientas, armaduras de cuero y madera, 3 cachorras entre las que estaba Melissa, la que pronto sería promovida y varias armas de fuego abandonadas durante el desbande).
Las municiones empezaron a escasear de uno y otro lado. Y no quedó otra que llamar a una ordenada retirada. Si las balas se acababan iríamos al enfrentamiento cuerpo a cuerpo y perderíamos debido a que nos superaban en número. Tres de mis vanios de elite dirigidos por Toncha cubrieron la retirada.
Cruzamos la frontera sin más inconvenientes y con el nuevo botín llegamos al asentamiento, aún algo alborotado por todo lo ocurrido pero en orden gracias a mis perras guardianas que, todos sabían, cumplirían a rajatablas la ley marcial.
Monté una guardia especial del doble de gendarme en todas las fronteras, y una reforzada en la de los B4.


Lo de los ataques simultáneos no paraba de hacerme ruido. Las alianzas entre territorios eran prácticamente imposibles. Por un lado estaba el hecho de que estos dos territorios no limitaban el uno con el otro, y por estar nosotros en el medio, estaban físicamente incomunicados. Era poco probable que algún miembro de uno u otro bando haya atravesado nuestro territorio para contactar al otro y coordinar el ataque. Y de haber sido esto posible por un descuido nuestro, estaba el factor ideológico y el factor recelo aún más difícil de sortear, cuando no imposible. Las tribus éramos muy distintas las unas de las otras. Incluso había comunidades cercanas a la nuestra que ni siquiera hablaban nuestra lengua. Desde luego esto no lo sabíamos a ciencia cierta, eran solo rumores. Y el hecho de que jamás hubiésemos visto un individuo de esos hacía crecer el misterio y las habladurías. También era un rumor el que alimentaba el factor recelo entre las tribus. Desde hacía yo ya no sé cuantos años, se decía que dos territorios se habían unido para aniquilar a un vecino revoltoso. La empresa conjunta había resultado exitosa y habían logrado aplastar la resistencia. Pero tan pronto como tomaron posesión del territorio conquistado una traicionó a la otra que ante la sorpresiva acción no solo pereció antes de articular cualquier respuesta, sino que además quedó sin defensa en su propio territorio y fue totalmente arrasada. En menos de un día 2 territorios desaparecieron y uno se triplicó.
El rumor, aunque contundente en su contenido, era difuso en lo que a ubicación geográfica y época respecta; de modo que no era de extrañar si alguno situaba la histórica traición al norte, al sur, al este o al oeste, a 3 años, 10, 20 o 50. Si bien todo esto podía ser apenas un rumor, también es cierto que podía ser una gran verdad. Y sea como fuere, verdad o mentira, tan instalado estaba el temor entre tribus distintas que era mayor el recelo que sentíamos por otra tribu que el que sentíamos por los habitantes locales. Porque si bien estos podían en algún momento articular una acción conjunta entre 3 o 4 casas y ponernos en apuros, la comunicación entre casas de distintas manzanas era tan o más improbable que entre 2 territorios separados por uno interpuesto. Ya que además de nuestras guardias permanentes para impedir toda posible comunicación estaba la amenaza permanente de que si en algún momento ellos osaban salir de sus casas a atacarnos, nosotros no vacilaríamos en incendiar sus viviendas con todo el que esté dentro. Ya había ocurrido hace muchos años un episodio en el que una de las casas más populosas se atrevió, movida por el número y la fuerza de sus armas de fuego, a salir y atacar el asentamiento. Logramos, no sin esfuerzo y pérdidas, rechazarlos hasta que se vieron obligados a replegarse en la casa. Inmediatamente incendiamos el lugar con más de 20 habitantes dentro. Y si bien perdimos un valioso botín, puesto que aquella era la casa más grande y rica del territorio, nuestra despiadada respuesta sirvió de advertencia para todo aquel que tuviera las mismas disparatadas ideas. Había algo así como un tácito acuerdo de que mientras no salieran deliberadamente a atacarnos no los quemaríamos vivos.
De este modo los habitantes permanecían encerrados en sus casas la mayor parte de sus vidas. Ellos sabían que lo que tenían dentro era muy valioso como para que lo incineremos, de modo que no tenían más que resistir nuestros reiterados intentos de asalto, en su mayoría fallidos. Después de todo, allí adentro se estaba mejor que acá afuera y si bien ellos estaban presos no menos presos estábamos nosotros dentro de los estrechos límites de nuestro territorio.
Por todas estas cosas, no me cabían dudas de que el ataque simultáneo del que habíamos sido víctima en medio de una operación de asalto era una burda y descarada vendetta. Alguien nos había delatado, podía ser algún agente de infiltración o bien la oposición que había logrado de alguna manera pasar el dato, no con intenciones de alianza (eso ya quedó demostrado que era imposible) sino con intenciones de debilitar mi liderazgo.


Pasé 2 días recluido en mi carpa analizando la situación. Mientras tanto mis perras mantenían el orden con mano de hierro y fervor y esparcían las hazañas de la invasión al asentamiento de los B4. Al tercer día por la mañana temprano abandoné mi carpa y comencé el reparto de dádivas. Luego comenzó la acusación a los supuestos traidores. Comencé diciendo que no creía en las coincidencias, que lo sucedido quedaba absolutamente demostrado por sí mismo que había sido una traición. Acusé sin más prolegómeno a 3 que yo suponía opositores y los obligué a que confesaran. Esgrimí a los muertos como argumento emocional para que me facilitara ante los demás la tortura si se resistían a cooperar, y en última instancia la ejecución sumaria sin más pruebas que las mías.
Los acusados se negaron a confesar, pero conduje las cosas para que todo moviera a creerlos culpables. Lo fueran o no, de una cosa estaba seguro: en los últimos tiempos eran los que más habían regado su descontento ante mi liderazgo por toda la tribu, y mis perras, por unanimidad, coincidían en que 2 de los 3 acusados andaban detrás de mi puesto.
Por la noche los 3 acusados fueron ejecutados por decreto, sin explicaciones, sin confesiones, sin pruebas. Todo el mundo pareció aceptar la decisión y repartí sus pertenencias entre los más leales a fin de intensificar su lealtad.


Debo ahora hacer algunos comentarios sobre los contrabandistas. Eran estos bichos raros. Para empezar digamos que eran intocables. Nadie se había atrevido en años a matar a uno para hacerse de los bienes que llevaban consigo. Principalmente porque eran los únicos proveedores de alcohol, drogas, y municiones, y ya había ocurrido hace al menos una década, que alguien tuvo la genial idea de despojar a uno, no sin antes darle muerte, y estuvimos casi un año sin contrabando, y consecuentemente sin municiones, ni nada con qué anularnos. No sabíamos con certeza si se habían puesto en huelga o simplemente tenían miedo de sufrir la misma suerte que su colega. Lo cierto es que fueron meses en los que reinó la desesperación y los combates cuerpo a cuerpo entre los distintos territorios.
Cuando el tráfico se reanudó todos teníamos ya en claro las consecuencias de tocar a un contrabandista. Otra cosa a destacar era la mercancía que traficaban los contrabandistas. Hasta donde sabíamos nadie estaba en condiciones de fabricar municiones. Las drogas y el alcohol era factible de que alguien las produjera con los pocos medios de que se disponía, pero para fabricar balas se necesitaba algo más que hongos y cebada. Los contrabandistas no hablaban de la procedencia de lo que portaban, de modo que todo lo que podíamos hacer era especular. Se creía que en algunos sitios podían haber quedado arsenales abandonados y fuera de allí de donde se sacaban las municiones. Pero el hecho de que trajeran, durante años, los calibres de los que disponíamos nos llevaba a la fatal idea de que en algún momento esos calibres se tendrían que haber agotado o estaba por agotarse. Por esta razón la idea de que había, al menos un territorio con capacidad para producir municiones, era la más fuerte.
Otro hecho a destacar es que los contrabandistas se desplazaban de norte a sur, o sea que, traían desde el norte las municiones, el alcohol y las drogas, las trocaban a medida que avanzaban, y llevaban consigo cueros, hembras, y artefactos que para nosotros eran un lujo injustificable, como ser cuadros, estatuillas, alhajas, etc. Qué territorio que no fuera una réplica en pequeño del pueblo persa querría un cuadro, o un portarretratos. Una estatuilla podía servir para abrirle la cabeza como una sandía a alguien, pero una piedra servía lo mismo y nadie te daba nada a cambio de una piedra. No dejaba de darme vuelta en la cabeza la idea de que más allá de los territorios conocidos, a norte y a sur, había territorios ricos, con un estilo de vida muy parecido al anterior al de la era del caos. O mejor aún, acaso en el sur estuvieran aún los marines y al norte las corporaciones. Acaso todo eso de que el caos y la radiación habían reducido por igual a todo el planeta a este estado primitivo fuera una gran patraña.
Fue esta idea la que me movilizó un buen día al sacrilegio. En no más de una semana había urdido el plan y algo más de dos me llevó adoctrinar a quien lo perpetraría. El concepto era sencillo pero arriesgado (no para mí claro está). Daríamos muerte a un contrabandista y enviaríamos a un impostor en su lugar para que nos trajera información acerca de qué hay más allá del sur conocido. El explorador, se haría pasar ante los demás territorios y contrabandistas como el sucesor. Explicaría la sucesión con la muerte fortuita del contrabandista al que dimos muerte.
El problema no eran las tribus tanto como los contrabandistas a los que se podía cruzar en el camino. Debido a que no sabíamos casi nada sobre la vida y los códigos de estos bichos debía usar todos los trucos posibles para evadir las preguntas de un “colega” en caso de encontrarse con uno en el camino.
Si lograba adentrarse en el sur profundo, recogería información acerca del destino de las cosas que trocábamos. Y en su viaje ascendente, que especulábamos sería por el lejano oeste conocería territorios inimaginables para nosotros hasta llegar al norte, lugar de donde venían las municiones. Allí vería si aun existen las corporaciones, o los arsenales abandonados o los territorios productores. A su regreso sabríamos si existe un afuera y luego se vería que hacer con ese conocimiento.
El punto es que no sabemos si desertó, si murió, o qué fue lo que pasó. Lo único que sabemos es que ya van más de 4 años que no aparece y el ciclo de un contrabandista es nada más de un año y medio.


Comparto a Chocha con uno de los héroes del ataque a los B4. Este vanio de no más de 30 años fue ascendido de agricultor a vanio de elite el año pasado, con motivo de su desempeño durante la resistencia a los del territorio del agua. Si bien fueron apenas unas escaramuzas en las afueras del asentamiento, este joven demostró grandes dotes para el combate cuando con tan solo una hoz ultimó a tres enemigos e hirió a otros cinco.
Chocha no parecía muy convencida de pasar una noche en la cama de Pepo (su fealdad es notable aún por estos tiempos en los que los cánones estéticos han ya fenecido) pero la convencí mostrándole que era una forma de ganarme su lealtad incondicional y que además necesitaba saber hasta qué punto era confiable.
Creo ya haber mencionado que estoy viejo, no sé a exactamente cuantos años tengo ya que perdí la cuenta de cuanto hace que estoy aquí, pero calculo que debo andar por los 60 años. Pepo es un hombre fuerte y no le costaría nada retorcerme el pescuezo con una sola mano. Por lo demás sus hazañas ya han despertado cierta admiración entre la banda y esto sumado a su fuerza lo convierte en un enemigo potencial importante.


Chocha tiene mucha voluntad pero es bastante inoperante.
También es bastante mentirosa y tiende a huir en las situaciones difíciles: debía extremar cuidados y sopesar juiciosamente cualquier información que me trajera a fin de discriminar lo verdadero de lo falso. Naturalmente hubiese preferido mandar a Toncha, que era más de fiar y además poseía un agudo sentido para detectar las traiciones, pero Toncha ya estaba vieja y gacha como para ofrendarla. Además Pepo había insistido con que el premio fuera Chocha, perra joven y de exótico atractivo.



En todas las épocas, desde que se acuñó la primera moneda, el culo del que tiene el dinero es el culo a lamer. Pero en una época como ésta, en la que ya el dinero no valía más que como papel o metal, había que echar mano de otros medios para comprar voluntades. La coima sexual, o la dádiva eran los pobres sucedáneos de aquel revolucionario invento. Sin mucho que ofrecer en cuanto a dádivas la posesión de hembras jóvenes era el único capital concreto después de la fuerza bruta. Y como fuerza bruta no me sobraba en los últimos años me había tenido que valer de mis habilidades políticas y de las hembras.





Un viejo y sabio consejero de príncipes juzgaba más importante el conocimiento del accionar del hombre que los bienes materiales. Para él quien poseía la clave de la conducta humana poseía el poder sobre su voluntad. De alguna manera esta forma de pensar inauguró un nuevo horizonte en la política: el de la voluntad de saber. Hubo un primer estadio signado por el estudio concienzudo de la psique humana. Alcanzado cierto grado de conocimiento a este respecto se evolucionó al segundo estadio: el de la manipulación psicológica. A este efecto se desarrollaron distintos procedimientos y tecnologías. Repetir una mentira hasta extremos inauditos fue el paso más determinante.



En la antiguedad existía algo llamado mito. Esta forma de propagar la palabra del poder dominó hasta la aparición del alfabeto. Fue este otro hito en la historia de la mentira. Permitió plasmar la idea en algo más permanente y seguro que la boca de los hombres y desplazó al mito de su lugar de privilegio para narrar los hechos pasados, es decir, para difundir la versión oficial.
Muchos ingenuos se mostraron optimistas ante el nuevo invento y auguraron el fin de la mentira. Una vez que lo narrado entró en la letra se anquilosó, se convirtió en documento y se archivó. Esta narración se convirtió en una versión menos susceptible de mutaciones que la versión mítica. Pero hombres preclaros le dieron al alfabeto el uso para el que fue creado. Le debemos a estos seres maravillosos la manipulación atroz de la letra escrita. Se reelaboraron las leyendas orales, y se escribieron millones y millones de páginas con historias apócrifas. Con esta práctica se logró hacer de lo documental una verdad tan o más manipulable que la mítica. Solo había que procurar que ciertos documentos sobrevivieran y que otros desaparecieran para siempre. Conseguido esto el dominio de unos pocos sobre las inmensas mayorías estaría asegurado.


Si la historia se hacía con textos, uno de los campos de batallas sería necesariamente el campo discursivo; quien ganara terreno en este campo tendría el dominio sobre el pasado, el presente y el futuro, sobre las ideas y las opiniones.
No obstante esto, hubo que esperar hasta la invención de una tecnología que facilitara la difusión de esos documentos para que la mentira formara parte de la realidad de la mayor cantidad de hombres posible. Y cuando esa tecnología llegó se evangelizaron nuevos mundos con religiones, ciencias y filosofías inopinadas hasta entonces. La mentira empapelada penetró cada rincón del mundo y la palabra oral perdió relevancia hasta el advenimiento de la radio y la TV.


Hoy, sin medios gráficos ni electrónicos, lo más que puedo hacer es usar a mis perras de heraldos y pregoneros. No es lo mismo, claro, pero funciona bastante bien. A veces me pregunto si esto que escribo no es un vano intento de rescatar algo de aquella época gloriosa. ¿O será acaso que quiero dejar un testimonio útil a quien me suceda en el mando como aquel viejo sabio consejero de príncipes hizo en un remotísimo pasado? ¿Y por qué haría yo algo así? ¿Es que acaso me interesa el destino de la tribu más allá de mi muerte? ¿Tengo ahora ese interés tribal del que carecía cuando aún todo esto era un país?


Chocha me trae el dato de que Pepo tiene ambiciones de poder y me cree viejo y choto. Pero minimiza las posibilidades de que se revele contra mí. Dice que es un hombre obtuso y de espíritu débil. Lo cree limitado y tímido. Yo en cambio creo que Pepo debe morir cuanto antes. Yo, Ivan el Maldito, no permitiré que ningún simio me arrebaté el poder. Y si tengo que sacrificar la tribu entera para que Pepo muera lo haré.
No, no tuve ese sentimiento tribal cuando todo esto era un país y menos lo tengo ahora que es apenas un pedazo de tierra inmunda.


Nunca tuve ese primitivo prurito de los mediocres que se ufanaban de su honestidad. El fuerte no puede permitirse esas mariconadas. Tuve la oportunidad de aplastar a estos vándalos cuando la violencia empezó a salirse de control. Pero los políticos mostraron la hilacha de la que estaban hechos. La debilidad primó y la violencia lo fue fagocitando todo. Muy pocos políticos consiguieron las visas para huir a tiempo. Otros quedamos atrapados aquí, sin dinero, sin contactos, sin influencias. El caos lo derogó todo. Las calles estaban tomadas y quedamos aislados los unos de los otros.
Yo quedé literalmente preso en mi propia mansión. Yo, y 7 más. Todos colegas. Débiles colegas. Agotamos nuestras provisiones en menos de un mes y el pánico se apoderó de todos, menos de mí.
Organicé algunas salidas para buscar comida y nos abrimos paso a tiros. El afuera no estaba mejor que el adentro. Grupos de famélicos se mataban los unos a los otros. Pasaron las semanas y cada vez se hacía más difícil conseguir que comer. Mis colegas, hombres fuertes en otras épocas, lloraban y gemían día y noche.
En los tiempos de depauperación casi absoluta los pobres se habían vuelto ecologistas a la fuerza. Reciclaban plástico, papel, metales… y hasta deshechos orgánicos: se comían los restos de comida que tiraban los que aún podían comer, contribuyendo de este modo a combatir a los roedores a quienes les disputaban los alimentos. Nosotros los habíamos conducido a eso y ahora nosotros mismos estábamos inmersos en la mierda que habíamos provocado.
Sin más que una mujer en la casa, esposa devota y conservadora, al hambre se sumaban otras necesidades. Empecé a urdir en secreto un plan para salir de todo aquello. Sabía que el terror no les permitiría a mis colegas seguirme más allá de las paredes de la casa. De modo que inicié exploraciones solitarias en las que en no pocas ocasiones tuve que matar pequeños famélicos en defensa propia o bien para arrebatarles lo poco que llevaban consigo. Fue así que a punta de cañón pude vincularme con algunos vándalos a los que aun les quedaba un poco de materia gris con la cual pensar. Les propuse organizarlos para repeler a otros grupos, y como muestra de mi buena voluntad les entregué la casa con todos mis colegas dentro, a excepción de la devota esposa conservadora a la cual convertí en mi primera y leal perra.
Pasaron los años, los inadaptados fueron aniquilados, y las fronteras se fueron delineando encerrando en su seno 60, 70 y hasta 100 manzanas. Surgieron los asentamientos, que concentraban a toda la tribu organizada en la defensa del territorio y en el saqueo de las casas.
Si bien en principio hubo muchos excesos y varias casas fueron incendiadas o una vez tomadas demolidas. Con el tiempo comprendimos que era menester dejar las casas en pié para que el crecimiento de la población de una casa no terminara por canibalizarlos. Una casa saqueada servía para alojar a los habitantes de otra en la que fueran demasiados. Esta nueva casa era mucho más débil que la originaria, pero al menos tenía espacio para desarrollar su agricultura y la cría de animales. Además eran como nuevas reservas de cachorras esperando a ser raptadas para el uso personal o para el trueque.


Yo fui el fundador de este territorio, conocido como el de los vanios del temible Ivan el Maldito. Ya perdí la cuenta de los años, de los saqueos, de las matanzas, de las incursiones a territorios vecinos. Pero sé que mis hazañas pasarían a la Historia si tuviera los medios necesarios para difundirla y eternizarla. Sin posibilidades de salvarme de la muerte absoluta, el Olvido, he decidido acabar con mi creación. Inmolaré la tribu, como en el pasado, yo y mi raza, inmolamos a todo un inmenso y rico país.




Vinieron tiempos de sequía y la falta de agua para beber y para el riego era preocupante. Sobre todo entre los agricultores que veían desfallecer sus cultivos con alarmante celeridad. Algunos pronosticaban que la sequía se prolongaría hasta extremos peligrosos y que uno a uno empezaríamos a morir de sed y de hambre. Los más exaltados pedían que invadiéramos a los del territorio del agua antes de que fuera demasiado tarde.
Les hablé de un territorio al oeste, más allá de nuestros vecinos, conocido como los basureros. Esto no era una invención mía sino un fuerte rumor olvidado hace años. Se decía que varios kilómetros al oeste había un rico territorio erigido en torno a un basural municipal. Aquellas tierras, antaño devaluadas por la mugre y el raterío, había promovido la creación de barrios marginales que comían los deshechos allí arrojados durante décadas. Cuando comenzó la era del caos aquel sitio se convirtió en el desideratum de todo aquel que tuviera conocimiento de su existencia. Enormes montículos de basura depositados durante décadas proveyeron de todo lo necesario para la defensa y el trueque al asentamiento. Muchos habían intentado invadirlos, pero sin suerte. Ese territorio era muy vasto y su población era numerosa.
Cuando el estallido demográfico ponía en peligro la subsistencia organizaban incursiones suicidas en los territorios vecinos y las muertes masivas y el botín conseguido mantenían el equilibrio población-recursos. Propuse buscar ese lugar, al que de seguro no le faltaría el agua. No sabía a ciencia cierta cuantos territorios teníamos que atravezar, a decir verdad tampoco sabía si aquel territorio realmente existía. Pero poco me importaba eso. Lo que yo quería era conducir la tribu a la muerte y lo menos que necesitaba era un triunfo sobre los demás territorios y mucho menos encontrar el basural.
Mi propuesta fue rotundamente rechazada por descabellada. Nadie me seguiría en una excursión hacia lo desconocido, que por otro lado, la cantidad de gente que tendría que llevar para ganar una guerra tan grande convertía la excursión en un auténtico éxodo que dejaría desprotegido por completo el territorio. Algunos se mofaron de mí y tuve que recurrir a todos mis ardides retóricos para zafar. Finalmente logré que todos creyeran que solo estaba repitiendo un disparate sugerido por otro y terminé ridiculizando a un fantasma.



Pasaron los días y seguía sin llover. Los preparativos para la invasión de los territorios del agua marchaban a paso acelerado. En tres días más ya no tendríamos agua para beber. Una de mis perras me propuso que como medida inmediata debíamos asaltar alguna casa para hacernos con su agua. Pero tal y como estaban las cosas dudaba que las cosas estuvieran mejor en las casas que aquí fuera y las municiones que gastaríamos nos faltarían luego para la guerra por el agua.
Por la noche reuní a la tribu y entre todos decidimos que el ataque debía perpetrarse al día siguiente por la mañana.


Esa noche ejecutamos, mis perras y yo, la más grandiosa orgía de los últimos años. Yo ya estaba bastante choto pero cuando se tiene la motivación necesaria se hace cualquier cosa.



Un célebre adagio del arte de la guerra dice que cuando se cuenta solo con los medios suficientes no se puede hacer más que defenderse, y que solo si esos medios son excesivos recién ahí se puede pensar en el ataque. Un raro equilibrio de fuerzas hacía que nadie estuviera en condiciones de atacar a otro hasta los extremos de arrebatarles el territorio.
Nosotros no éramos la excepción. Y menos si pensamos en que el territorio con el que queríamos quedarnos era el del agua. Nos superaban en número, nos superaban en recursos, nos superaban en armas.
Dicen que los que trabajan para otro siempre estarán sometidos a sus planes y caprichos; mientras que el que hace que otros trabajen para él siempre tendrá planes y caprichos propios. Mi padre y los de su laya trabajaron para otros y así les fue; yo, que no tuve tiempo para demostrar que podía hacer que los políticos trabajaran para mí, quedé excluido del reino de las corporaciones y preso en este sitio sometido a planes y caprichos arcanos y oscuros. Ahora debo demostrarme a mí mismo que no soy el empleado de la tribu, que por el contrario ella trabaja para mí. No llegué hasta aquí para que algún pelafustán me desplace y se quede con todo lo que construí. Lo que estábamos a punto de hacer era la disolución segura del territorio. La desesperación de los temerosos era la oportunidad que largamente había estado esperando.


Marchamos en tres columnas de unos 20 vándalos cada una. Las dos columnas laterales estaban encabezadas por mis perras y la del medio por mí. La de la izquierda, conducida por Tetenia, tuvo algunos inconvenientes cuando desde algunas de las casas les dispararon, acaso pensando que serían asaltadas. Tuvieron que hacer algunas maniobras para sortear la balacera y dejar atrás las casas paranoiqueadas.
Cuando llegamos a la frontera solo encontramos 3 gendarmes que no opusieron resistencia alguna y a un drogo babeante arrastrándose en su propia porquería absolutamente fuera de sí.
Estábamos a tan solo una calle cuando fuimos vistos por los del asentamiento. Di la orden y corrimos hasta allí. Melissa, que ya era toda una perra de ataque me seguía por detrás. Los disparos comenzaron a llover sobre nosotros momentos antes de que lográramos adentrarnos en el asentamiento. Respondimos al fuego. De uno y otro lado cayeron abatidos. Logramos penetrar el primer cordón más por empuje que por otra cosa. Fue ahí que una verdadera lluvia de tiros, piedras y todo tipo de proyectiles imaginables empezaron a caer sobre nosotros. Nos protegimos de las piedras y palos con nuestros escudos de chapa, pero estos no eran lo suficientemente duros como para resistir las balas y varios murieron o quedaron fuera de combate. Del lado de ellos muchos cayeron, principalmente párvulos. Pero eran muchos más que nosotros y tuvimos que retroceder varios palmos para buscar refugio.
Resistimos lo que pudimos detrás de unas cuantas hileras de ruinas y montículos de tierra dispersos. Pussygirl vino hasta donde mí y me informó el número aproximado de bajas. Entre muertos y heridos ya sumaban más de 20. Entre las muertes estaba Toncha. La misma Pussygirl tenía una hemorragia en el brazo derecho. Y antes de desvanecerse me rogó que llamara a retirada.
El enemigo siguió ganando posiciones pero no retrocedimos. De repente vi volar por los aires un pesado objeto cilíndrico que cayó justo encima de un grupo de vanios parapetados detrás de una montaña de mugre. Un estallido bramó casi al instante y el grupo entero desapareció. Quedamos todos aturdidos por el estruendo y el atroz espectáculo. Aquella cosa, que ya casi nadie conocía, era una antigua garrafa de gas comprimido. Y lo aún más extraño e inverosímil era que tenía carga. La idea de que tal vez tuvieran más de aquellos artefactos pareció apoderarse de las mentes de todos y ya me fue imposible mantener el orden. Los más jóvenes, que no habían visto jamás una explosión, fueron los primeros en huir despavoridos. Casi ninguno sobrevivió a las balas disparadas desde una columna de aguateros que apareció por el lateral izquierdo y comenzó a cernirse sobre nosotros. El resto de los espantados corrieron para cualquier sitio, sin sistema ni plan y corrieron la misma suerte. Los que logramos mantener la calma huimos hacia la derecha y bajamos varias calles escapando de las balas y las piedras. Cuando llegamos a la frontera un grupo de unos 8 gendarmes nos interceptó y tuvimos que entablar una lucha cuerpo a cuerpo debido a la falta de parque. Ignoro quien ganó la pelea, pero lo que sé es que los que quedaron trabados en el forcejeo posibilitaron que los otros cruzáramos la frontera y nos adentráramos en nuestro territorio.

Llegamos al territorio solo 10 vándalos. Otros 4 llegaron por separados en el decurso de las horas siguientes, entre los que estaba Pepo. Con el paso del tiempo supimos que nadie más llegaría. La tribu estaba alterada e intransigente. Peleaban entre sí los que estaban en contra mía, los que estaban a favor de Pepo, los que estaban contra todo y a favor de nadie. Mellissa se había ido de mi lado y antes de que me metiera en la carpa la vi con Pepo. Alguien dijo que aquello era el fin del territorio de los vanios, otro dijo que aquello era el comienzo del territorio de los pepos. La algarabía me llegaba desde fuera. Los chatarreros estaban hostilizando la frontera y no había con qué resistirlos. Uno de mis vanios más leales entró a la carpa no sin antes pedir permiso. Estaba con una profunda herida en su parietal derecho. Le pregunté donde estaban mis perras sobrevivientes. No contestó nada y dijo: esto es el fin, está usted detenido.





LOS HABITANTES



AHÍ está otra vez ese asqueroso ser, escudriñando, asechando, con su hórrida carotota de galleta quemada con manteca derretida. Le saltaría un canto de seso de un escopetazo de tener la certeza de que posee seso. ¿Quién lo hubiera pensado, preso en mi propia casa? Si tan solo tuviera combustible para arrancar la minivan y aplastar a ese boli-kk como si fuese una cucaracha kafkiana. Jamás debimos dejar entrar a esa gente. Qué metida de pata, carajo. Cómo no lo vimos venir… eran tan baratos… nos entusiasmamos y no nos dimos cuenta de que tenía que haber gato encerrado. Si hubiésemos reaccionado a tiempo, nos hubiésemos organizado y les habríamos dado caza en sus madrigueras. Tuvimos la oportunidad de impedir todo esto y nos quedamos dormidos, esperando a que los políticos hicieran algo. Pero cómo íbamos a esperar nada de ellos, si ellos mismos estaban ya encerrados en sus casas y oficinas de gobierno temerosos a que los matáramos a patadas si se atrevían a salir a la calle. Sin duda se tomaron revancha, nos inundaron de boli-kk para que experimentáramos lo mismo que ellos. Ahora, estos bichos, ya son una plaga; nos arrebataron el afuera y nos confinaron aquí, en nuestras casas. Me bastaría con asomar la jeta para que aquel bicho se me tire encima y me despanzurre a faconazos. Claro que yo tengo mi itaca cargada y no me costaría nada despanzurrarlo a él de un cañonazo.


Ah! Si tan solo tuviera un pico y una pala... trabajaría sin parar hasta ver terminado el túnel. No me caben dudas ya, que la casa de enfrente está habitada. Si tuviera cómo llegar hasta allí de un modo seguro, como por ejemplo, por medio de un túnel, podría coordinar con ellos una red de túneles que comunique con todas las casas habitadas de los alrededores. Creo que no es iluso pensar en que los demás están provistos de municiones como yo. Entre todos podríamos quemar a toda esa crema. Liberaríamos más casas, sumaríamos más gente y empujaríamos a los boli-kk hasta la frontera. Nos convertiríamos en los nuevos próceres, en los libertadores. Conseguiríamos establecer contacto con la civilización, pediríamos refuerzos, y nos lanzaríamos contra el país boli-kk para exterminarlos y evitar problemas futuros.
¿Cómo es posible que aún no hayan venido a ayudarnos? ¿Nos creerán muertos ya?


Mi mujer está en cinta. No le falta mucho para dar a luz. Cuando llegue mi 5º hijo y éste crezca, ya estaremos muy apretados. Hace rato que los Quesada quieren tener otro hijo. Creo que ya es hora que vayamos pensando cómo ocupar la casa de al lado. El problema es que tendremos que dividir las municiones. No habría problema si esa casa tuviese alguna pared pegada a ésta; haríamos un hoyo y ya. Pero no. Hay unos cuantos metros de una casa a la otra. Aventurarnos a cruzar esos pocos metros ya es toda una proeza. Los boli-kk están todo el tiempo vigilando y necesitamos tiempo para sellar la casa una vez que la ocupemos.
El tiempo se acaba y no podemos seguir de brazos cruzados mientras la población aquí dentro sigue creciendo. El otro día Quesada me dijo que tal vez convendría ir pensando en quitarle a la huerta uno o dos palmos para que cupiéramos mejor. ¡Ni loco! Le dije. De pedo que nos alcanza para vivir con lo poco que da la huerta. Luego otros nacerán y seguiremos avanzando sobre la huerta hasta que no nos alcance ni para cubrir el mínimo indispensable. Es hora de ocupar la casa de al lado, le dije. Debemos decidir quienes se van y quienes se quedan. Olvidate, la casa es tuya, me dijo, vos y tu familia se quedan. Desde luego, le dije, no me refería a mí, sino a ustedes. Creo que los Mazzolla ya son demasiados y deberían migrar ellos. El problema es el viejo, no creo que lo logre, dije. Y lo peor de todo es que no lo dejarán morir allí afuera. Todavía hay una esperanza, me dice. ¿Cuál? Pregunté. De que haya en esa casa alguna herramienta para cavar el túnel, dijo. Ni lo sueñes, lo desanimé, los boli-kk ya la deben haber desvalijado cuando la asaltaron hace dos años. Sabrá dios lo que habrán hecho con esa gente, dijo Quesada. Se los habrán manyado, dije. Qué otra cosa harían con la gente esa mugre de negros.

Había otra cosa que me preocupaba, y eso era la relación entre mi hijo Mariano y Carolina, la hija de Pepe Mazzolla. No quería perder a mi hijo, pero sabía que él no aceptaría quedarse si Caro se iba con su familia.

Al otro día hicimos una reunión para resolver el asunto del hacinamiento. Todos estábamos nerviosos; sabíamos lo que podía significar abandonar la casa. Había demasiados riesgos, tanto para los que se iban como para los que se quedaban.
Don Antonio Mazzolla fue el primero en entrar al cuarto; Carolina y Mariano llegaron luego y los Quesada junto al resto de la familia Mazzolla fueron llegando cada quien por su lado.
-Creo que ya todos sabemos por qué estamos reunidos aquí.-dije.
-Hacela corta Fabián, ya sabemos que querés echarnos de tu casa.-dijo Don Antonio.
Miré a Quesada y éste bajó la cabeza.
-Yo no lo pondría en esos términos Don Toni. Pero usted sabe que ya es hora de que alguien se vaya. Cada día cabemos menos acá. Quesada quiere tener otro hijo y creo que tiene derecho a hacerlo. Ustedes ya son muchos; me parece que tienen más posibilidades de ocupar la casa con éxito que los Quesada.
-No creo que sea conveniente separarnos justo ahora.-dijo Mariano-Debemos permanecer juntos hasta que podamos recuperar la calle.
-Eso es imposible. No recuperaremos la calle. No tenemos con qué hacerlo.
-Alguien vendrá en nuestra ayuda.-dijo la ilusa Caro.
-¿Ah si? ¿Y quién, Patoruzu?-dijo Adela Quesada-Ustedes deben irse y se acabó. Acéptenlo.
-Yo no me quedaré aquí si Carolina decide acompañar a su familia papá.-dijo Mariano.
-No te detendré.-dije.
-No nos iremos así.- dijo Marcela Mazzolla-Mi abuelo no lograría sobrevivir. Apenas si puede valerse por sí mismo. No no y no.
-Lo ayudaremos. Y si no lo logra poco importa; ya vivió lo suficiente sin producir absolutamente nada. Y además todos moriremos algún día.
-Sos un hijo de puta Bauen.-me dijo Don Antonio- ¿Ya te olvidaste quién te salvó el culo? Yo fui quien traje la mayor cantidad de municiones y armas a esta casa. De no haber sido por mí no hubiesen durado ni una semana.
-No es hora para reproches Don Antonio. Todos pusimos algo cuando vinimos acá-dijo Mauricio Quesada.
-Qué carajo sabés vos pendejo. Si no fuese por las armas que traje vos ni hubieses nacido. Los boli-kk se hubiesen comido a tu madre con vos adentro, estúpido.
-Bueno, basta!-ordené-Esta es mi casa y yo decido quien se va y quien se queda.
-Este es el hogar de todos.-dijo Ernestina Mazzolla-vos no tenés más derecho que nosotros…
-No voy a discutir mi título de propiedad con nadie.
-Vos no te das cuenta de nada.-dijo Pepe Mazzolla-hace años que la propiedad privada perdió vigencia. ¿A quién le vas a ir a reclamar tu derecho? ¿A la policía, a rentas, o al departamento de propietarios?
-Ustedes deben irse. No compliquen más las cosas. No voy a discutir con ningún tano roñoso mi derecho de propiedad. Que les quede claro.
-Si tenemos que irnos nos iremos.-dijo Don Toni- pero nos llevamos nuestras armas y nuestras municiones.
-Las municiones son propiedad colectiva y se dividirán proporcionalmente al número de gente que hay acá.
-Por que te conviene hijo de puta. ¿Por qué no las dividimos según la cantidad que trajo cada uno?
-Eso es imposible.
-Si ya está decidido no hay nada más que discutir, prepararemos las cosas y nos marcharemos mañana en la noche.-dijo mi hijo.
La discusión quedó allí. Lo que quedó del día lo dedicamos a repartir las cosas.
Quesada vino donde mí y me dijo que ya que iba a quedar más espacio en la casa debíamos aprovecharlo para algo. Sugirió que lo usemos para vivir más holgados. Le dije que era mejor multiplicar los animales para poder aumentar nuestra dieta. Uno de los cuartos de abajo debía ser despojado de sus pisos para hacer otra huerta. Los Mazzolla se llevarían consigo unos cuantos animales y la mayor parte de la cosecha para tirar hasta que puedan autoabastecerse.

Cuando llegó el momento de la partida nos despedimos sin ningún tipo de solemnidades. Me preocupaba mi hijo, pero él era un Bauen y sabría cómo arreglrárselas para sobrevivir. La habilidad para sobreponerse a los momentos difíciles estaba en su sangre, circulando en un torrente inagotable.
Los Mazzolla se dispusieron a emprender la carrera tan pronto como quitáramos la tapia. Pepe sería el que hiciera punta, luego Caro y Mariano llevarían al viejo y los otros lo cubriríamos hasta que sea el momento de tapiar todo y se las tendrían que arreglar solos.

Fue como un flash. El boli-kk que estaba en la calle no era el único que asechaba. Algún otro, disimulado en la oscuridad, vio a Pepe y le abrió la cabeza de un lanzazo. Pepe cayó abatido justo delante del viejo, Mariano y Carolina. Abrimos fuego y lo hicimos saltar en cantos de mierda al boli-kk. El resto de la familia Mazzolla corrió hacia la casa. Otros boli-kk aparecieron de entre la oscuridad a los gritos, arrojando cosas sobre nosotros como simios enfurecidos por la fiebre. Las niñas Mazzola alcanzaron la casa junto a Ernestina. Esteban llegó luego, no sin descargar sus armas contra los boli-kk de un modo demasiado pródigo para el caso. Don Toni quedó tendido en el suelo sin poder incorporarse. Caro lloraba y pedía ayuda. Los boli-kk se seguían multiplicando. Ya no hay nada que podamos hacer por ellos, dijo Mauricio, sellemos esto antes que sea demasiado tarde. Mi hijo aun está ahí fuera, dije. Él podrá solo, es un Bauen, dijo Mauricio y empezó a levantar las tapias. Mariano, al ver que nos disponíamos a cerrar la entrada hizo algunos disparos contra los boli-kk y corrió hacia nosotros, dejando al viejo y a su amada en el piso vociferando porquerías contra mi raza, y diciendo no sé que cosa sobre los jabones. Con ayuda de Mariano sellamos la entrada y ya no nos atrevimos a mirar lo que ocurría fuera. Mi mujer se acercó aterrada. Miró a Mariano, miró a Quesada, miró a todos cuantos estábamos allí. Luego dijo: Una pérdida innecesaria de animales y municiones, nos costará meses recuperar lo perdido.







LOS CONTRABANDISTAS



ENCONTRÉ, en uno de esos territorios del oeste de la línea ecuatorial, un cuaderno de campo. El líder de la Zona G5, hombre enjuto con grandes dotes de mando, me entregó el cuaderno a cambio de un fajo de tabaco. Tal vez éste cuaderno no aporte nada al informe, pero dado que es un cuaderno de campo de uno de los primeros contrabandistas me he decidido a transcribir algunos pasajes que me parecen más que ilustrativos para dar cuenta de los orígenes de nuestra organización.
Mi colega, de seguro ya muerto, fue como todos lo de la organización un hombre muy rico. Al parecer los albores del Caos lo sorprendió, a él y su familia, en la Zona K, tierras conocidas por sus cultos salvajes y su ancestral antropofagia. Ignoro cómo llegó este cuaderno al continente. La hipótesis más verosímil es que algunos caribes migraron a tierras firmes tan pronto como empezó a azotar la Sed, trayendo consigo este cuaderno que no dudo en pensar que se lo arrebataron a su víctima antes de engullírselo. Otra hipótesis es que el propio autor haya logrado escapar de aquellas islas y encontrado la muerte en el continente. Esta hipótesis me parece menos fuerte ya que dado su estatus social no creo que haya podido sortear el mar con los conocimientos que poseía. Por aquella época ya el dinero no tenía ningún tipo de valor y por lo que él mismo cuenta en su diario había sido despojado de casi todos sus bienes o los había trocado por agua, alimentos y hielo.
Kakovich, tal era su nombre, fue un pionero. Incursionó en las artes contrabandísticas casi al mismo tiempo que el resto del continente. Solo que él, y he ahí su peculiaridad, no recibió ningún tipo de instrucción o incentivo como el resto de sus colegas continentales. Un instinto ancestral, acaso preservado en los genes de su raza a través de milenios, movilizó sus prácticas hacia el contrabando tan pronto como la civilización desapareció sobre la faz de esas islas. Como sea, el testimonio de Kakovich, muestra las peripecias que tuvimos que sufrir antes de que el caos se organizara.

He traducido los pasajes que siguen a nuestra lengua. Debo sin embargo apuntar que Kakovich era un exquisito en el uso de su lengua. Había estudiado en las universidades más prestigiosas del norte de Europa y cultivado las artes más excelsas de su clase. Lo que le ocurrió, al quedar atrapado en aquellas latitudes, fue una tragedia. Y la suya es la más representativa de nuestra clase. Algunos tuvimos mejor suerte, pero todos padecimos la misma desesperación cuando el mundo se vino abajo.
Cuando todo esto pase, y la nueva civilización florezca, el nombre de Kakovich nominará las avenidas, los museos y las universidades más importantes del mundo.

Dije ya que Kakovich era un exquisito de la lengua. No he podido rescatar esa exquisitez al vertir a mi lengua estas líneas. De todos modos su narración suplirá mis defectos de traductor; ya habrá tiempo para que todos leamos el original cuando todo esto acabe.


“…Vine a estas tierras en busca de órganos baratos. Mi negocio estaba creciendo gracias a tierras empobrecidas en las que los salvajes negociaban los órganos de sus familiares estando aún vivos. Cuando me enteré de que una vaguada había azotado el caribe durante algo más de un mes, tomé el primer vuelo que conseguí. Me instalé en una lujosa casa en la montaña más alta de la zona: vista privilegiada, un manantial paradisíaco a menos de 10 minutos en auto, y un formidable centro comercial a no más de 20.
La cosa no estaba bien entre los nativos, había demasiada pobreza y la vaguada había inhabilitado varias carreteras que incomunicaban una urbanización con otra. El agua escaseaba en todas partes y el gobierno no daba abasto con el abastecimiento a través de camiones cisterna. Para colmo de males el poco combustible que había en la isla estaba bajo el control de las tropas de ocupación que lo dispensaban solo a quienes tenían dinero de sobra como para pagar los precios exorbitantes que los altos mandos habían impuesto. Todo parecía terreno fértil para mi negocio de órganos.
Tan pronto como terminé de instalarme contacté a varias personas para que me buscaran la mercadería humana. Todos coincidían en que vendrían tiempos peores y que los miles de billetes que debía pagar en ese momento por un riñón o un pulmón servirían para comprar un cuerpo entero si esperaba unas semanas más. A mí eso poco me importaba, ya era de suyo barato lo que pedían por un órgano en aquellas tierras. En Europa ya nadie vendía sus partes, y los pocos que aún lo hacían pedían precios altísimos que nadie estaba dispuesto a pagar. No obstante decidí esperar como me lo aconsejaron y me dispuse a conseguir un buen vehículo para movilizarme por el terreno rocoso. Conseguí a un muy buen precio una 4x4 blindada, que había pertenecido a un magnate de la farmacología asesinado en su propia casa de verano, frente al mar caribe. El móvil del asesinato: el robo de unos preciosos tenis con colchón de aire. Estaba decidido, nada de tenis en aquellos territorios de jíbaros de patas al suelo”.

“Los primeros días salí a dar unas vueltas por la montaña con mi chofer mulato vestido de blanco. El paisaje era realmente hermoso. Pese a lo mal que todos la estaban pasando pude entablar relaciones con gente del gobierno y sobornarlos a muy bajo costo para que mantuvieran el tanque de mi camioneta y mi tanque de agua lleno todos los días. Algunos me aconsejaron de buena fe abandonar el país hasta que se estabilizara la situación. Hoy sé que debí hacerles caso. Como si la vaguada fuera poca cosa, a la semana y media de mi llegada un huracán atravezó la isla destrozando todo aquello que no había logrado destrozar la vaguada. Los suministros de agua desaparecieron por completo, lo mismo que el combustible y la electricidad. Los vuelos fueron suspendidos por no sé qué cosa con el radar y la pista principal. Las urbanizaciones quedaron absolutamente aisladas y para llegar a un centro comercial había que bajar y subir las montañas a paso de mula. Y lo peor de todo es que cuando el hambre empezó a apretar estos salvajes se comieron casi todas las mulas”.
“ …Sin agua, sin teléfonos, sin electricidad, sin comida, sin nada de nada, todo quedó reducido a la era de piedra. El río me salvó de morir de sed y de hambre. También de perder el decoro de la higiene personal propia de un hombre de mi clase. Lamentablemente, a todo el mundo se le ocurrió recurrir al mismo río. El calor era increíblemente elevado y aquellos salvajes gustaban de tomar baños en el río. La lucha por un palmo de río se fue convirtiendo, con el paso de los días, en una auténtica lucha por la supervivencia. La gente iba allí de a miles, a conseguir algún pescado para comer, a buscar agua para beber, a enfriar su cuerpo (la ola de calor estaba matando a muchos). Pero la nota de color era que también iban a lavar ropa. Yo mismo mandaba a mi sirvienta a hacerlo. Aquello era ridículo pero verídico. Los sirvientes ponían las prendas sobre alguna roca, previamente enjabonada, y fregaban y fregaban. Los que tenían niños hacían lo propio con los pañales. Y tantos eran los que hacían lo mismo que con el paso de las semanas el río comenzó, primero a enturbiarse, y luego a llenarse de espuma, heces y mugre. No obstante eso a los primitivos parecía no importarle y se seguían bañando en el río y bebiendo sus aguas. Pero la gente como yo tuvimos que desplazarnos a otras zonas más elevadas del río para no andar tragando mierda y espuma. Esas zonas estaban en lugares demasiado intrincados como para acceder con facilidad. De modo que tuve que mandar a mis sirvientes con baldes para que me trajeran agua y conformarme con no morir de sed. Tuve, desde luego, que prescindir del lavado de la ropa y de la higiene personal. En poco tiempo ya me era difícil reconocerme ante el espejo y cualquiera podía confundirme con algún salvaje de ropas caras pero raídas y sucias. Reclamé al gobierno pero no me hicieron caso. Ellos estaban igual que todo el mundo. Apenas si podían bregar con los salvajes y los desesperados que tenían las calles en estado de guerra permanente. Las fuerzas de ocupación se habían marchado desde hacía días y la policía local no daba a basto.
El hielo era una de las mayores causas de muerte. Muchos murieron por cargar con una bolsa de hielo recién comprada. Los pobres eran demasiados y el hielo estaba carísimo. La única fábrica que había quedado en condiciones no daba abasto. Uno podía estar hasta dos días haciendo fila para conseguir una bolsa que por el calor no duraba más de 20 minutos.
Al cabo de los dos meses ya no había más fábrica de hielo. La única planta generadora de frío se quedó sin combustible y todos nos jodimos. Entonces comenzaron los saqueos a los negocios. En apenas una semana no quedó negocio sin vandalizar y fueron por las casas particulares. La policía, que tenía que estar evitando esas cosas, desesperados por la escasez que también la afectaba se lanzó al robo como los otros y todo se fue al carajo. Basta con decir que un día me encontré al gobernador de la isla matando a culatazos a un salvaje que cargaba con una gallina recién robada a alguien.
Mientras tanto muchos esperábamos que vinieran a rescatarnos. Ya habíamos perdido toda esperanza de que volviera la electricidad o el combustible. Nuestra única esperanza se reducía a que se acabara la sequía y la ola de calor. Lo más temible era la idea de que se secaran los ríos por la falta prolongada de lluvias. Y para colmo de males estos idiotas seguían ensuciando la poca agua que quedaba”.
“Un día en que me acerqué a la orilla del río cagado de sed con mi camioneta una fila de puta madre me impedía llegar al río. Este se estaba secando y la gente hacía lo imposible por llevarse el agua. Me metí entre la gente hasta que un negro enorme me frenó de un empujón. Le ordené que me dejara pasar.
-Estamos dando prioridad a los que somo´ de acá.-dijo.
-Yo soy de aquí.-le dije-dejame pasar simio asqueroso.
-Usté no pasará.-dijo enérgico.
-Mirá estúpido, yo soy muy rico y puedo hacerte patear ese horrible culo negro que tenés.
-Oye uana, usté no es más rico que nadie acá.
La intransigencia del sujeto me hizo retroceder. Fui hasta mi camioneta en busca de algo de valor para canjear por algo de agua. Me cago en la mierda, grité al ver que mi camioneta había sido despojada de las ruedas y de todo lo que tenía dentro. Mi chofer había desaparecido y ya no tenía vehículo con el cual llegar hasta mi casa. Saqué de mi bolsillo todo el dinero que tenía y se lo cambié a un salvaje por un poco de agua para beber. Tuve que subir la montaña a pie hasta mi casa.
Ya frente a la caja fuerte saqué todo el dinero y me puse a urdir algún plan para salir de esa puta isla. Al otro día bajé a la urbanización y cambié billetes por agua y comida. La escasez era tal que ya casi nadie tenía nada. Me quedé sin dinero con apenas una comida módica y un galón de agua.
Los muertos se pudrían en las calles y las pestes empezaron a hacer lo suyo. Fue justo ahí que cayó una lluvia torrencial, la primera en casi 3 meses, y lejos de aliviar el desastre lo que hizo fue propagar las pestes emanadas de los muertos como una atroz venganza de ultratumba. Me refugié en mi casa junto a mi mujer y llenamos varios recipientes con agua. Fuimos sobreviviendo como pudimos hasta que la peste la enfermó a ella y tras una corta y piadosa agonía murió en una mañana de humedad espantosa”.

“…Pasé días de desolación en los que no sabía si matarme o seguir adelante. No había forma de salir de allí. Los yates habían sido los primeros en ser saqueados o fugados junto a sus dueños, legítimos o no. Los botes no servían de mucho. Las costas de la isla más cercana estaban a por lo menos dos semanas de distancia y si bien eso no era algo imposible de realizar, la llegada de salvajes y gentes provenientes de esa isla a la nuestra en busca de recursos nos permitía ver la terrible realidad: ellos estaban igual que nosotros…”

“ …Cierta regularidad en las esporádicas lluvias nos permitió sobrevivir con un mínimo de agua a los pocos que quedamos. La sed, la hambruna, los homicidios en situación de robo o mera desesperación y las pestes terminaron con aproximadamente tres cuartos de la población en menos de un año. Un verdadero desastre humanitario. Pobres o ricos luchaban por un poco de agua o comida a un mismo nivel…”.
Cuando la sequía terminó pudimos medianamente normalizar la ingestión de agua y mantenernos con algunos frutos de palma y bananos. Por alguna razón había poco pescado, pero con un poco de suerte uno podía comer pescado una vez a la semana.
…Un día decidí hacerme a la idea de que no saldría en mucho tiempo de allí. Mi negocio de órganos estaba por el momento acabado. Salir o morir en esa isla dependía solo de mí. La posibilidad de que me rescataran era remotísima y ya no tenía dinero y de conseguirlo no me iba a servir de mucho debido a que nadie aceptaba un papel a cambio de un poco de agua o comida. Un papel no pero alguna otra cosa sí, me dije. Busqué algunas cosas de valor como ser mis relojes, joyas y prendas caras. Bajé a la urbanización y las fui canjeando por agua, y comida hasta que no me alcanzaron las manos y los bolsillos para meter los mendrugos de pan o las botellitas de agua. Entonces canjeé mi Rolex por un carrito de supermarket. Ese día llené un cuarto de despensa con habichuelas de varios colores distintos, huevos y botellitas de agua. Racioné todo y me alcanzó para una semana, en la que pude descansar y pensar.
“… Cuando volví a bajar canjeé una pulsera de oro por una gallina pone huevos (eso fue lo que me dijo el salvaje que me la dio a cambio de la pulsera) y estaba intentando meter aquel maldito bicho en el carro cuando un negro se me acercó y me amenazó con un palo.
-Hey pana, si no me dá la gayina te meto el palo en el culo.
-Mirá,-le dije- podés trabajar para mí si bajás ese palo.
El negro se rascó la cabeza sin entender.
-Yo te doy un arma y vos me cuidás de otros negros con palos, ok.
-Tengo hambre mano.-dijo el negro tocándose la barriga flaca.
-Si trabajás para mí yo te doy de comer y te doy agua, si.
-Sí sí sí.-dijo dando saltos.
Le pregunté su nombre y me dijo algo así como Mamúa, Mamóa, Mamón o algo así. Le puse Roger para hacerla más fácil y el negro se alegró con su nuevo nombre de civilizado…”

Lo que acaeció luego no fueron más que gajes del oficio, tiros por aquí, tiros por allá, canjes de esto y aquello. Roger, por su parte fue un buen defensor de los intereses de su amo. Si nosotros pudiéramos contar con negros como Roger podríamos alcanzar la civilización más pronto de lo que pensamos. El esencial problema estriba en que cada vez cuesta más domesticar a un salvaje.
Yo por mi parte sigo esperando mi conversión a mercader. En unos cuantos meses alcanzaré la edad de retiro y me instalaré en el asentamiento Mercado, a unos pocos kilómetros de la Gran Muralla. Supongo que allí podré dedicarle un poco más de tiempo a la escritura y a la especulación filosófica sobre qué es lo que hay detrás de la muralla. El genial Trump, quien está a cargo del entrenamiento para contrabandistas de mi hijo, cree que más allá de la muralla están los estados del norte que sobrevivieron a la gran debacle. Yo en cambio creo que las corporaciones hemos acabado con el concepto de Estado ya hace mucho tiempo y que lo que queda detrás de la Gran Muralla no son otra cosa que territorios como los de aquí, solo que un poco más evolucionados.

LOS MASONES

CUATRO púberes, la mayor de las cuales no tendría más de 14 años, entraron en la luminosa y espaciosa oficina del Director Thompson. Las jóvenes miraban azoradas los cuadros, las columnas, las esculturas, etc. que embellecían el lugar. El Director no les llamaba menos la atención. Hombre alto y fornido, ligeramente jovial, y muy atlético, parecía cargar, no obstante, unos cuantos años sobre sus espaldas. Lo poco que habían logrado ver desde que llegaron a aquellas tierras no era muy distinto de lo que estaban viendo ahora, solo que éste era el hombre más añoso de todos los que habían visto hasta entonces.El Director las invitó a que tomaran asiento con un gesto de la mano y, unas antes otras después, todas obedecieron. Les alcanzó unos auriculares pequeños de esos que se meten en los oídos y cuando todas se los hubieron colocados, no sin ayuda del asistente, se arrellanó en su sillón y comenzó a hablar.-Entiendo que no todas hablan nuestra lengua.-dijo e hizo una pausa meditabunda-Pues bien, eso es algo que tiene solución. No es muy difícil aprenderla aunque sí muy necesario. Mañana mismo comenzarán las lecciones y no saldrán de sus cuartos de estudio hasta que no hablen perfectamente el idioma y hayan dejado atrás sus respectivos acentos. No queremos contaminar este sitio con nada primitivo, y mucho menos con residuos de lenguas bárbaras. Han de saber que sus costumbres quedarán absolutamente abolidas una vez terminada la educación básica. Sabemos que han sufrido pérdidas irreparables, pero todo será debidamente compensado una vez que sean integradas a este mundo. Mi tarea aquí no es otra que la de ponerlas al tanto de qué es todo esto.-Siempre es difícil saber por dónde empezar-dijo el Director como quien repite un cliché- Pero creo que siempre lo más atinado es comenzar por el principio. Todo empezó en una época lejana… Entiendo que ustedes han sido educadas en ciertos libros de Historia y que sabrán entender de qué hablo cuando digo siglo XV. Y antes que nada déjenme decirles que todo cuanto sepan de la Historia es absolutamente falso…… Pero como les decía, en el principio era el caos; unos cuantos grupos minúsculos se disputaban el poder sin plan ni sistema. No tenían otra ambición que no fuera el poder y el lujo. Aquello era una lucha caótica por el poder en la que todos perdían tarde o temprano y así nacieron y murieron reinos y reinados. No sabemos si nuestra logia tiene un origen más remoto del que tenemos registrado. Se sabe sin embargo que los sacerdotes se abocaron durante centurias a manipular verdades, almas y a esconder o mostrar ciertos escritos. Nuestra masonería bien puede ser heredera de aquellos sabios embusteros, no lo sabemos; lo que sí sabemos es que cuando ciertos medios técnicos permitieron que los plebeyos compraran su libertad a sus señores muchos se desplazaron a las ciudades a vender sus manufacturas artesanales y tan pronto como sus bolsillos comenzaron a llenarse los monarcas empezaron a verlos como una amenaza. Fue así que estos primeros Burgos se juntaron y formaron gremios para defenderse del absolutismo monárquico, que por otro parte, consideraban obsoleto.Le debemos a un puñado de visionarios la magistral idea de crear una logia que planeara el derrumbe de la monarquía y pensara el nuevo gobierno. Por aquella época un atajo de desquiciados aventureros descubrieron un nuevo mundo y con las riquezas que se les arrebató nuestra clase y nuestra logia crecieron aceleradamente.Pero estos visionarios no se limitaron a planear el derrocamiento de sus enemigos, esto cualquiera podía hacerlo. Los visionarios, movilizados por las artes matemáticas, creyeron poder inferir las consecuencias del nuevo sistema. Ellos previeron que tan pronto como la burguesía llegase al poder necesitaría un estallido demográfico a escala mundial, la abolición de las fronteras comerciales, y la emancipación de los esclavos. Las mercancías recorrerían el planeta llevando consigo el nuevo credo y derribarían todas las barreras morales contrarias al nuevo orden que se quería imponer.Hasta aquí todo muy lindo, pero el problema estribaba básicamente en la esencia del capitalismo, y esto era la explotación intensiva de los recursos. Carentes de las tecnologías, desarrolladas con ulterioridad, se necesitaban inmensos contingentes de hombres para explotar esos recursos. A su vez también se necesitaba un mercado cada vez más grande para que el consumo hiciera posible la circulación de la riqueza a fin de expandir el capitalismo. Y he aquí la paradoja. La población crecería monstruosamente para que el capitalismo se expandiera hasta cada confín del mundo, pero sería esta misma población la que terminaría por agotar los recursos más rápido de lo normal.Los visionarios sabían que en algún momento la alquimia se perfeccionaría, evolucionaría, y encontraría la fórmula para acabar con las pestes. Antiguamente las pestes y las guerras mantenían el equilibrio demográfico, y una vez eliminada aquella habría que promover muchas guerras para mantener el equilibrio. Luego les voy a contar como la proliferación de grandes guerras fue contraproducente y casi echa todo a perder… Por el momento déjenme contarles lo que vino luego de descubierta esta paradoja. Los medios técnicos se revolucionaron. Sobrevino algo llamado la era de las máquinas, y cada vez se necesitó menos gente para la explotación intensiva. Grandes cantidades de personas fueron arrojadas a la calle. Y sin dinero para consumir las mercancías producidas quedaron durmiendo en los depósitos o fueron destruidas. Para entonces los masones sabían que esto ocurriría y ya venían pensando desde hacía años posibles soluciones para evitar el colapso. Evaluaron las consecuencias más previsibles y fue así que decidieron incentivar el consumo por medio de subsidios a los millones de desempleados. Y fue por esta época que instrumentaron algunas guerras gigantescas para bajar los índices demográficos y frenar el aumento de la natalidad. Aquellas guerras fueron más devastadoras que mil pestes juntas y se crearon varias naciones nuevas en oriente a fin de fomentar las divisiones en aquellos riquísimos territorios. Pero algo se salió de control. Unas cuantas décadas antes un masón había tenido la idea de conceptualizar el comunismo, que en definitiva era, decía él, la filosofía que alentaba a la logia. Todos aprendimos de aquel genio la forma organizativa que debía llevar a cabo la logia cuando la historia llegara a su fin. Pero este masón sionista pensó que sería bueno modificar en parte aquella teoría y mostrarla al mundo a fin de intensificar las divisiones en el interior de las naciones. Auguró, con tino, que una alianza de clases podía poner un freno a los designios de la masonería, y que había que evitar esto a toda costa. Fue así que fomentó el odio de clases y los de abajo se lanzaron a la lucha contra los de arriba. Lo que este genial prohombre no previó fue que algunos pueblos se lo tomarían en serio y lograrían deponer a sus clases dirigentes, que sin saberlo trabajaban para nosotros. Fue así, que entretenidos con la dirección de las grandes guerras no vimos venir las revoluciones populares que nos dejaron sin mandarines en vastas extensiones del planeta…El Director suspiró, se enjugó una pesada gota de sudor y luego dijo:-El aumento de la temperatura es algo que no hemos logrado resolver aún. No encontramos la forma de enfriar el planeta. Si esto sigue así los hielos polares seguirán derritiéndose y… Bueno, no voy a complicarlas con esto ahora. Y creo que ya por hoy fue suficiente. Creo que ya es hora de que vayan a su cuarto a tomar algunas lecciones de lengua. Mañana les seguiré explicando esto de la masonería.Ya en la habitación las muchachas vieron encenderse el plasma. Este no era muy distinto del que habían ya visto en sus casas o en viejos folletos, solo que era un tanto más grande y se controlaba con órdenes orales. No había ningún tipo de botones a la vista. Además, la radical diferencia estribaba en que éste funcionaba y los que habían visto antes no.Una voz comenzó una larga diatriba en un idioma incomprensible para ellas. Aún la que conocía la lengua no podía entender del todo lo dicho debido a la gran cantidad de lo que supuso neologismos. Se colocaron los auriculares y prestaron atención a la voz.… NUESTRAS RESERVAS DE AGUA POTABLE HASTA LA FECHA ARROJAN UN MAXIMO DE CONSUMO DE 2 LITROS POR PERSONA PARA EL DIA DE HOY. PARA EL LAVADO SE PODRAN DESTINAR HASTA 10 LITROS. Y PARA LOS SANITARIOS 6 LITROS. LOS EXPERTOS SON OPTIMISTAS Y ESPERAN LLUVIAS PARA LOS DIAS SIGUIENTES. SI ESTO OCURRE LOS MAXIMOS ESTABLECIDOS SE AGRANDARAN. POR OTRO LADO LOS BARCOS CISTERNA YA ESTAN CERCA Y SE ESPERA REGULARIZAR LA PROVISIÓN DE AGUA AUN SI NO LLOVIESE, PARA LA SEMANA QUE VIENE.Helena se levantó y se fue al cuarto de las vibraciones orgásmicas que le habían enseñado la noche anterior. Articuló toscamente la orden: VIBRACIONES COMPLETAS, en el idioma masón. Un torbellino de pequeñas descargas eléctricas envolvieron cada palmo de su virginal cuerpecito sumiéndolo en el éxtasis absoluto.Por la mañana siguiente las 4 jóvenes fueron conducidas nuevamente ante el Director, quien se disculpó de que aún no se les haya permitido salir al exterior.-Deben entender que no saldrán de las habitaciones hasta que no estén listas.A ninguna parecía importarle el cautiverio. Habían crecido en el encierro y además tenían el cuarto de las vibraciones con simulaciones visuales.-Puede que toda esta cháchara les resulte aburrida, pero créanme que es necesaria. La conciencia de casta es lo que nos ha hecho sobrevivir. De no haber previsto todo lo que ocurriría estaríamos ahora allí fuera matándonos los unos a los otros. Le debemos a algunos sabios masones el descubrimiento precoz de algunas verdades que nos permitió planearlo todo. La burguesía, clase de la cual emergimos, estaba demasiado enceguecida por el afán de lucro como para preocuparse en el porvenir. Pero nosotros nos dimos cuenta a tiempo que al cabo de los tiempos el dinero ya no serviría más que cualquier papel pintado. Cuando los recursos vitales se agotasen no habría dinero en el mundo que alcanzara para comprar un galón de agua potable. Por lo que nos dimos cuenta a tiempo que la lucha por la supervivencia jamás había sido suplantada por ninguna otra lucha, sea esta de clases, de poder, o de riquezas. Malthus, que no comenzó siendo un masón, advirtió esto y nos puso en alerta. No tardamos en sumarlo a nuestras filas y hacerlo callar. Esa revelación no debía difundirse así como así. Si los recursos se agotaban sin posibilidades de renovarlos o suplantarlos el que más tiempo permanecería en este mundo sería aquel capaz de apropiarse de la mayor cantidad de reservas posible. Fue de este modo que la masonería pasó de la resistencia al poder dominante a la planificación a largo plazo cuyo único y primordial objetivo fueron las reservas.Lo que nos diferenciaba a nosotros de cualquier otra clase o casta, era que nosotros sabíamos una verdad irrefutable y teníamos un plan. Pero había algo con lo que chocaríamos de lleno: el libre albedrío y los intereses personales. Los ricos querían ser cada vez más ricos y los pobres se resistían a morir de hambre. Estos enfrentamientos nos trajeron no pocos dolores de cabeza. Por otro lado, había librepensadores insobornables que con frecuencia arrojaban a la arena pública revelaciones que hacían tambalear los pilares de nuestro plan. Si hasta hubo un maniático que sugirió que el nuevo mundo debía hambrear al viejo.Ya tempranamente tuvimos que extender la logia a los nuevos territorios a fin de conducir el pensamiento y desarrollo de esas gentes inquietas. Con los nuevos territorios se descubrieron gentes nuevas, gentes de la que nadie tenía idea de que podría existir. Esta gente tenía organizaciones y prácticas muy distintas a las conocidas. Los descubridores, devenidos conquistadores, supieron desarticular aquellas culturas primitivas y rearticularlas para sus propios fines. Algo grandioso fue la utilización de las drogas para la dominación absoluta del nuevo mundo. Las gentes primitivas utilizaban algunos alucinógenos y estimulantes con fines rituales. Los conquistadores se dieron cuenta casi de inmediato que esas drogas convertían a los salvajes en esclavos de bajo consumo y alto rendimiento. Por otro lado, y esto era lo mejor de todo, anulaba su rebeldía. Pero nada es perfecto. La explotación intensiva de estos cuerpos traía consigo un desgaste igualmente intensivo y fatal. Esas pobres gentes no duraban más de 25, a lo sumo 30 años. Y sumado a este factor estaba el de las pestes que habían traído consigo los conquistadores, pestes absolutamente desconocidas para el aparato inmunológico de estos salvajes. De modo que comenzaron a morir de a miles y la mano de obra empezó a faltar. Fue uno de nuestros primeros ilustres masones el de la idea de introducir negros en los nuevos territorios para sobrellevar la escasez de mano de obra. Desde luego también a estos se los dopó. Pero el mestizaje entre negros y nuevas gentes produjo rebeliones aquí y allá y un inmenso estallido demográfico. Había en esa mixtura algo peligroso. El odio, la violencia y la promiscuidad demandó muchos años y esfuerzos sofocarlos.Por otro lado la Logia descubrió su El Dorado. No estaba hacia arriba sino hacia abajo. Y desde entonces se decidió preservar aquel sitio a como diera lugar. Esos territorios del sur fueron los primeros en ser penetrados por nuestra logia. Y nos valimos de todo tipo de artilugios para que los salvajes y los negros no se quedaran allí. Les cerramos las puertas a los que bajaban a ese territorio, echamos a los que estaban ya allí y aniquilamos a los que se rehusaron abandonar el lugar. Aquellas tierras no eran ricas en metales preciosos, pero tenían una riqueza que estaba más allá de los metales, y que era nuestro principal objetivo: las inmensas cantidades de agua y la feracidad de su suelo. Siglos después descubriríamos otras riquezas y la idea de que conservar aquel sitio fue nuestro mejor acierto y dominó todos los planes de la Logia.Pero también en estos territorios tuvimos nuestros imprevistos. El hecho de que nuestros mejores masones se trasladaran allí sumado a que llevamos demasiada gente blanca de distintas procedencias, produjo una altivez que no pocas veces requirió el uso de la fuerza para erradicarla. Esos sureños se creían distintos al resto, únicos, mejores. Y subidos a su supuesta superioridad racial promovieron todo tipo de hostilidades en contra de los pueblos septentrionales. Nuestros masones tal vez debieron trabajar allí más que en ningún otro sitio para disciplinarlos.Mientras tanto un territorio crecía en la punta opuesta con dimensiones y riquezas incalculables. El único problema era la proliferación de negros. Pero en cuanto a los blancos, reconocían su conexión con el viejo mundo y nos fue fácil someterlos a los designios masónicos. Y así fue que nos valimos del norte para sofocar al sur por todos los medios posibles. Claro que para eso tuvimos que dejar que se disparara la tasa de natalidad y precipitamos con esto la extinción de los recursos. No obstante ese gran territorio nos sirvió de ariete para derribar las barreras indisciplinarias que aquí y allá surgían en todo el globo.El plasma se encendió de repente. El Director casi da la orden de que se desactive, pero lo que alcanzó a escuchar lo hizo desistir.… EL BUQUE R4.4 CHOCÓ CONTRA UN ICEBERG Y UNA ENORME GRIETA EN SU CASCO DEJÓ ESCAPAR YA CASI LA MITAD DEL CRUDO. LOS INFORMES QUE NOS LLEGAN DEL CAPITÁN NO SON ALENTADORES. SE HA DECLARADO EN ESTADO DE EMERGENCIA Y PIDE UNA EVACUACIÓN URGENTE. NUESTROS SOPORTES YA SE ALISTARON Y ESTAN PRONTO A MARCHAR HACIA EL LUGAR DEL DESASTRE. TODO PARECE INDICAR QUE LA TOTALIDAD DEL CRUDO SE PERDERÁ Y…-DESCONECTATE.-ordenó el Director algo turbado y el plasma se apagó.Abandonó su sillón y caminó hacia el ventanal. Con las manos tomadas por detrás de su cintura se quedó estático, como si mirase el paisaje, pero sin ver.La asistente, mujer amplia y de rostro duro, entró al instante.-¿Se enteró de lo sucedido señor Director?-dijo.-Lamentablemente sí.-¿Qué sucederá ahora señor?-Creo que todos decidirán por unanimidad suspender la expedición a la 4º luna de Plutón. Pero aún hay que evaluar las pérdidas. Algo del crudo derramado ha de poderse rescatar; el punto es saber cuanto y a qué costo…-¿Qué hay más allá del océano señor?-se atrevió a preguntar Helena.El Director vaciló. No había escuchado tan hermosa vocalización de su rango desde hacía ya no sabía cuanto. Luego dijo:-Absolutamente nada pequeña… Todo ha sido diezmado en las últimas guerras atómicas. La radiación no solo ha acabado con la poca gente que quedaba sino también con toda forma de vida posible. Todo el mundo ha quedado reducido a este puñado de territorios que has recorrido en los últimos tiempos.-¿Quiere decir que todos esos monumentos, todas esas maravillas, toda esa hermosa civilización ya no existen?-dijo Helena reprimiendo un sollozo.-Nosotros somos la civilización. Todo lo demás es una farsa urdida por la Logia para llenar páginas y páginas de vano y pedantesco entretenimiento. A la gente se la confunde más fácil cuando se la entretiene.Helena hizo un gesto de incredulidad. Luego dijo:-¿Cuál es el propósito de que nosotras estemos aquí?-Buena pregunta pequeña.-dijo el Director volviendo a acomodarse en su sillón-Ustedes están aquí para ayudarnos a que diversifiquemos nuestro paquete genético. Verás, la Masonería lleva ya muchísimos siglos de existencia. Empezamos siendo familias y reproduciéndonos entre nosotros para asegurar la continuidad de nuestra casta. Pero luego vinieron descubrimientos que revelaron que existían entidades minúsculas llamadas genes y que no solo transmitían nuestras virtudes a nuestra herencia sino también nuestras deficiencias. Hace ya unas cuantas décadas venimos intentando corregir eso. Necesitamos introducir variaciones en nuestra constitución genética o seguiremos degenerando nuestra especie.-¿Y si nos resistimos a colaborar? ¿Qué harán, nos matarán o nos devolverán al mundo exterior, que para el caso es lo mismo?-JAJAJAJA.-sonrió el Director condescendiente-Nadie sale de aquí muñeca. No podemos permitirnos que el afuera tenga conocimiento de nosotros. Además aquí nadie muere. Hace ya mucho tiempo que nuestros miembros son puestos a dormir en el frío de una cámara criogénica cuando se les detecta alguna enfermedad terminal. Mantenemos la fe en que tarde o temprano encontraremos la cura a esos males y también la forma de descongelarlos. Pero no te asustes, no vamos a enfriarte; poseemos medios psicotécnicos de disuasión. Si este mundo no te convence te convenceremos con otra cosa.-Pero… ¿por qué nosotras?-Por que ustedes vienen de las casas, y pese a todo no están contaminadas con el afuera. Las gentes del exterior son demasiado primitivas como para que nos arriesguemos a mezclarlos con nosotros. Ustedes son el último eslabón entre lo salvaje y lo civilizado. No son como nosotros, claro, pero son más parecidos a nosotros que esa turba de micos.-Pero… si somos como ustedes… nuestro color de piel, nuestros rostros, nuestras costumbres ¿por qué, por qué nos exterminaron como al resto?-Ya te dije, son parecidos pero no iguales a nosotros. Las nacionalidades, las razas, las culturas, las religiones jamás nos importaron; nosotros siempre estuvimos por encima de todo eso, es más, nosotros inventamos todo eso para dividir el mundo en buenos y malos, en fuertes y débiles, en razas superiores y razas inferiores. Ustedes no eran menos una amenaza que el resto. Ustedes también estaban terminando con los pocos recursos que quedaban. Pero como eran menos y nos servían para combatir con las mayorías negras, pardas y amarillas los conservamos lo más que pudimos.Nos dimos cuenta a tiempo, que las colonias son preferibles por el hecho de que el colono extremiza en suelo colonizado su pertenencia étnica con el país colonizador. El colono se conventía automáticamente en espía y embajador de su país y si su lealtad hacia su patria no se quebrantaba no se dejaba absorber jamás por los anhelos independentistas del país ocupado. Lo que ustedes nunca percibieron fue que no eran espías y embajadores de un país sino de una inmensa logia.Cuando el agotamiento de los suelos y los subsuelos, de los mares y el agua dulce se precipitó, no nos quedó otra que lanzarlos a las guerras contra las mayorías o dejarlos indefensos en sus ciudades. El sur no era el granero del mundo preciosa, era el granero de la Logia, nuestro granero y abrevadero. Si pensaban que compartiríamos todo eso con ustedes tan solo por su color de piel estaban muy equivocados. Te sorprendería saber los esfuerzos invertidos en convencerlos en que todo eso nos lo tenían que dar a nosotros. No sabemos si fue allí, o en algún otro sitio, que surgió una logia opositora. A decir verdad tampoco sabemos si esa logia existió realmente, solo tenemos especulaciones a partir de ciertos indicios. Esos sureños eran unos embusteros y embusteros de la misma calaña nos hemos topado en todas partes y en todas las épocas. Lo curioso es la resistencia que nos oponían esporádicamente. Tiranos erigidos con la suma del poder desviaban nuestros movimientos e invertían nuestros propósitos. Como si de alguna manera estuvieran al tanto de nuestros planes reiteradamente hacían informes acerca de la pobreza planificada, la entrega premeditada de sus recursos, y la connivencia de los políticos con el poder económico. Nunca nos mencionaron explícitamente, claro, pero sugerían un poder más allá de las corporaciones y hacían descripciones exhaustivas acerca de la expoliación de sus recursos a manos de fuerzas oscuras. Uno de nuestros masones un día hizo pública la idea de que se debían trasplantar blancos septentrionales a aquellos territorios del sur y fomentar la reproducción hasta llevar la población a unos cien millones de personas. Él sabía que en aquellos territorios no debía haber más de diez millones de habitantes, este número era el suficiente como para cuidarnos los recursos de la rapiña de los otros sin que ellos mismos se los terminaran. Pero abrió la boca y un sin fin de nuevas ideas surgieron, ideas que no nos hacían bien. A uno de sus contemporáneos se le ocurrió, por ejemplo, que no hacía falta importar personas. Que con fomentar la reproducción de los nativos alcanzaba. Se alzó con el poder y se puso manos a la obra. Nos llevó años sacarlo de allí. No conforme con esto nuestro masón escribió sus ideas en un libro que hizo época. Muchos siguieron el ejemplo del tirano depuesto y reiteradamente tuvimos que intervenir con nuestros lacayos políticos y corporativistas. Uno tuvo la genial idea de dejar desabastecido al resto del mundo. Escribió un libro que se vendió de a miles y compró espacios en las radios y en los canales de televisión para mostrar su punto. Si dejaban de exportar, decía, sus recursos alimenticios, energéticos y acuíferos el mundo empezaría a escasear de todo y tendría que rendirse a sus pies. Comenzó una exitosa carrera política y tuvimos que asesinarlo en un “accidente” automovilístico. En otras partes del mundo sucedió lo mismo. Intentamos rastrear los apellidos a fin de develar la conspiración. Pero todos esos apellidos eran absolutamente distintos: Alberdi, Rosas, Rozas, Sosa, Krammer, Livieri, Quiroga, Huss, Riviery, Belgrano, Milton, Peron, Olivetti, Schneider, Duarte, London, etcétera, etcétera. Fue ya entrada la última era que creímos ver un patrón en los apelativos: Jack, Jonh, Hansen, Juan, Jean, etcétera. Y a esa supuesta masonería le pusimos Hansenista. Pero esto ya no importa. Hayan existido o no los Hansenistas, lo cierto es que ganamos nosotros. Y aquí estamos…El Director suspiró, un ligero gesto de orgullosa satisfacción se dibujó en su cara. Luego continuó:-… de alguna manera ellos sabían que no podríamos utilizar armas atómicas sobre esas tierras. Pese a las trabas que nos ponían no pensábamos contaminar lo poco que quedaba. De modo que tuvimos que emplear métodos un tanto más sutiles para penetrar la resistencia. Cuando ya no quedó un solo pozo petrolero en el medio oriente y quitamos nuestras fuerzas de ocupación de allí las guerras civiles asolaron toda la región. La gente comenzó a matarse por un cubo de agua o por comida. La idea de hambrear al mundo, desaparecido su mentor, se reinstaló no sin algunas peligrosas mutaciones. Ya no solo querían hambrear al mundo, sino también deshidratarlo. Tuvimos que echarles encima toda nuestra infantería, las corporaciones. Valiéndonos de maniobras editoriales, políticas y comunicacionales, logramos desarticular gran parte del movimiento hambreacionista (o deshidratacionista). Pero algunos focos quedaron incólumes y por contagio creaban otros focos y el peligro de otra epidemia volvía a resurgir. Nuestra táctica entonces fue transplantar masivamente gentes con una conciencia diferente. Si aquellos sureños no se sometían motu propio, los someteríamos por la fuerza del número de sus vecinos sometidos. La idea no fue de un masón, increíblemente, sino de uno de nuestros lacayos políticos. Su descubrimiento, al que pomposamente denominó CONTAMINACION DE UNA RAZA SUPERIOR POR PARTE DE UNA INFERIOR, fue digno de ser inscripto en los anales de la Historia. Y puedo asegurarles que si no fuese porque somos reacios a escribir cualquier cosa que tenga que ver con las prácticas masónicas (esto fue una de nuestras primeras disposiciones a fin de que jamás corramos el riesgo de que nuestras actividades pudieran salir a la luz por algún descuido), con gusto hubiésemos dedicado uno de los capítulos más largos a este profeta. El concepto era tan sencillo como fácil de instrumentar. Basado en las teorías, imprudentemente expuestas, por uno de nuestros masones este genial político mostró que crear una ideología en consonancia con los planes del poder demandaba mucho tiempo y recursos informativos, pedagógicos, etcétera. Todo esto se podía ahorrar si se CONTAMINABA la raza a la cual se quería someter con otra raza que fuera ya sumisa por naturaleza. Entendido esto no tardamos en fomentar las migraciones masivas hacia el sur de cuanto vecino atrasado había, y al cabo de unos pocos años esos sureños ya no sabían ni quienes eran. Tal fue el grado de contaminación cultural y genética que los que intuyeron el fenómeno a tiempo se segregaron y recluyeron en sitios acotados a los que llamaban refugios raciales. Y fue así que ejecutado el primer plan (al que llamábamos INVASION SILENCIOSA), pusimos en marcha el segundo. Este consistía en la introducción de favelos y narcos. La devastación fue total. Cuando el caos se apoderó de aquellos territorios vimos llegado el momento de la invasión militar. Ocupamos el sur del sur y desplazamos a los favelos, narcos e inmigrantes hacia las grandes urbes, inservibles por el cemento. Y allí quedaron presos los refugiados y los vándalos que asolaban las calles. Desde entonces nos hemos abocado a mantener el equilibrio en las cementeras y a extraer los recursos vitales del sur del sur tan caro a nuestra supervivencia.-Esto es horrible, ustedes reventaron el mundo.-dijo Helena golpeando la mesa.-Estás equivocada chiquilla, esto es el paraíso, y nosotros no reventamos el mundo, solo previmos el desastre a tiempo y actuamos en consecuencia. Teníamos el derecho a ser los últimos en perecer, y acaso en sobrevivir a toda la especie. Nosotros conocimos antes que nadie el secreto de la fuerza, como diría un sospechoso de hansenismo que por suerte suicidamos a tiempo.Estamos haciendo algunas exploraciones espaciales para ver si hay recursos en otras partes del universo. Es muy utópico, claro, pero no perdemos las esperanzas. Ya sabemos, desgraciadamente, que dentro de nuestra galaxia no hay agua. Por eso es que debemos aventurarnos a salir de la galaxia. Lamentablemente no poseemos la tecnología aun y los combustibles que nos permitirían mantener una nave en vuelo más allá de las fronteras de nuestra galaxia se están terminando. Pero si lográsemos salir, explorar y encontrar agua en algún sitio del universo cercano, seríamos la salvación de la especie.-Si eso pasase dudo que compartirían esos recursos con el resto…-Desde luego que no haríamos tal cosa. Solo nosotros nos hemos ganado el derecho a sobrevivir. El resto fue lo bastante estúpido como para merecer lo que tienen. Nuestros próceres están durmiendo en el más atroz frío y merecen despertar y encontrarse con un mundo viable. Yo mismo seré algún día congelado y quiero dormirme con la fe en que despertaré en un mundo pletórico de agua potable, con la masonería próspera y la inmortalidad al alcance de la mano. Conocemos ya la técnica de la clonación y sabemos que ser inmortal será posible en muy poco tiempo, solo nos falta resolver la falta de recursos y podremos lanzarnos a vivir por toda la eternidad.-Yo que usted no estaría tan segura de ser algún día descongelada. ¿Qué le hace pensar que los otros querrán compartir el agua con los que están congelados?-Es ahí donde se te nota lo de afuera. No sos menos egoísta que cualquiera de esos salvajes que mataron a tu familia. Nosotros somos un comunismo perfecto. Entre nosotros no existen diferencias. Desde el que cultiva la tierra hasta el que preside la junta administrativa vale exactamente lo mismo a los ojos de todos. Todos somos igualmente ricos. Nadie merece más que nadie aquí. Somos absolutamente solidarios entre nosotros y nadie teme que un hermano masón lo traicione. Cuando te integres a nuestro mundo te darás cuenta de lo que hablo.-Dijo usted que todo cuanto sabíamos de la Historia era falso señor.-dijo Helena- Pues bien, después de todo cuanto nos ha contado, después de todas esas farsas plantadas, de tanta mentira organizada, ¿cómo pretende que nosotras creamos que todo lo que acaba de decir es cierto, cómo no dejar de pensar en que todo cuanto ha dicho es otra gran farsa que sirve para justificar todo este mundo no menos atroz que el de allí afuera?-Buen punto pequeña.-dijo el Director sonriendo-Muy buen punto. Pero dejame decirte que no importa si lo que les he contado es verdad o no, lo único verdaderamente importante aquí es que estamos trabajando contra reloj, que el tiempo se acaba, y que si no logramos conseguir una forma de suplantar el agua dentro de unos cuantos siglos aquí se estará igualmente mal que afuera, y que cuando todo eso pase el afuera se devorará a sí mismo y nosotros terminaremos matándonos los unos a los otros para bebernos nuestra sangre.

FIN

L.I.Barriòs-Liviery

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

NO ME GUSTÓ. BYE.

2:54 PM  

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